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Alberto Garzón posa para esta entrevsita en un céntrico hotel de Madrid. José Ramón LadraAlberto Garzón
Exministro de Consumo «Las opciones de revalidar el Gobierno son muy bajas. Ganar tiempo tiene que servir para algo»Reconoce que sigue hablando con Yolanda Díaz y Pablo Iglesias y advierte a las izquierdas de una «necesaria» candidatura unitaria
Madrid
Lunes, 2 de febrero 2026, 00:29
... Garzón (Logroño, 1985) que ahora mira la política desde el alivio de un exministro retirado y «centrado» en su familia –está casado y tiene dos hijas– presenta su último libro 'La guerra por la energía' (Península), un ensayo en el que adiverte de las luchas de poder geopolíticas y los límites del planeta.–De ahí el interés de Donald Trump por Groenlandia...
–Trump quiere Groenlandia no solo por las rutas comerciales o las rutas marítimas, sino también por los materiales que quedan ahora expuestos con el como consecuencia del cambio climático. En el caso de Venezuela también Trump sustituye el chavismo por el chavismo porque de forma muy clara no le preocupa la democracia, sino el acceso a un recurso muy en particular que es el petróleo pesado que necesitan sus industrias. Entonces, estamos asistiendo a un retorno de un imperialismo basado en los recursos naturales.
–Mientras EE UU regresa al mercantilismo, China parece emerger como defensora del libre comercio. ¿No es paradójico?
–No es paradójico, es lo que cabría esperar. Las naciones más avanzadas no se desarrollaron por el libre comercio, se desarrollaron con prácticas mercantilistas. El Reino Unido, por ejemplo, desafió la hegemonía de las Provincias Unidas, lo que hoy básicamente se llama Países Bajos. ¿Qué ocurre? Que siguiendo esa misma lógica, cuando Estados Unidos empieza a perder capacidad económica frente a China, entonces empieza a abandonar el libre mercado hasta el punto actual en el que Trump dijo hace apenas una semana que quienes defiendan el libre mercado son antiamericanos. Y cambio China, que es formalmente un país comunista y es una dictadura de partido único, hora defiende el libre mercado.
–¿Qué papel tiene la Unión Europea en este juego?
–Ser el tablero de juego en una disputa entre China y Estados Unidos. Eso no es lo que a mí me gustaría que fuera la Unión Europea. La UEnecesita recomponerse de tres vulnerabilidades:la económica, la energética y dependencia militar de Estados Unidos a través de la OTAN.
–¿Es partidario de elevar el gasto militar si se destina a un ejército autónomo europeo?
–Creo que la política de defensa tiene que estar unificada en la Unión en la Unión Europea y hay fórmulas para hacerlo independientemente del coste que implique. Podría ser con eurobonos. Sin una unidad política es muy difícil que Europa pueda dejar de ser un simple plato encima de la mesa para China, Rusia o Estados Unidos.
–¿Los acuerdos con Mercorsur o la India mejoran esa posición?
–Profundiza dependencia. El problema de los acuerdos de libre comercio es que cuando se hacen entre diferentes generan una asimetría muy grande entre ganadores y perdedores. En el caso de Mercosur, la industria europea sale ganando, pero el campo europeo sale perdiendo.
Responsabilidades por el apagón
–En España vivimos el año pasado un apagón inédito. ¿Le parecen suficientes las explicaciones que se dieron?
–Aunque las hipótesis sean fuertes la inmensa mayoría de la gente no sabe lo que pasó. Es verdad que el sistema energético es muy complejo, pero no se han explicado las cosas lo suficiente. Eso ha introducido elementos conspiranoicos y un miedo que no está justificado. Es un sistema muy complicado y un mal diseño puede hacer que te pueda ocurrir un apagón, pero eso se puede mejorar, se debe mejorar y creo que se está haciendo trabajo para que así sea, pero no puede poner en duda la necesidad de adaptarte a una fuente de energía totalmente distinta de los combustibles fósiles.
–¿Cómo está gestionando el Gobierno el accidente de Adamuz?¿Siente alivio por no estar en el Consejo de Ministros?
–Son situaciones son difíciles de gestionar y es muy importante cómo las gestionas. Yo sentí un poco de alivio cuando me di cuenta de que al menos había una tregua política. Los primeros días, por lo menos en no intentar politizar una situación de estas características, porque venimos de un precedente como la pandemia, en el que cuando se pedía tomar medidas recomendadas por los científicos la extrema derecha no llevaba ante a los tribunales.
–¿Va a aguantar la legislatura hasta 2027?
–Creo que Pedro Sánchez lo puede hacer. El PSOE ha pasado momentos muy difíciles con la corrupción que podrían haber justificado perfectamente unas elecciones anticipadas. Pero si han decidido ganar tiempo, tiene que servir para algo, no puede ser simplemente para alargar la agonía. Ahora son muy bajas las opciones de revalidar el Gobierno de coalición, pero puede haber porque hay tiempo. Siempre que se hagan cosas así, simplemente se gana tiempo esperando que pase algo. Es muy improbable que las encuestas cambien mucho para el día de las elecciones y entonces en ese escenario tendríamos un problema serio, porque la extrema derecha tendría el control del Gobierno.
–La vivienda está siendo el gran caballo de batalla entre Sumar y el PSOE. ¿Le suenan estos rifirrafes?
–El problema es que la vivienda es el núcleo central que explica, en mi opinión, la desafección tan grande del electorado de izquierdas. Somos un país que tiene un gobierno de izquierdas, progresista, que ha subido el Salario Mínimo Interprofesional, que tiene buenos números macroeconómicos pero que no consigue resolver esto, en parte porque no se lo ha propuesto muy en serio. Los votantes de izquierda están desconectados de un Gobierno que, aunque los números macroeconómicos vayan bien, hay cosas centrales en su vida que no mejoran.
-No ayuda ir divididos a las elecciones, supongo.
No, es un favor más a la derecha y a la extrema derecha, que cuentan con viento de cola. Hay una ola reaccionaria. Los países más importantes del mundo son o una dictadura, como en el caso de China, o tienes a Estados Unidos derivando ya en un régimen autoritario de extrema derecha. Pero si además le haces el regalo de que la izquierda va dividida... Creo que la unidad de las izquierdas en una candidatura común es necesaria para para poder facilitar un gobiernos progresistas de coalición.
-¿Comparte el diagnóstico del actual líder de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, de que Sumar ya no es un elemento aglutinador para la izquierda?
Lo entiendo, pero no estoy ya en eso. Yo Yo me fui antes de que de que se separara Podemos de Sumar. Ayudé lo que pude a la revalidación de este Gobierno de coalición y luego ya, ya me fui. Me llevo bien con todos, creo. Ellos pueden decir a lo mejor otra cosa, pero yo creo que esa es la sensación. Ojalá el resultado de todo lo que decidan concluya con algo de unidad. Y me da igual cuál sea el camino para hacerlo.
-¿Sigue hablando con Yolanda Díaz o con Pablo Iglesias?
Sí, con Yolanda, con Pablo, con Antonio Maíllo, con Ada Colau... Con todo el mundo.
-¿Le han pedido que vuelva?
-Ahora le toca a otros. Estoy orgulloso de lo que hice. Creo que contribuí positivamente. Yo me agoté. Necesitaba parar, dedicar tiempo a mi familia, que había tenido un padre ausente. Y es una decisión que de la que estoy profundamente orgulloso. Y dos años después, estoy mucho más orgulloso de esa decisión y más contento. Me parece bien también aquellos que continúen tanto tiempo como quieran. Creo que es una virtud. Pero ahora tienen que organizarse. Los que estén dentro y los que vengan después contarán con mi ayuda, mi apoyo, pero no mi presencia.
-De su etapa en política, ¿hay algo de lo que se arrepienta?
-He sido ministro, diputado por Málaga, también por Madrid. He intentado hacer lo que lo que podía. Estoy orgulloso de ello. Seguramente me he equivocado en muchas cosas. No todo el mundo está de acuerdo, por supuesto, con lo que he hecho, pero estoy satisfecho. Y sin embargo, es verdad que nuestros objetivos políticos se cumplieron solo en parte. Yo asumí la responsabilidad de dirigir Izquierda Unida en un momento en que parecía que iba a desaparecer. No ha desaparecido. Por lo tanto, en parte he tenido que contribuir a ello. Pero luego también teníamos otros objetivos más ambiciosos, como era transformar este país, gobernar siendo la primera fuerza de la izquierda. Y estuvimos cerca, pero no lo conseguimos.
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