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Las típicas galletas holandesas rellenas de caramelo, ahora también en Málaga

Las típicas galletas holandesas rellenas de caramelo, ahora también en Málaga
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El Wafelito y Bon Bueno abren en el Centro sendos establecimientos en los que ofrecen stroopwafels, tradicionales dulces de Países Bajos

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Mike van Laarhoven, con uno de los wafels que prepara en su quiosco. Marilú Báez Las típicas galletas holandesas rellenas de caramelo, ahora también en Málaga

El Wafelito y Bon Bueno abren en el Centro sendos establecimientos en los que ofrecen stroopwafels, tradicionales dulces de Países Bajos

Marina Martínez

Domingo, 5 de abril 2026, 00:14

... unas galletas finas y crujientes rellenas de caramelo típicas de la repostería de Países Bajos. Aunque ya no hay que coger un avión para probarlas. Ahora también se pueden disfrutar en Málaga. Para más señas, en el Centro. Allí acaban de abrir dos establecimientos en los que encontrarlas. A escasos metros y prácticamente en la misma fecha se han estrenado El Wafelito y Bon Bueno. Detrás, mucho ADN holandés.

Después de varios meses de puesta a punto y adecentamiento de la zona, ya han empezado a dar a conocer sus típicos dulces en varios tamaños, desde 4 euros. Los elaboran al momento, también con topping de chocolate si se quiere, y en paquetes de ocho galletas, con o sin latas decorativas. Además, cuentan con lo que se denominan migas de wafelitos, que preparan con los bordes sobrantes de la masa de las galletas (entre 2 y 6,50 euros en función del tamaño).

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Mike y Vanesa acaban de abrir en la esquina de la calle Pastora con la Alameda. Marilú Báez

«Estamos muy ilusionados, aquí somos felices, hay mucha vida en esta zona y creemos que puede gustar», considera Mike van Laarhoven, que se ha formado en su tierra de origen para trasladar a Málaga la receta tradicional holandesa del wafel. Junto a su mujer, asumen que tendrán que estar especialmente estas primeras semanas al pie del cañón, todo el día y sin cerrar ninguno. «Es lo que toca ahora», advierte este emprendedor holandés con falta de horas de sueño por arrancar justo en plena Semana Santa, pero muy motivado con esta nueva etapa.

Sobre todo porque no ha sido fácil llegar hasta aquí. Mike salió con Vanesa y sus dos hijas de Holanda en plena pandemia. Tuvieron que sortear algunos obstáculos para conseguir entrar en España y llegar hasta Benalmádena, donde tenían casa. De padre malagueño y madre holandesa, Vanesa nació en Málaga, pero con apenas un año ya estaba viviendo en los Países Bajos. En 2020, el destino la volvería a traer a su ciudad natal. «Lo llevo en la sangre», asegura Vanesa, que se siente muy identificada con la cultura española.

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Vanesa, con los cartuchos de migas de wafel. Marilú Báez

Las circunstancias empujaron a la pareja a trasladarse y dejar sus empleos en el puerto de Rotterdam y en hostelería, respectivamente. Mike comenzó a trabajar con la empresa de mobiliario Costa Woods Málaga, en una nave del polígono El Viso. Pero, después de cinco años, empezó a pesarle. «Pasaba muchas horas allí solo y llegué a cansarme de aquello, estaba desmotivado», reconoce.

Entonces, este dicharachero holandés traspasó a un amigo el negocio de carpintería y se planteó en serio llevar a cabo una idea que le rondaba en la cabeza desde hacía tiempo: «Pensé en montar una foodtruck, pero luego dándole vueltas vi que sólo podríamos tenerla en eventos temporales».

Renovar la esquina

De nuevo el destino le pondría en el camino una oportunidad: un quiosco en pleno Centro de Málaga. Ideal para el proyecto que tenía en mente: «Un día buscando por Internet vi que había un quiosco disponible en la Alameda, me gustó la ubicación, me interesé por él y llegamos a un acuerdo, la dueña me ayudó mucho. Ella llevaba cerca de cuarenta años aquí, pero el quiosco tiene unos 90».

Se refiere Mike a Pilar Cruzado, al frente de lo que es ya casi una institución en Málaga y que ahora esta pareja recupera con un aire renovado y más cosmopolita. «Llevamos desde agosto con esto, queríamos tener todo en regla, seguir los cauces legales y hacerlo todo bien desde el principio. De hecho, los vecinos y los hosteleros de aquí nos han felicitado por la idea y por haberle dado un lavado de cara a esta esquina», comenta «feliz» Mike. Ya tiene más ideas en la cabeza. Pero prefiere ir paso a paso. Primero echar a andar con wafels y cafés, y luego ya ir creciendo.

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Loes Bonvanie acaba de abrir Bon Bueno en la calle San Juan. Ñito Salas

Casi al mismo tiempo, apenas unos días después, también ha desembarcado en el Centro otra holandesa con ganas de dar a conocer sus galletas típicas. Se trata de Loes Bonvanie, que ha abierto Bon Bueno en la calle San Juan. En este caso, en un pequeño local en el que elabora de forma artesanal tanto stroopwafels como helados.

Esta afable holandesa llegó a Málaga con su familia hace cinco años. Primero aterrizó en Álora, pero su alergia la empujó a mudarse a la costa. Ahora vive en Chilches, aunque prácticamente pasa el día en este nuevo negocio que acaba de abrir en el Centro. «Me parecía una buena idea para los malagueños, algo poco conocido y que podía gustar en un sitio como este, cosmopolita y cada vez con más tendencia al 'take away'», cuenta Loes Bonvanie, con amplia experiencia en el mundo de la pastelería artesanal.

Con tiendas de chocolate y helados

En Holanda tenía varias tiendas de chocolate y helados. Es su especialidad. Por eso aquí también ha querido apostar por ello. De momento tiene cuatro sabores de helados: turrón, chocolate, vainilla y, claro está, stroopwafels. Pero tiene previsto incorporar otros tantos en los próximos días.

«Hacemos producción diaria de todo, y los stroopwafels se hacen al momento», añade esta emprendedora holandesa «encantada» con Málaga. «Aquí los días son más largos, hay mejor temperatura, la gente es muy abierta, muy amable… la vida es mejor». Ya le gustó cuando venía de vacaciones. Era cuestión de tiempo que Loes Bonvanie acabara instalándose aquí con el objetivo de abrirse a un nuevo mercado. Helados y batidos desde 4 euros, además de café, los mencionados stroopwafels en varios tamaños y toppings (desde pistacho hasta lotus o turrón), así como migas de stroopwafels. Desde 3 euros los más pequeños.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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