Un sanitario administra una vacuna. Shutterstock
Observatorio de la sanidad Las vacunas contra el cáncer enfilan el camino hacia el éxito después de décadas de fracasosLas plataformas de ARNm permiten la generación de vacunas personalizadas.
La inmunoterapia ha ayudado a abrir las puertas a las nuevas moléculas.
Más información: Por qué la vacuna contra el melanoma de MSD y Moderna puede marcar un antes y un después en el cáncer
Marcos Domínguez Publicada 23 agosto 2026 02:20h Las clavesLas claves Generado con IA
A finales de los años 90, Biomira, una pequeña biotecnológica canadiense, patentaba una pequeña molécula a la que llamó tecemotide. El planteamiento era revolucionario: buscaba activar el sistema inmune frente a MUC1, una proteína que está sobreexpresada en varios tumores, para que fuera el propio cuerpo el que atacara el tumor. Es decir, una vacuna terapéutica contra el cáncer.
Aunque la idea de una vacuna contra el cáncer no era nueva, parecía que tecemotide estaba más cerca que nunca de hacerla realidad. La farmacéutica alemana Merck compró el producto en 2007 e inició un intenso programa de ensayos clínicos en varios tumores. Los primeros resultados fueron prometedores y Merck decidió lanzar un gran ensayo en cáncer de pulmón, reclutando a más de 1.500 pacientes.
El suflé, poco a poco, fue desinflándose. El estudio finalizó en 2012 con resultados decepcionantes: apenas superaba la eficacia del placebo. Pero había un pequeño rayo de esperanza: una mejora en los pacientes que habían recibido quimiorradioterapia al mismo tiempo en lugar de forma secuencial. El gigante farmacéutico había invertido ya cientos de millones de euros en la molécula, por lo que decidió apostar doble o nada en un segundo ensayo con mil pacientes y una modificación en la estrategia terapéutica.
Así es la vacuna que se ha convertido en la gran esperanza contra el cáncer de mama agresivoSin embargo, el resultado fue similar. En 2014, Merck anunciaba el abandono del desarrollo clínico de tecemotide. De paso, enterraba las esperanzas en lograr una vacuna contra el cáncer... Al menos, durante un tiempo: en los últimos años, numerosas compañías y grupos de investigación se han lanzado a la búsqueda de la gran promesa para frenar la proliferación de tumores.
El anuncio de las compañías Moderna y MSD del éxito de su ensayo de vacuna terapéutica contra el melanoma ha disparado sus cotizaciones en bolsa y la esperanza de una nueva estrategia terapéutica que llegue donde las actuales todavía no alcanzan. Pero es tan sólo la punta de lanza de la investigación actual de vacunas frente al cáncer.
En realidad, ya hay vacunas contra el cáncer. La vacunación frente al virus del papiloma humano previene el desarrollo de cáncer de cuello uterino, y la de la hepatitis B evita ciertas neoplasias en el hígado.
Como el cáncer es, en realidad, un conjunto de varios centenares de enfermedades, lo que se busca es una vacuna terapéutica. No sería factible inmunizar a toda la población frente a todos los tumores (incluso frente a los más prevalentes). Lo que la investigación pretende es hallar moléculas que corten la reaparición del tumor y sus metástasis en personas en las que se ha eliminado.
Tumores que engañan
Se trata de vacunas porque su mecanismo es similar al de la gripe, la triple vírica y otras conocidas: presentar un antígeno al sistema inmune para que los elimine la próxima vez que lo vea, ya sea en la superficie de una bacteria o un virus, ya sea en una célula cancerígena.
El problema es que el cáncer tiene sus trucos para sortear el sistema inmune. De hecho, este se encarga de suprimir cualquier rebelión en las células del cuerpo. Pero hay tumores que lo engañan y pueden proliferar sin problemas. Por eso, muchas investigaciones que se mostraban prometedoras acababan chocando contra la dura realidad.
¿Qué ha cambiado ahora para que la expectativa sea tan alta? Fundamentalmente, dos cosas: el desarrollo de inmunoterapias y las vacunas de ARN mensajero.
Desde la década pasada, han surgido fármacos como pembrolizumab, nivolumab o ipilimumab. Se dirigen a esos frenos al sistema inmunitario que expresan los cánceres en mayor o menor medida. Sus resultados en tumores fuertemente dependientes de este truco, como el melanoma o algunos cánceres de pulmón, han sido espectaculares.
La vacuna del cáncer, más cerca que nunca: la espectacular carrera para tenerla antes de 2030Con la puerta abierta al tumor, quedaba la segunda parte: entrenar al sistema inmune para que reconozca a las células cancerígenas y las ataque sin misericordia. Pero hay una segunda dificultad: estas pueden ser heterogéneas y no expresar las mismas proteínas por igual.
Aquí entran las nuevas vacunas de ARN mensajero. Tanto Moderna como BioNTech, las compañías que desarrollaron las primeras inmunizaciones contra la Covid, tenían otro objetivo en mente cuando desarrollaron esta tecnología: el cáncer.
Las plataformas desarrolladas por ambas permiten generar nuevas moléculas a una velocidad nunca antes vista. Secuenciando células tumorales, pueden crear en poco tiempo una vacuna personalizada que contenga decenas de antígenos específicos del tumor de un paciente concreto.
Esa es la estrategia a seguir. Intismeran, la vacuna de Moderna y MSD que ha despertado tanto interés, se administra junto a la inmunoterapia pembrolizumab (propiedad de MSD) y contiene hasta tres decenas de antígenos propios de cada paciente (neoantígenos).
Kwok, científico de Oxford: "A finales de esta década tendremos listas varias vacunas contra el cáncer"Aunque se desconoce todavía cuáles son los resultados concretos y que las compañías aseguran que son positivos, ya un estudio anterior en 157 pacientes logró reducir a la mitad el riesgo de reaparición del melanoma después de cinco años.
No obstante, la que parece haber puesto toda la carne en el asador es BioNTech. Tiene al menos cuatro moléculas en ensayos en fase 3 (los últimos antes de la aprobación de un medicamento) dirigidas frente a cánceres de pulmón, de próstata, cabeza y cuello y mama.
En 2022, los fundadores de la compañía, Uğur Şahin y Özlem Türeci, señalaron, en una entrevista en la cadena británica BBC, que tendrían lista una vacuna contra el cáncer para el año 2030. Pocos meses después se conoció que habían llegado a un acuerdo con el Sistema Nacional de Salud de Inglaterra para ensayar en 10.000 pacientes vacunas personalizadas frente a distintos cánceres.
Reino Unido ha apostado fuertemente por la medicina personalizada a través de un proyecto que busca secuenciar el genoma de 100.000 personas con distintos tipos de enfermedades raras y cánceres. Şahin y Türeci (que dejaron BioNTech para fundar una compañía que continúe con el desarrollo de estas vacunas) eran conscientes del valor de este programa para su planteamiento y han querido aprovecharlo hasta el fondo.
Precios
En lo que queda de década irán apareciendo los resultados de estos ensayos y la predicción de los fundadores de BioNTech ya no parece descabellada. Es posible que, si no en esta década sí a principios de la siguiente, las primeras vacunas contra las recaídas en el cáncer comiencen a llegar a la práctica clínica, pero hay otro problema al que se tienen que enfrentar: el precio.
En realidad, ya existe una vacuna terapéutica contra el cáncer. Sipuleucel-T fue aprobada en 2010 por la agencia estadounidense de medicamentos para el tratamiento del cáncer de próstata metastásico. Utilizaba las células dendríticas (un tipo de células del sistema inmune) del paciente que, modificadas para reconocer el tumor, lo atacaban.
Pero su alto coste (más de 90.000 dólares por paciente) hizo que quedara relegada en cuanto llegaron fármacos con la misma indicación pero más sencillos. Su historia es una lección que deben tener en cuenta los desarrolladores de las nuevas vacunas si no quieren que sus prometedoras terapias acaben en un cajón.