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«Las mujeres sentimos que a veces no encajamos en el rol de empresaria»

«Las mujeres sentimos que a veces no encajamos en el rol de empresaria»
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Socias de tres compañías comparten con SUR sus experiencias al frente de sus negocios

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Elena Aragón, Patricia Delgado e Irene Palomo, socias de Nido del Desarrollo. SUR «Las mujeres sentimos que a veces no encajamos en el rol de empresaria»

Socias de tres compañías comparten con SUR sus experiencias al frente de sus negocios

Cristina Vallejo

Domingo, 19 de abril 2026, 00:09

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«Las mujeres, sobre todo en el mundo del emprendimiento en el que estamos, porque nos movemos por muchas asociaciones, tenemos ciertas creencias culturales sobre qué implica ser mujer. Y el rol de empresaria o de emprendedora a veces pensamos que no nos encaja: ¿Cómo voy a ser yo empresaria, teniendo en cuenta la figura clásica del empresario masculino? Eso puede echarnos un poco para atrás. Las mujeres nos enfrentamos a muchos obstáculos que, aunque no queramos verlos, están ahí. Soportamos muchas cargas que nos frenan», reflexiona Elena Aragón Díaz, una de las tres socias de Nido del Desarrollo, una escuela de desarrollo personal en la que trabajan como psicólogas, terapeutas, dinamizadoras, coach… tanto para individuos como para empresas, favoreciendo el empleo de habilidades blandas dentro de los equipos para mejorar la productividad, la cohesión, la comunicación y el liderazgo. Su ejemplo, dice, es muestra de que las mujeres pueden montar un negocio, facturar, tener socias y crear empleo. Ahora mismo, de hecho, revela que en La Noria, el organismo de la Diputación, se está realizando un estudio para averiguar si realmente existe una brecha de género en el emprendimiento y a qué se debe: «Veremos si lo que nosotras decimos es sólo nuestra sensación o si encuentra el aval de los datos; si los hombres pueden dedicar más horas al trabajo porque no tienen que hacer tanta labor de cuidados y si por eso, por ejemplo, ellos pueden facturar más». Elena Aragón también destaca la buena relación que puede nacer entre mujeres: «Lo bueno que tenemos nosotras es el asociarnos, el ayudarnos, el apoyarnos. Los hombres suelen tener esa carencia: está mal visto que ellos muestren esa vulnerabilidad y digan 'oye, lo estoy pasando mal, tengo este problema…'. Las mujeres sí lo hacemos y cuando compartes y te abres, lo que encuentras es apoyo y sostén».

Elena Aragón Díaz y sus dos socias, Patricia Delgado Ortiz e Irene Palomo Moreno, se conocieron hace alrededor de seis años cuando estaban desarrollando una formación. Congeniaron y surgió la idea de montar algo juntas. Prepararon un curso piloto con aportación solidaria de la clientela. La cosa salió bien, se constituyeron como sociedad en 2021 y se dieron de alta en abril de 2022, así que cumplen ya cuatro años. Eso, además, como cooperativa sin ánimo de lucro, lo que implica, por un lado, que si a final de año la compañía tiene beneficios, se tienen que reinvertir en la propia sociedad, no pueden distribuir dividendos; y, por otro, que tienen limitación salarial. Y, precisamente, por ejemplo a la hora de pedir financiación a un banco, lo que se ha visto con un poco de resquemor no es que sean mujeres, sino que hayan adquirido la forma de una cooperativa.

Sarao Estudio Creativo

«Hemos tenido más barreras por ser jóvenes que por ser mujeres»

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Araceli Botella y María José Poza, celebrando el quinto aniversario de su empresa. SUR

«Hemos tenido suerte de emprender en los tiempos que corren ahora mismo, porque a lo mejor hace veinte años no hubiera sido posible», afirma Araceli Botella Lozano, de 29 años, que, junto a su socia María José Poza Cruz, dirige una agencia de márketing digital, Sarao Estudio Creativo. Se refiere a que ahora no ven frenos para el emprendimiento femenino: «Creo que estamos en un buen momento y nosotras nos consideramos afortunadas porque no hemos tenido problemas por ser mujeres. Pero a lo mejor sí que hemos podido haber tenido barreras por ser jóvenes, en el sentido de que no nos tomen lo suficientemente en serio». De hecho, comentan que ser mujeres les ha favorecido por las iniciativas que existen para apoyar que cada vez haya más iniciativa empresarial femenina.

Su proyecto nació fruto de la pandemia. Acabaron la carrera de publicidad y relaciones públicas en 2019 y al año siguiente, con la Covid-19, se quedaron sin empleo: «La mayoría de los contratos se cortaron. Como había una situación de incertidumbre y no sabíamos cuándo íbamos a poder tener un empleo al uso por cuenta ajena, nos salió un encarguillo, una cosa llevó a la otra, y nos dijimos que por qué no empezábamos por nuestra cuenta», explica Araceli Botella. Al principio fueron cuatro las socias. Las dos que ya no forman parte de la compañía se fueron porque a una de ellas le salió una muy buena oferta laboral y otra quiso hacer un máster en Madrid. Fueron todas mujeres porque se unieron entre amigas, pero comentan que, en general, trabajan con gente con la que comparten valores. Ahora Araceli y María José son las socias de la cooperativa: esa forma de organización societaria fue la que escogieron porque fue lo que les aconsejaron si es que querían contar todas ellas con la misma participación. Pero ahora dicen que se plantean cambiar a sociedad limitada. El equipo está formado además por una persona contratada, además de una red de siete colaboradores.

No todo ha sido fácil. «Durante los dos primeros años, entre los trabajos que nos iban saliendo, los clientes que íbamos consiguiendo… tuvimos un buen arranque. Luego es verdad que el tercer año dicen que siempre es el más duro, porque ya se supone que una empresa debe funcionar sola… Así que es casi como que te sueltan a tu suerte. Y ese tercer año sí que es cierto que tuvimos un poco más de flaqueo económico», continúa Araceli Botella. Sea como sea, enfilan ya su sexto cumpleaños. Ello, acompañando a autónomos que necesitan visibilidad digital o a personas especialistas en ciertas áreas que dan el salto a la formación online. En la actualidad, por ejemplo, como clientes tienen a una comercializadora de energía renovable de Fuengirola; a un estudio de pilates; y también han apoyado campañas a psicólogos. «Hace unos meses hemos hecho algún proyecto con el Ayuntamiento de Málaga y eso también nos enorgullece», concluye.

Modas Pepi

«Regentamos un negocio de casi medio siglo al que hemos modernizado con redes sociales»

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Silvana Robles y María Ángeles Díaz, en su tienda. Ñito Salas

Silvana Robles Trujillo y María Ángeles Díaz Martín son cuñadas y pertenecen a la segunda generación al frente de Modas Pepi, una referencia en ropa, complementos, perfumería y droguería en Algarrobo. «Trabajábamos con mi madre y decidimos seguir con el negocio, después de hacer algunas reformas y, sobre todo, tras dar el salto a las redes sociales, con lo que no sólo conservamos nuestra clientela del pasado, sino que también la hemos ampliado», explica Silvana Robles. Quien se encarga de posar con los modelos, de grabar y de subir los estados a WhatsApp y las stories a Instagram con calidad profesional es la sobrina de Silvana e hija de María Ángeles, Rocío Robles Díaz. Con esta actualización, el negocio, a la atención personalizada y al cara a cara por los que tradicionalmente han abogado, ha sumado un sucedáneo de la venta por internet: «En cuanto colgamos un vídeo en las redes sociales, las clientas me mandan mensajes diciendo que le guardemos la prenda en tal talla o en tal color o que se la enviemos y hay veces también que hacemos reparto a domicilio. Y eso sucede no sólo con la clientela de Algarrobo, también con las de otros municipios de la Axarquía», continúa Silvana Robles.

El negocio que regenta con su socia ya tiene 46 años de vida, se acerca al medio siglo. Su madre lo puso en marcha cuando ella apenas tenía tres años. Así que, como bromea Silvana, prácticamente echó ahí los dientes. Y esa también es una de las claves a las que recurre cuando analiza si las mujeres lo tienen más o menos difícil que los hombres para emprender o para ser empresarias: depende de lo sencillo o lo complicado que lo tengan en casa. En su familia están acostumbrados a que ambos, ellos y ellas, tengan negocios (aunque mujeres por un lado y hombres por otro, confirmando la dinámica que reflejan los datos estadísticos): su madre ya tenía la tienda y su padre tenía su puesto en el mercadillo; en la siguiente generación, ella y su cuñada continúan con el establecimiento, mientras que su marido y su cuñado conservan ese puesto ambulante. El secreto para que todo marche está en que todos vayan a una: «La mayoría de las tareas de la casa corren de mi cuenta, pero de las comidas el primero que llega es el que se encarga», revela.

Lo que ya confiesa que es mucho más complicado es que la tienda pase a la tercera generación, porque tanto sus hijas como las de su cuñada están estudiando. En todo caso, lo que sí ha calado es el espíritu emprendedor que llevan en la sangre: una de sus hijas ya regenta una academia de español para extranjeros en Torrox Costa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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