MARCA visita el trazado en el que Fernando Alonso brilló en 2012 y que actualmente está abandonado y sirve como refugio a un poblado de chabolas
Las ruinas del circuito urbano de Valencia: "Llevo unos meses en la chabola a ver si pasa un Fórmula 1"Las ruinas del circuito urbano de ValenciaMARCA- VÍCTOR ROMERO Y JAVIER MANCEBO VALÈNCIA
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Valencia, 24 de junio de 2012. Fernando Alonso se proclama campeón del GP de Europa tras una sublime carrera que empezó en undécima posición. Tras el himno español, el lujo de la F1 se fue y cuando se apagaron las luces, el circuito también se acabó apagando: la exhibición del ‘Nano’ fue la última carrera que se disputó sobre el trazado inaugurado en 2008 y que costó 300 millones de euros. 14 años después, ese mismo trazado donde el lujo y la velocidad se dieron la mano durante cinco carreras ahora está abandonado y sirve como refugio para un asentamiento de chabolas.
Actual estado de la curva 17 del circuito urbano de Valencia“¿Dónde están los 300 millones? 300 millones de asfalto… y yo tengo que vivir en una tienda de campaña ahí”. Rafa nos señala su ‘vivienda’ y él es una de las cientos de personas que viven entre las curvas 17 y 18 del trazado diseñado por Hermann Tilke y que se inauguró en agosto de 2008 con victoria del Ferrari de Felipe Massa. La pérdida de licencia del circuito de 2013 acabó significando su abandono, que persiste en la actualidad y donde el lujo de entonces choca con la decadencia actual.
Pasear por el ‘actual’ circuito de Fórmula 1 es darse de bruces con un sueño que acabó en pesadilla. Muros abandonados, publicidades que persisten, maleza que trata de brotar entre el asfalto y unas señales de goma que aparecen de tanto en tanto en el trazado. “Obviamente no es de ningún Fórmula 1, es de los coches que se meten aquí por las noches a hacer carreras ilegales. Algún día nos van a llevar por delante…”, afirma a MARCA Pedro, otro de los sintecho que “sobrevive”, como él mismo indica, entre los escombros del circuito.
Pedro, delante de la tienda de campaña en la que vive“Mi casa se quemó y prácticamente de un día para otro me vi en la calle. Ninguna institución nos ayuda, y para que te hagas una idea, nos tenemos que duchar al aire libre, incluso en invierno”, confiesa el hombre, que vive con su pareja al lado de una tapia del Cementerio del Grau, de donde cogen diariamente el agua.
“Que un circuito de la Fórmula 1 se haya convertido en esto es una vergüenza para nosotros y para todo el mundo”, concluye un Pedro que se vuelve hacia su maltrecha tienda de campaña, remendada con cinta aislante y donde ha de pasar las recientes jornadas de lluvia y viento que han azotado la ciudad de Valencia en las últimas semanas.
Que un circuito de Fórmula 1 se haya convertido en esto es una vergüenza para todo el mundo
Pedro, habitante del poblado de chabolas del circuito urbano de Valencia
Lo curioso es que el poblado de chabolas dista bastante de estar aislado del resto de la población valenciana. Los vecinos del cercano barrio de Nazaret han de cruzar diariamente el puente conocido como el ‘Cuc de llum’ -gusano de luz en castellano- para acercarse a la zona del puerto de Valencia.
“Vivo aquí desde hace varios años y la verdad es que nunca hemos tenido problema con ellos. Al final, tampoco quieren a la policía por aquí, así que nos dejan bastantes tranquilos. No hay robos ni historias raras… Al revés, a mí, por ejemplo una vez me regalaron una pelota para mi perrita”, nos cuenta un vecino de la zona.
La convivencia entre ambas ‘vidas diferentes’ viene de largo. En las chabolas nos encontramos con Isabel, una de las más veteranas del poblado. “Mi hija se metió en la droga, tuve que salir… Fui a vivir a Cuenca, a otros lados… pero acabé aquí, donde incluso me metí en la droga y me sacó mi ahora marido”, nos cuenta desde su propia casa.
Isabel, junto a su marido en la chabola en la que viven“Fui una de las primeras mujeres que se asentó aquí, hace ya más de cinco años. He pasado un poco por todo, pero ahora sí te puedo contar algo: dentro de un año nos tendremos que ir. Todo esto es de Juan Roig y del Ayuntamiento y, sin quererlo, me acabé enterando de que quiere hacer sus proyectos aquí y lo empezará dentro de un año. Eso sí, a nosotros nadie nos ha dicho nada”, confiesa Isabel enfadada.
“Si algunos estamos empadronados aquí, no nos van a poder echar así porque sí…”, se resigna, antes de lanzar una petición: “Yo le diría a alguien de los que vive en los pisos de ricos aquí cerca que se cambien un día por mí… así nos entendería”.
Creo que en un año nos van a echar, pero algunos estamos empadronados aquí... no nos echarán así como así
Isabel, una de las primeras mujeres del poblado de chabolas del circuito urbano de Valencia
Pedro, Rafa e Isabel son las voces que hoy habitan el reverso de una postal de lujo que caducó antes de lo previsto. Donde antes Fernando Alonso veía una bandera a cuadros y a decenas de miles de personas vitoreándole, ellos hoy sólo ven una lona remendada con cinta aislante.
Los 300 millones de euros no compraron el futuro de Valencia, ni la convirtieron en una nueva Mónaco, sólo pavimentaron el patio trasero de un asentamiento que espera, entre escombros, a que el próximo gran proyecto vuelva a borrarlos del mapa.
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