El presidente de EEUU, Donald Trump, habla sobre la investigación de tratamientos de salud mental en el Despacho Oval. Nathan Howard Reuters
Oriente Próximo Las últimas horas de la tregua entre EEUU e Irán transcurren entre amenazas, falta de avances y Ormuz aún cerradoLas últimas dos semanas solo han servido para reforzar el discurso de ambas partes, que han evadido todos sus compromisos para acabar en una posición muy similar a la del 7 de abril.
Más información: Trump anuncia que JD Vance y la delegación de EEUU tienen previsto aterrizar en Islamabad en las próximas horas
Guillermo Ortiz Publicada 21 abril 2026 02:50h Las clavesLas claves Generado con IA
A pocas horas de que expire el alto el fuego de dos semanas entre Washington y Teherán, la diplomacia parece haber llegado a un callejón sin salida que no augura nada bueno de cara a la madrugada del martes.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, fue categórico este lunes. "Por ahora... no tenemos planes para la próxima ronda de negociaciones", declaró, echando por tierra los planes de Donald Trump para una segunda ronda de conversaciones en Islamabad prevista para este mismo martes.
La respuesta estadounidense ha sido una mezcla de amenazas y optimismo forzado. Trump aseguró este lunes a la prensa que "si no aceptan (el acuerdo), Estados Unidos va a destruir cada una de las centrales eléctricas y cada uno de los puentes de Irán".
Cuando se le preguntó si extendería el alto el fuego para facilitar que se llegue a dicho acuerdo, respondió: "Tal vez no lo extienda... desafortunadamente tendremos que empezar a lanzar bombas de nuevo".
Por su parte, Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe del equipo negociador de Teherán, acusó a Estados Unidos de exigir "demandas excesivas, expectativas irreales, cambios constantes de postura y contradicciones repetidas", señalando directamente al bloqueo de Ormuz como la razón principal para rechazar las conversaciones.
La escalada retórica de ambos lados sugiere que cada parte está preparando la narrativa para culpar a la otra del fracaso de las negociaciones.
El pacificador improbable que vino de Pakistán: el mariscal de campo Asim Munir se consolida como puente entre EEUU e IránCompromisos incumplidos
El problema de fondo es que ninguna de las dos partes ha cumplido realmente con los compromisos que motivaron esta tregua, lo que ha generado una desconfianza mutua que hace casi imposible cualquier avance significativo.
Irán, que inicialmente había abierto el estrecho de Ormuz el viernes vinculándolo al alto el fuego en Líbano, volvió a cerrarlo el sábado acusando a Estados Unidos de "violaciones repetidas del acuerdo".
Además, sus fuerzas navales han atacado varios buques comerciales que intentaban transitar por el estrecho durante el fin de semana.
Estados Unidos, a su vez, mantiene el bloqueo de todos los puertos iraníes desde el 13 de abril, y el domingo escaló la situación al interceptar y capturar el carguero iraní Touska en el Golfo de Omán, con Trump presumiendo de que "nuestro buque de guerra los detuvo abriéndoles un agujero en la sala de máquinas", cosa poco probable si siguió a flote.
Con todo, tal vez la violación más flagrante de las condiciones implícitas del alto el fuego haya sido la de Israel, que, tras acordar un alto el fuego de 10 días con Líbano el pasado jueves, comenzó a violarlo sistemáticamente pocas horas después.
El Ejército libanés denunció el viernes "varios ataques israelíes registrados, además de bombardeos intermitentes contra varias aldeas", mientras que en las últimas 48 horas fuerzas israelíes han volado casas en la ciudad de Hanine, disparado proyectiles de artillería contra Beit Lif, Qantara y Toul, y continuado operaciones de demolición en varias zonas del sur de Líbano utilizando bulldozers.
La hipocresía es evidente: cada parte exige cumplimiento a las otras mientras viola sistemáticamente sus compromisos.
Tres escenarios
Los posibles escenarios que se abren a partir del miércoles van desde la continuación del statu quo hasta una escalada militar sin precedentes, pasando por intentos desesperados de ganar tiempo que probablemente solo pospondrán lo inevitable.
La opción más optimista sería la primera: una extensión de facto de la tregua acompañada por nuevos intentos de mediación en Islamabad, pero la negativa iraní a participar —al menos en público, nadie sabe qué ocurre exactamente entre bambalinas— y la insistencia estadounidense en mantener el bloqueo hacen de esta posibilidad algo cada vez más remoto.
Egipto está "continuando sus esfuerzos para devolver a Estados Unidos e Irán a la mesa de negociaciones en coordinación con Pakistán", pero parece ser más una operación de salvamento que una iniciativa realista.
Si, como parece en este momento, todo fracasa, hay que contar con una vuelta a la situación anterior al alto el fuego: bombardeos estadounidenses e israelíes contra objetivos iraníes, ataques iraníes contra bases occidentales y aliados regionales, y el estrecho de Ormuz cerrado indefinidamente con los consecuentes problemas para la economía mundial.
El tercer escenario, y el más peligroso, sería la materialización de las amenazas de Trump de atacar toda la infraestructura civil iraní, lo que podría desencadenar una guerra regional total que involucre a todos los actores del Oriente Próximo.
Irán ya ha advertido de que respondería a cualquier escalada estadounidense con ataques contra instalaciones petroleras de los países del Golfo, lo que podría llevar el precio del barril a niveles nunca vistos.
Trump anuncia que JD Vance y la delegación de EEUU tienen previsto aterrizar en Islamabad en las próximas horasLos mercados en negativo
Y es que las consecuencias económicas de este fracaso diplomático ya se están sintiendo y amenazan con ser aún más graves que las de la crisis de Ucrania en 2022.
Los precios del petróleo, que habían caído tras la apertura temporal de Ormuz el viernes, volvieron a subir este lunes por encima de los 95 dólares por barril tras conocerse la negativa iraní a negociar y la captura del Touska.
Cuando Rusia invadió Ucrania, el crudo subió aproximadamente un 50% en pocas semanas, pero "tenemos mucho más petróleo en riesgo ahora", según Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group.
A diferencia de 2022, cuando la guerra ucraniana puso en riesgo tres millones de barriles diarios de crudo ruso, la guerra con Irán "detuvo el flujo de 20 millones de barriles de petróleo de todo el Oriente Próximo casi instantáneamente".
La desconfianza mutua entre Washington y Teherán se ha consolidado tras dos semanas de violaciones sistemáticas de los acuerdos, recordando que Estados Unidos ya había atacado a Irán en febrero en pleno proceso negociador previo y lo había hecho en junio de 2025 mientras sus delegaciones se reunían en Catar.
Con todo, tal vez lo más preocupante sea que la amenaza nuclear iraní no solo se mantiene, sino que se ha intensificado: Irán posee 440,9 kg de uranio enriquecido al 60%, y "el 99% del trabajo necesario para enriquecer todo el arsenal al 90% ya se ha realizado", según el Centro por el Control de Armas y la No Proliferación, una ONG estadounidense.
Desde finales de 2024, Irán puede producir suficiente uranio de grado armamentístico para cinco o seis bombas en menos de dos semanas.
El fracaso de esta tregua no sólo devuelve a ambos países al estado de guerra abierta, sino que lo hace con Irán más cerca que nunca de la bomba nuclear y con la certeza de que la diplomacia estadounidense no es de fiar.
Incluso si Trump decidiera retirarse buscando una salida digna, es difícil pensar que Israel o los países árabes vecinos vayan a dejar que la amenaza atómica culmine en hechos.