El mar de China Oriental es uno de los escenarios más sensibles del equilibrio estratégico en Asia desde hace décadas. Disputas territoriales, rivalidades históricas y el peso creciente de nuevas potencias han convertido esas aguas en un espacio donde cada movimiento se observa con lupa. Allí, los gestos aparentemente menores suelen encajar en dinámicas mucho más profundas, y China acaba de mover ficha.
La mecha diplomática. La detención por parte de Japón de un pesquero chino dentro de su zona económica exclusiva, a unos 170 kilómetros de Nagasaki, ha reavivado una relación ya deteriorada entre Tokio y Pekín, con cierta isla como telón de fondo.
El arresto del capitán, tras negarse a una inspección, se produce en un contexto de disputa creciente marcado por las declaraciones japonesas sobre Taiwán y las posteriores advertencias chinas a sus ciudadanos para evitar viajar a Japón. Por tanto, no es un episodio aislado, sino más bien la chispa visible de una tensión marítima que llevaba semanas acumulándose.
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Las imágenes desde el espacio. Los datos del sistema AIS y las imágenes por satélite muestran concentraciones inéditas de hasta 2.000 barcos pesqueros chinos alineados cerca de la línea media entre ambos países en el mar de China Oriental.
Las formaciones, de cientos de kilómetros de extensión y con embarcaciones separadas por menos de 500 metros, permanecieron más de 24 horas en posiciones estáticas pese a las condiciones meteorológicas adversas. Dicho de otra forma, China estaba concentrando miles de barcos pesqueros frente a Japón, y su idea no es exactamente pescar.
La milicia marítima y la “zona gris”. Contaban en Nikkei que la gran mayoría de estos pesqueros forman parte de la llamada milicia marítima china, una red civil que coopera con el Estado y el Ejército en operaciones que no alcanzan el umbral de conflicto armado.
A priori, esta estrategia permite ejercer presión sin desplegar formalmente fuerzas navales, dificultando así una respuesta directa. Dicho de otra forma, como contamos hace unas semanas, lo que se presenta como actividad económica puede convertirse en un ensayo de control marítimo o incluso de interrupción de rutas comerciales en la primera cadena de islas.
Taiwán como telón de fondo. Imposible obviarlo. Las maniobras coinciden con las declaraciones del gobierno japonés advirtiendo que una crisis en el estrecho de Taiwán sería una amenaza existencial para Japón.
Pekín, por su parte, considera la isla parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza, mientras Tokio refuerza su postura disuasoria. En este contexto, cada movimiento en el mar de China Oriental adquiere un significado que va más allá de la pesca y se integra en el cálculo estratégico regional.
Un patrón de presión sostenida. Además, la actividad no se limita a las flotas civiles. Recordaba el Guardian que la guardia costera china ha batido récords de presencia en torno a las islas Senkaku, también conocidas como Diaoyu en China, y ha difundido por primera vez imágenes de patrullas en aguas disputadas.
Plus: el portaaviones Liaoning ha ampliado su radio de operaciones cerca de Okinawa, mientras Pekín avanza en infraestructuras en su lado de la línea media marítima.
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Más que barcos, un ensayo. Los analistas interpretan estas concentraciones como ejercicios de movilización y coordinación dentro del plan de fusión civil-militar promovido por Pekín. Qué duda cabe, la capacidad de reunir miles de embarcaciones civiles en un punto estratégico en poco tiempo envía un mensaje bastante claro sobre la posibilidad de, por ejemplo, saturar espacios marítimos sin recurrir abiertamente a la fuerza.
De esta forma, el pulso ya no es tanto o solo bilateral, sino más bien una advertencia a toda la región: China está perfeccionando herramientas para moldear el equilibrio del Indo-Pacífico, y lo está haciendo sin disparar un solo tiro.
Imagen | Planet Labs, Marine Traffic, Anna Frodesiak, Micromesistius
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Las imágenes satelitales no dejan dudas: China ha concentrado miles de barcos pesqueros frente a Japón, y su idea no es pescar
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por
Miguel Jorge
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Las imágenes satelitales no dejan dudas: China ha concentrado miles de barcos pesqueros frente a Japón, y su idea no es pescar
Los analistas interpretan estas concentraciones como ejercicios de movilización y coordinación dentro del plan de fusión civil-militar promovido por Pekín
El mar de China Oriental es uno de los escenarios más sensibles del equilibrio estratégico en Asia desde hace décadas. Disputas territoriales, rivalidades históricas y el peso creciente de nuevas potencias han convertido esas aguas en un espacio donde cada movimiento se observa con lupa. Allí, los gestos aparentemente menores suelen encajar en dinámicas mucho más profundas, y China acaba de mover ficha.
La mecha diplomática. La detención por parte de Japón de un pesquero chino dentro de su zona económica exclusiva, a unos 170 kilómetros de Nagasaki, ha reavivado una relación ya deteriorada entre Tokio y Pekín, con cierta isla como telón de fondo.
El arresto del capitán, tras negarse a una inspección, se produce en un contexto de disputa creciente marcado por las declaraciones japonesas sobre Taiwán y las posteriores advertencias chinas a sus ciudadanos para evitar viajar a Japón. Por tanto, no es un episodio aislado, sino más bien la chispa visible de una tensión marítima que llevaba semanas acumulándose.
Las imágenes desde el espacio. Los datos del sistema AIS y las imágenes por satélite muestran concentraciones inéditas de hasta 2.000 barcos pesqueros chinos alineados cerca de la línea media entre ambos países en el mar de China Oriental.
Las formaciones, de cientos de kilómetros de extensión y con embarcaciones separadas por menos de 500 metros, permanecieron más de 24 horas en posiciones estáticas pese a las condiciones meteorológicas adversas. Dicho de otra forma, China estaba concentrando miles de barcos pesqueros frente a Japón, y su idea no es exactamente pescar.
La milicia marítima y la “zona gris”. Contaban en Nikkei que la gran mayoría de estos pesqueros forman parte de la llamada milicia marítima china, una red civil que coopera con el Estado y el Ejército en operaciones que no alcanzan el umbral de conflicto armado.
A priori, esta estrategia permite ejercer presión sin desplegar formalmente fuerzas navales, dificultando así una respuesta directa. Dicho de otra forma, como contamos hace unas semanas, lo que se presenta como actividad económica puede convertirse en un ensayo de control marítimo o incluso de interrupción de rutas comerciales en la primera cadena de islas.
Taiwán como telón de fondo. Imposible obviarlo. Las maniobras coinciden con las declaraciones del gobierno japonés advirtiendo que una crisis en el estrecho de Taiwán sería una amenaza existencial para Japón.
Pekín, por su parte, considera la isla parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza, mientras Tokio refuerza su postura disuasoria. En este contexto, cada movimiento en el mar de China Oriental adquiere un significado que va más allá de la pesca y se integra en el cálculo estratégico regional.
Un patrón de presión sostenida. Además, la actividad no se limita a las flotas civiles. Recordaba el Guardian que la guardia costera china ha batido récords de presencia en torno a las islas Senkaku, también conocidas como Diaoyu en China, y ha difundido por primera vez imágenes de patrullas en aguas disputadas.
Plus: el portaaviones Liaoning ha ampliado su radio de operaciones cerca de Okinawa, mientras Pekín avanza en infraestructuras en su lado de la línea media marítima.
Más que barcos, un ensayo. Los analistas interpretan estas concentraciones como ejercicios de movilización y coordinación dentro del plan de fusión civil-militar promovido por Pekín. Qué duda cabe, la capacidad de reunir miles de embarcaciones civiles en un punto estratégico en poco tiempo envía un mensaje bastante claro sobre la posibilidad de, por ejemplo, saturar espacios marítimos sin recurrir abiertamente a la fuerza.
De esta forma, el pulso ya no es tanto o solo bilateral, sino más bien una advertencia a toda la región: China está perfeccionando herramientas para moldear el equilibrio del Indo-Pacífico, y lo está haciendo sin disparar un solo tiro.