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Las flechas envenedadas más antiguas tienen 60.000 años y han sido descubiertas en Sudáfrica

Las flechas envenedadas más antiguas tienen 60.000 años y han sido descubiertas en Sudáfrica
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Descubren que un grupo de cazadores del Pleistoceno usaba en sus proyectiles la misma sustancia tóxica que han utilizado los bosquimanos hasta tiempos recientes

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Ambos lados de una de las puntas de flecha analizadas. Marlize Lombard Las flechas envenedadas más antiguas tienen 60.000 años y han sido descubiertas en Sudáfrica

Descubren que un grupo de cazadores del Pleistoceno usaba en sus proyectiles la misma sustancia tóxica que han utilizado los bosquimanos hasta tiempos recientes

Julio Arrieta

Domingo, 11 de enero 2026, 00:06

... primeras puntas envenenadas de la historia. El hallazgo, publicado esta semana en la revista 'Scientific Reports', revela que hace unos 60.000 años los habitantes del abrigo de Umhlatuzana, en la actual provincia costera sudafricana de KwaZulu-Natal, manejaban no solo arcos y flechas –los más antiguos conocidos hasta ahora–, sino también complejas mezclas de venenos vegetales para aumentar la eficacia de sus disparos.

La planta, también llamada lirio venenoso, crece en suelos arenosos del sur de África y de ella se extrae un exudado lechoso. En dosis reducidas, algunos pueblos lo han usado como sedante o fármaco ritual. Pero en dosis altas provoca parálisis y convulsiones. En manos de los cazadores del Pleistoceno, un pequeño recubrimiento de este veneno en la punta de una flecha podía tumbar a un antílope en cuestión de minutos.

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Refugio rocoso de Umhlatuzana, con (F) el perfil occidental expuesto en 2018-2019, y (G) dibujo estratigráfico simplificado.G. Dusseldorp y I. Sifogeorgaki

«Esta es la evidencia directa más antigua de que los seres humanos utilizaron veneno en las flechas. Muestra que nuestros antepasados en el sur de África no solo inventaron el arco y la flecha mucho antes de lo que se pensaba, sino que también entendieron cómo utilizar la química de la naturaleza para aumentar la eficiencia de la caza», explica la profesora Marlize Lombard, investigadora del Instituto de Paleo-investigación de la Universidad de Johannesburgo (Sudáfrica). Hasta ahora, los ejemplos más antiguos de puntas envenenadas databan de hace unos 6.000 años, en el Holoceno. Este nuevo descubrimiento en Sudáfrica descubrimiento remonta esa práctica nada menos que 54.000 años en el pasado.

Ingenio paleolítico

La escena que revelan estos hallazgos no es la de unos seres primitivos improvisando herramientas, sino la de comunidades con un alto dominio técnico y un profundo conocimiento del entorno. Crear un veneno eficaz exige mucho más que recolectar plantas: implica reconocer qué especies resultan tóxicas, extraer sus compuestos activos, manipularlos con cuidado y aplicarlos en dosis controladas sobre la punta de un arma.

Además, la arqueología experimental indica que las diminutas herramientas halladas —de unos 10 milímetros de largo— se usaban como piezas insertadas transversalmente en flechas o dardos, probablemente unidas mediante resinas mezcladas con pigmentos minerales como el ocre. «Utilizar veneno en las flechas requiere planificación, paciencia y comprensión de la relación entre causa y efecto. Es una señal clara de pensamiento avanzado en los primeros seres humanos», destaca el profesor Anders Högberg, del Departamento de Ciencias Culturales de la Universidad de Linneo (Suecia).

Para Lombard y su equipo, esta tecnología no solo cambió la forma de cazar, sino también la estructura social: permitió obtener carne con mayor seguridad, amplió el territorio de subsistencia y, probablemente, favoreció la cooperación entre grupos.

El equipo examinó diez microlitos con restos visibles adheridos. De ellos, cinco contenían trazas inequívocas de los alcaloides tóxicos propios de 'Boophone disticha'. Al compararlos con puntas envenenadas de hace unos 250 años conservadas en colecciones etnohistóricas, los científicos comprobaron que las huellas químicas coincidían de forma casi exacta.

«Encontrar restos del mismo veneno en puntas de flecha prehistóricas y en otras históricas fue crucial», explica el profesor Sven Isaksson, experto en análisis químicos aplicados a la arqueología. Los investigadores destacan que la estabilidad molecular de la bufandrina fue clave para su conservación durante milenios. Esa durabilidad permitió detectar su firma química incluso después de decenas de milenios enterrada en sedimentos ácidos. «Al estudiar cuidadosamente la estructura química de las sustancias y, de este modo, extraer conclusiones sobre sus propiedades, pudimos determinar que estas sustancias en particular son lo bastante estables como para sobrevivir tanto tiempo en el suelo», añade Isaksson. «También es fascinante que la gente tuviera un conocimiento tan profundo y continuado del uso de las plantas».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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