Unos restos de misil han aparecido en una zona de Yemen castigada por los combates. Hasta ahí, nada especialmente extraño en un país que lleva años viendo caer drones y misiles de diferentes procedencias. Pero una inscripción visible sobre uno de los fragmentos ha convertido el hallazgo en algo mucho más interesante: “DF-15A”. Es el nombre de un misil balístico que oficialmente solo opera una nación y cuya presencia en Arabia Saudí nunca había sido reconocida.
Todo empieza con unas letras. Contaban los analistas de TWZ que los vídeos difundidos durante los últimos días muestran lo que parece ser parte del motor propulsor de un misil balístico localizado en el distrito de Raghwan, en la gobernación yemení de Marib, aproximadamente a 170 kilómetros por carretera de Saná. Lo extraordinario está escrito directamente sobre el fragmento: “DF-15A”, la denominación de una variante del misil balístico chino Dong Feng 15.
Las imágenes han circulado también sin censurar por medios digitales chinos, pero ni Arabia Saudí ni los hutíes han reconocido utilizar este modelo y la identificación realizada a partir de los restos todavía no constituye una confirmación oficial. Eso convierte el hallazgo en una pista extraordinariamente sugerente, aunque no todavía en una prueba definitiva de quién lanzó el misil.
En Xataka
Ucrania tiene un plan sin precedentes para combatir los misiles de Rusia: convertir el porno en 30.000 drones de combate
Solo lo tenía Pekín. El DF-15, denominado CSS-6 por la OTAN, nació durante los años 80 como un misil balístico de corto alcance, móvil y propulsado mediante combustible sólido, características que permiten prepararlo y dispararlo con mayor rapidez que sistemas antiguos de combustible líquido. Las estimaciones sobre su alcance varían según las versiones y las fuentes, desde alrededor de 600 kilómetros para modelos iniciales hasta cifras cercanas a los 900 kilómetros para variantes posteriores, mientras que el DF-15A habría entrado en servicio chino durante los años 90.
Durante décadas han aparecido informaciones sobre posibles transferencias de miembros de esta familia o del relacionado M-9 a países como Egipto, Pakistán o Siria, pero ninguna ha establecido de manera concluyente la exportación del DF-15A. China continúa siendo, por tanto, su único operador confirmado.
El principal sospechoso. Todos los caminos apuntan al mismo sitio. La posibilidad de que los restos procedan de Arabia Saudí resulta especialmente interesante porque Riad ya protagonizó una operación muy similar hace casi cuatro décadas. A finales de los años 80 adquirió secretamente a China misiles balísticos DF-3A, enormes armas de alcance intermedio que proporcionaron al reino una capacidad estratégica terrestre mantenida durante mucho tiempo fuera del foco público.
Años después, imágenes por satélite y otras fuentes abiertas relacionaron instalaciones saudíes con sistemas chinos de la familia DF-21, mostrando que aquella primera compra no había sido necesariamente un episodio aislado. El DF-15A encajaría en esa relación histórica entre ambos países, pero hasta la aparición de estos restos no existía evidencia pública conocida que situara este modelo concreto dentro del arsenal saudí.
Lo que no sabemos. La localización del fragmento y la historia armamentística saudí apuntan hacia Riad, pero existen todavía incógnitas clave. Los hutíes disponen de un amplio arsenal de misiles balísticos construido alrededor de sistemas y tecnología iraní, armas yemeníes capturadas y diseños modificados localmente, pero no se les conoce acceso al DF-15ª. Arabia Saudí, en cambio, sí tiene antecedentes documentados de adquisición secreta de misiles Dong Feng chinos.
Tampoco está claro qué ocurrió durante el vuelo: el fragmento podría corresponder a una separación producida durante la trayectoria o a un misil que se desintegró o cayó antes de alcanzar su objetivo. Los hutíes no tienen públicamente reconocido un sistema capaz de explicar con claridad una eventual interceptación, mientras que durante esas fechas se habían registrado ataques aéreos saudíes en Marib y otras regiones yemeníes.
Por qué es importante si es saudí. Como decíamos, Arabia Saudí posee misiles balísticos chinos desde finales de los años 80, pero no existen registros confirmados de que los haya empleado en combate, ni siquiera durante su larga intervención en Yemen iniciada en 2015. Utilizar un DF-15A supondría introducir una herramienta diferente a los ataques realizados mediante aviación: un misil de combustible sólido puede lanzarse rápidamente, alcanzar objetivos situados a cientos de kilómetros en pocos minutos y hacerlo sin exponer aviones y tripulaciones a las defensas aéreas enemigas.
Su tamaño también permite transportar una carga considerable contra objetivos fijos o reforzados. Por eso el verdadero salto no sería únicamente descubrir que Riad posee otro misil chino, sino comprobar que estaría dispuesto a sacar de las sombras una capacidad que durante décadas ha mantenido fundamentalmente como elemento estratégico.
Una pista muy significativa. Plus: el hallazgo se produce mientras vuelve a aumentar la intensidad del enfrentamiento entre Arabia Saudí y los hutíes después del periodo de relativa desescalada iniciado con la tregua de 2022. Las fuerzas hutíes han avanzado sobre posiciones del Gobierno yemení respaldado por Riad y han intensificado sus ataques con misiles y drones contra objetivos militares y energéticos del sur de Arabia Saudí, al tiempo que el estrecho de Bab el-Mandeb vuelve a adquirir una enorme importancia por su papel en las rutas energéticas del mar Rojo.
En ese escenario, disponer de un misil balístico móvil y de combustible sólido proporcionaría a Arabia Saudí una opción de ataque rápido y a distancia contra objetivos dentro de Yemen. Dicho esto, hay que aclarar que aunque esa capacidad tenga sentido militar no demuestra que haya sido utilizada: los restos siguen siendo la pieza central sobre la que descansa toda la hipótesis.
En Xataka
Japón necesitaba un muro contra China y Corea del Norte. Su respuesta es un monstruo que flota, pesa 12.000 toneladas y tiene 128 celdas
El gran secreto. Arabia Saudí nunca ha sido completamente transparente sobre su fuerza de misiles balísticos y algunas de sus capacidades más importantes solo se han conocido después, mediante imágenes por satélite, investigaciones y revelaciones sobre sus acuerdos con China. Ahora el proceso podría estar repitiéndose de una manera mucho más accidental: no mediante una fotografía de una base secreta, sino gracias a un fragmento abandonado después de un lanzamiento en Yemen.
Por supuesto, todavía falta demostrar que realmente pertenece a un DF-15A saudí, pero si esa conexión termina confirmándose como parece, esas cuatro letras habrán revelado dos cosas que hasta ahora desconocíamos: que Arabia Saudí consiguió en secreto uno de estos misiles chinos y que, después de décadas manteniendo buena parte de su arsenal balístico fuera de la vista, habría decidido utilizarlo en una guerra.
Imagen | X
En Xataka | Los insurgentes de Yemen no sabían hacer cohetes guiados con alcances de 2.000 kilómetros. Hasta que abrieron Claude
En Xataka | Anthropic reconoce que no puede descartar que Claude termine contribuyendo al desarrollo de armas biológicas
-
La noticia
Las letras “DF-15A” han aparecido entre los restos de un misil en Yemen. Todo apunta al secreto mejor guardado del arsenal saudí
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Las letras “DF-15A” han aparecido entre los restos de un misil en Yemen. Todo apunta al secreto mejor guardado del arsenal saudí
Arabia Saudí nunca ha sido completamente transparente sobre su fuerza de misiles balísticos
Unos restos de misil han aparecido en una zona de Yemen castigada por los combates. Hasta ahí, nada especialmente extraño en un país que lleva años viendo caer drones y misiles de diferentes procedencias. Pero una inscripción visible sobre uno de los fragmentos ha convertido el hallazgo en algo mucho más interesante: “DF-15A”. Es el nombre de un misil balístico que oficialmente solo opera una nación y cuya presencia en Arabia Saudí nunca había sido reconocida.
Todo empieza con unas letras. Contaban los analistas de TWZ que los vídeos difundidos durante los últimos días muestran lo que parece ser parte del motor propulsor de un misil balístico localizado en el distrito de Raghwan, en la gobernación yemení de Marib, aproximadamente a 170 kilómetros por carretera de Saná. Lo extraordinario está escrito directamente sobre el fragmento: “DF-15A”, la denominación de una variante del misil balístico chino Dong Feng 15.
Las imágenes han circulado también sin censurar por medios digitales chinos, pero ni Arabia Saudí ni los hutíes han reconocido utilizar este modelo y la identificación realizada a partir de los restos todavía no constituye una confirmación oficial. Eso convierte el hallazgo en una pista extraordinariamente sugerente, aunque no todavía en una prueba definitiva de quién lanzó el misil.
Solo lo tenía Pekín. El DF-15, denominado CSS-6 por la OTAN, nació durante los años 80 como un misil balístico de corto alcance, móvil y propulsado mediante combustible sólido, características que permiten prepararlo y dispararlo con mayor rapidez que sistemas antiguos de combustible líquido. Las estimaciones sobre su alcance varían según las versiones y las fuentes, desde alrededor de 600 kilómetros para modelos iniciales hasta cifras cercanas a los 900 kilómetros para variantes posteriores, mientras que el DF-15A habría entrado en servicio chino durante los años 90.
Durante décadas han aparecido informaciones sobre posibles transferencias de miembros de esta familia o del relacionado M-9 a países como Egipto, Pakistán o Siria, pero ninguna ha establecido de manera concluyente la exportación del DF-15A. China continúa siendo, por tanto, su único operador confirmado.
El principal sospechoso. Todos los caminos apuntan al mismo sitio. La posibilidad de que los restos procedan de Arabia Saudí resulta especialmente interesante porque Riad ya protagonizó una operación muy similar hace casi cuatro décadas. A finales de los años 80 adquirió secretamente a China misiles balísticos DF-3A, enormes armas de alcance intermedio que proporcionaron al reino una capacidad estratégica terrestre mantenida durante mucho tiempo fuera del foco público.
Años después, imágenes por satélite y otras fuentes abiertas relacionaron instalaciones saudíes con sistemas chinos de la familia DF-21, mostrando que aquella primera compra no había sido necesariamente un episodio aislado. El DF-15A encajaría en esa relación histórica entre ambos países, pero hasta la aparición de estos restos no existía evidencia pública conocida que situara este modelo concreto dentro del arsenal saudí.
Lo que no sabemos. La localización del fragmento y la historia armamentística saudí apuntan hacia Riad, pero existen todavía incógnitas clave. Los hutíes disponen de un amplio arsenal de misiles balísticos construido alrededor de sistemas y tecnología iraní, armas yemeníes capturadas y diseños modificados localmente, pero no se les conoce acceso al DF-15ª. Arabia Saudí, en cambio, sí tiene antecedentes documentados de adquisición secreta de misiles Dong Feng chinos.
Tampoco está claro qué ocurrió durante el vuelo: el fragmento podría corresponder a una separación producida durante la trayectoria o a un misil que se desintegró o cayó antes de alcanzar su objetivo. Los hutíes no tienen públicamente reconocido un sistema capaz de explicar con claridad una eventual interceptación, mientras que durante esas fechas se habían registrado ataques aéreos saudíes en Marib y otras regiones yemeníes.
Por qué es importante si es saudí. Como decíamos, Arabia Saudí posee misiles balísticos chinos desde finales de los años 80, pero no existen registros confirmados de que los haya empleado en combate, ni siquiera durante su larga intervención en Yemen iniciada en 2015. Utilizar un DF-15A supondría introducir una herramienta diferente a los ataques realizados mediante aviación: un misil de combustible sólido puede lanzarse rápidamente, alcanzar objetivos situados a cientos de kilómetros en pocos minutos y hacerlo sin exponer aviones y tripulaciones a las defensas aéreas enemigas.
Su tamaño también permite transportar una carga considerable contra objetivos fijos o reforzados. Por eso el verdadero salto no sería únicamente descubrir que Riad posee otro misil chino, sino comprobar que estaría dispuesto a sacar de las sombras una capacidad que durante décadas ha mantenido fundamentalmente como elemento estratégico.
Una pista muy significativa. Plus: el hallazgo se produce mientras vuelve a aumentar la intensidad del enfrentamiento entre Arabia Saudí y los hutíes después del periodo de relativa desescalada iniciado con la tregua de 2022. Las fuerzas hutíes han avanzado sobre posiciones del Gobierno yemení respaldado por Riad y han intensificado sus ataques con misiles y drones contra objetivos militares y energéticos del sur de Arabia Saudí, al tiempo que el estrecho de Bab el-Mandeb vuelve a adquirir una enorme importancia por su papel en las rutas energéticas del mar Rojo.
En ese escenario, disponer de un misil balístico móvil y de combustible sólido proporcionaría a Arabia Saudí una opción de ataque rápido y a distancia contra objetivos dentro de Yemen. Dicho esto, hay que aclarar que aunque esa capacidad tenga sentido militar no demuestra que haya sido utilizada: los restos siguen siendo la pieza central sobre la que descansa toda la hipótesis.
El gran secreto. Arabia Saudí nunca ha sido completamente transparente sobre su fuerza de misiles balísticos y algunas de sus capacidades más importantes solo se han conocido después, mediante imágenes por satélite, investigaciones y revelaciones sobre sus acuerdos con China. Ahora el proceso podría estar repitiéndose de una manera mucho más accidental: no mediante una fotografía de una base secreta, sino gracias a un fragmento abandonado después de un lanzamiento en Yemen.
Por supuesto, todavía falta demostrar que realmente pertenece a un DF-15A saudí, pero si esa conexión termina confirmándose como parece, esas cuatro letras habrán revelado dos cosas que hasta ahora desconocíamos: que Arabia Saudí consiguió en secreto uno de estos misiles chinos y que, después de décadas manteniendo buena parte de su arsenal balístico fuera de la vista, habría decidido utilizarlo en una guerra.