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Las siempre fascinantes especies protegidas en la oficina

Las siempre fascinantes especies protegidas en la oficina
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Ser considerado cercano al jefe te permite salirte con la tuya, hasta que deja de ser así. Leer
Financial TimesLas siempre fascinantes especies protegidas en la oficina
  • PILITA CLARK
18 MAR. 2026 - 17:55Uno de los personajes más habituales e irritantes de la vida corporativa es la especie protegida.DREAMSTIMEEXPANSION

Ser considerado cercano al jefe te permite salirte con la tuya, hasta que deja de ser así.

Cuando el presidente estadounidense Donald Trump busca consejo sobre la guerra en Irán, resulta preocupante considerar a quién recurre.

Uno de ellos es su amigo golfista Steve Witkoff, el promotor inmobiliario espectacularmente incompetente que es el enviado especial de Trump para Oriente Próximo. Otra es Tulsi Gabbard, la directora de espionaje que aseguró al Congreso que los expertos en inteligencia creían que Irán "no estaba construyendo un arma nuclear", pero tres meses después respaldó a Trump y afirmó que podría construir una "en cuestión de semanas".

En una liga aparte está el secretario de Defensa Pete Hegseth. El ex presentador de Fox News ha negado las acusaciones de acoso sexual y alcoholismo en el pasado y sigue insistiendo en que no hizo nada malo cuando habló sobre planes para ataques militares en una conversación en Signal en la que participó un periodista el año pasado.

Pocos presidentes o primeros ministros comparten el gusto de Trump por cortesanos tan pintorescos. Lo mismo ocurre con los altos ejecutivos. Es difícil imaginar a algún líder de una empresa global cotizada en Bolsa que quisiera tener a un Hegseth a su lado.

Esto no significa, por supuesto, que en el mundo empresarial no haya este tipo de personas. Ni mucho menos. Pero tales debilidades rara vez quedan al descubierto en un asunto tan dramático como una guerra en Oriente Próximo.

Si así fuera, sería interesante ver qué pasaría con uno de los personajes más habituales e irritantes de la vida corporativa: la especie protegida.

Me refiero al compañero de oficina que, año tras año, se sale con la suya con comportamientos que a cualquier otro le acarrearían graves problemas: el que desprecia las peticiones de sus superiores, o nunca contesta las llamadas, o hace un trabajo pésimo, cuando le da por trabajar. ¿Cómo lo hacen? Porque se les considera tan privilegiados que son intocables.

Digo "se les considera" porque los miembros más fascinantes de esta especie ni siquiera cuentan con tanto apoyo como se supone de sus superiores.

En otras palabras, no juegan al golf con su jefe, ni han sido contratados por nepotismo, ni son aduladores o alguien en quien sus superiores piensen mucho. Más bien, han dominado el arte de hacer creer a todos a su alrededor que son enormemente valorados por el jefe. Esto suele implicar menciones frecuentes y tediosas de lo que el jefe piensa, le gusta y le disgusta en privado.

Cuando Steve Jobs estaba desarrollando el iPhone en Apple, enfrentó a dos de sus ejecutivos estrella para ver quién creaba el mejor producto, según explicó el periodista económico Fred Vogelstein en su libro Dogfight (Lucha de perros) publicado en 2013.

Según Vogelstein, uno de ellos "sacaba de quicio a sus compañeros diciéndoles: "A Steve no le gustaría eso", aunque Steve nunca estaba presente.

En 1995 se armó un gran revuelo en la cúpula de The Walt Disney Company cuando el entonces presidente Michael Eisner decidió nombrar presidente de Disney al superagente de Hollywood Michael Ovitz.

Según se dice, altos ejecutivos que temían que Ovitz careciera de la experiencia necesaria para dirigir una gran empresa cotizada quedaron desconcertados por su comportamiento una vez que llegó.

Según un artículo publicado en la revista Vanity Fair sobre este desafortunado episodio, un comportamiento de Ovitz en particular irritaba al círculo íntimo de Eisner. "Desde el principio, el nuevo presidente de la compañía adoptó el gesto de susurrarle al oído a Eisner, tanto en reuniones como en eventos públicos".

Ovitz claramente hacía esto "para demostrar que literalmente tenía la confianza del jefe", declaró a la revista Stephen Bollenbach, entonces director financiero de Disney.

Aun si esto fuera cierto, la situación no funcionó para ninguna de las partes. Disney terminó pagándole a Ovitz 140 millones de dólares para que se marchara tras menos de 18 meses en el cargo, una decisión que derivó en años de litigios judiciales.

Todo esto nos recuerda que intentar consolidar una posición privilegiada alegando la cercanía al poder puede ser arriesgado.

Un líder que desconoce que su relación con un subordinado está siendo utilizada indebidamente por este último para obtener ventajas puede sentirse muy molesto al descubrirlo. E incluso si eso no sucede, enemistarse con los compañeros mediante este tipo de artimañas puede resultar peligrosamente contraproducente.

Siempre he pensado que es más inteligente trabajar como la mayoría de la gente: hacer el mejor trabajo posible y tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti.

Los trucos pueden funcionar durante un tiempo, pero también pueden tener consecuencias tan graves que quienes los utilizan terminan convirtiéndose no en una especie protegida, sino en una especie en peligro de extinción.

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Fuente original: Leer en Expansión
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