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«Las pantallas, como los dulces»: el método de los expertos para regular el móvil de los niños en vacaciones

«Las pantallas, como los dulces»: el método de los expertos para regular el móvil de los niños en vacaciones
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Los expertos aconsejan fijar límites a los críos... pero de nada sirven si los adultos vivimos 'empantallados'
«Las pantallas, como los dulces»: el método de los expertos para regular el móvil de los niños en vacaciones

Los expertos aconsejan fijar límites a los críos... pero de nada sirven si los adultos vivimos 'empantallados'

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Julio Arrieta

19/08/2026 Actualizado a las 18:54h.

Vivimos 'empantallados'. Y en verano, más. El móvil o la 'tablet' se convierten en el recurso fácil para cubrir los tiempos muertos, que en vacaciones ... se multiplican. Es el contexto perfecto para que los niños se enganchen a las pantallas, si no lo estaban ya antes. Lo malo es que a menudo el gancho somos los propios adultos, que las usamos como amansador de fieras, un recurso para lograr que estén entretenidos, tranquilos y callados. Pero podemos darle la vuelta a esta situación y aprovechar las vacaciones para trabajar la desconexión digital de nuestros 'peques'

Manuel Armayones, catedrático de Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), refuerza esta idea: «Hay que buscar más bien un cierto equilibrio digital o un uso saludable de los dispositivos». Para los menores de 0 a 6 años, sin embargo, recomienda no exponerlos, «salvo en situaciones puntuales, como una videollamada con los abuelos».

Normas claras y acuerdos

El primer paso para que los niños desconecten de las pantallas o hagan un uso correcto de las mismas es un diálogo. Cook subraya que «la clave es que las normas no se negocien en el momento en que el niño o adolescente ya tiene el dispositivo en la mano. Es mucho más fácil acordarlas con tranquilidad» antes. Por su parte, Armayones recomienda establecer «unas normas claras y concisas en una charla en la que explicaremos por qué estos límites no son un capricho para que entiendan el motivo por el que no pueden estar todo el día colgados de una pantalla». Cook matiza que con los niños pequeños hay que establecer normas concretas, claras y consistentes, mientras que con los adolescentes es aconsejable negociar horarios y tiempos, sin renunciar a los límites básicos.

En esta conversación, estableceremos los tiempos de uso y los contenidos, teniendo en cuenta las edades. No es lo mismo un niño de 8 años que otro de 15. Armayones apunta que una referencia orientativa puede ser aproximadamente una hora diaria a partir de los 7 años, siempre con supervisión y límites. Además, es fundamental marcar zonas de exclusión: los móviles no deben entrar en los dormitorios ni estar presentes en la mesa.

Dar ejemplo

«Ojo. Si vamos a poner límites, que quede claro que nosotros nos vamos a aplicar también los nuestros», advierte el catedrático de la UOC. «Uno de los problemas que hay es que precisamente quien no desconecta es el adulto. ¿Vamos a decirle al niño que nada de móvil y luego vamos a estar una hora mirando whatsapps delante de él? Ahí estamos ofreciendo un modelo erróneo», advierte. Es la incoherencia de exigir a un hijo que deje la 'tablet' mientras el progenitor está «enganchadísimo». Cook añade que los adultos somos sus ejemplos a seguir y como tal debemos comportarnos.

Alternativas

Para que la desconexión no se viva como un castigo, hay que ofrecer alternativas atractivas. Armayones recuerda que «los niños nunca piden el móvil cuando se divierten, cuando están en la playa, en un parque acuático... porque se lo están pasando bien». El truco reside en buscar «actividades incompatibles con el uso de un dispositivo», como nadar o bailar.

Supervisión

Los dispositivos que utilizan los niños deben estar siempre bajo supervisión. Con los más pequeños será directa; con los adolescentes deberá evolucionar hacia el acompañamiento y la conversación sobre privacidad, redes sociales, contenidos y bienestar emocional. Cook añade que esta supervisión debe evolucionar con la madurez del menor. Con los niños pequeños, propone una «más directa», basada en rutinas claras donde los adultos regulan el tiempo para crear hábitos saludables.

Sin embargo, con los adolescentes el enfoque cambia hacia la autorregulación: «Interesarse por sus juegos, redes sociales o vídeos suele ser más eficaz que controlar constantemente». La idea es transitar gradualmente «del control parental al acompañamiento», fortaleciendo la confianza. No se busca la obediencia ciega, sino formar a chavales «que sepan decidir por sí mismos cuándo una pantalla suma y cuándo resta en su calidad de vida», resumen los expertos.

Del uso «zombi» del móvil al uso creativo

Para Manuel Armayones, catedrático de Psicología en la UOC, es fundamental distinguir entre el uso pasivo y el activo de un dispositivo por parte de un niño. El primero ocurre cuando el menor consume contenido de forma hipnótica –como «un pequeño zombi» viendo vídeos cortos encadenados–, lo que puede aislarlo y anular su iniciativa. En cambio, el uso activo transforma el dispositivo en una herramienta creativa para dibujar, resolver retos o realizar actividades educativas, como ejercicios de matemáticas. El psicólogo Sergio Cook apoya esta visión al sugerir que es más útil fijarse en «para qué» se usa la tecnología que solo en contar minutos. Convertir el móvil en un elemento social –por ejemplo, editando juntos un vídeo de las vacaciones o seleccionando fotos para enviar a la familia– fomenta la comunicación y la supervisión activa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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