Durante su visita a San Cristóbal de La Laguna, el pontífice compartió su tiempo con algunas de las personas allí presentes
Regala esta noticia Añádenos en Google Andrés Marcio, joven con laminopatía, trasladó al papa su historia de vida y el pontífice le regaló un rosario. (EFE)Sara Toj
San Cristóbal de La Laguna
12/06/2026 a las 17:41h.Tres horas estuvo el papa León XIV en San Cristóbal de La Laguna. Pocas para algunos y lo suficiente para aquellos que pudieron compartir algunos ... instantes con él. Así lo fue para Andrés Marcio. El joven, enfermo de laminopatía, cogió el primer avión de su vida desde Madrid para venir a ver al santo padre a Tenerife. El pontífice se interesó por su situación e incluso le firmó una biblia y le regaló un rosario, cuenta Andrés con los ojos aún vidriosos minutos después del gran momento. «Viva la vida, siempre», fueron las palabras que intercambió con él.
María trabaja como pedagoga en una de esas entidades del tercer sector, y no puede ocultar su emoción ante un momento tan especial: «Lo vi en noviembre en Roma, pero estoy muy contenta de que venga a nuestra isla», cuenta con una amplia sonrisa. Además, tiene muy claro el motivo principal de la visita del papa a las islas: «Me gustaría que se cambiara la visión que tienen algunos de las personas migrantes y que se ofreciera más ayuda, tanto humana como económica, y que se les ayude a tener más salida. Muchos de ellos se quedan aquí muy estancados y tienen sus propios proyectos. Ojalá esto sea una puerta para eso», incide la trabajadora.
A su lado están Najda, de ascendencia marroquí, y Lassana, de Senegal. A pesar del madrugón, todos esperan ansiosos que llegue el momento en el que el pontífice desembarque en la plaza del Cristo. «Es impresionante y emocionante que haya venido a un lugar tan pequeño y lejos como Tenerife», dice Najda. El pontífice, en su última parada de su viaje apostólico a España, quiso encontrarse con las vivencias de todas las personas que, en un momento determinado, decidieron buscar un futuro mejor lejos de su país de origen. Por eso, Najda pide que esta visita «sirva para que la gente entienda que las personas migrantes vienen en busca de oportunidades».
Detrás de ellos, a unas filas de distancia, se encuentran Dennys Padrón y Alba Castellanos. Son dos mujeres venezolanas que emigraron a Canarias para lograr una vida «un poco mejor». Para ellas es «muy emocionante» poder tener cerca al pontífice durante unos minutos. «Esperamos que sus palabras abran los corazones de la gente», comentan emocionadas.
Distintos momentos de los instantes previos a la llegada de León XIV a la plaza del Cristo de La Laguna.. (S.T.)Banderas de Perú, Colombia y Venezuela ondean en la plaza del Cristo. Nadie se quiere perder un momento tan especial para la isla y para la comunidad cristiana en Tenerife. El clima típico de la ciudad de Los Adelantados, frío y húmedo, ha dado una tregua y brilla el sol. Algunos se protegen de los rayos con las gorras repartidas por la organización, y otros se abanican y beben agua mientras esperan que León XIV llegue.
Es el caso de Ausou Sonko, Mbaye Kdiaye y Khadim Mbengue. Son tres jóvenes senegaleses que arribaron a las costas de El Hierro hace dos años a bordo de un cayuco. Después de sobrevivir a la ruta canaria, la más mortífera del mundo, hacen su vida en Tenerife gracias a la ayuda de la Fundación El Buen Samaritano, entidad que les ha brindado la oportunidad de recibir formación y un techo bajo el que vivir. «Ahora estamos bien, contentos y estudiando mucho», apuntan.
Pasaban los minutos en la plaza del Cristo y el papa aún no aparecía. Cerca del escenario, Mbacke, joven senegalés que llegó en cayuco a las costas de El Hierro en 2024, se preparaba para intervenir en el acto. Él fue una de las voces que puso rostro al drama humanitario durante la ceremonia. Con mucha emoción e ilusión, contaba que su propósito era transmitir que «este mundo es para todos, no hay división». Sus familiares siguieron su intervención desde Senegal, un momento que vivieron «con mucho orgullo». Y los tiene muy presentes, sobre todo en un día como este viernes, ya que su sueño y el motivo que le obligó a arriesgar su vida en el mar no es otro que tener una vida estable y ayudar a su familia.
Aunque estaba previsto que lo hiciera a las 10.10 horas, no fue hasta casi las 11.00 horas cuando el santo padre, a bordo de un 'buggy' de golf acondicionado para su traslado, llegó al Cristo. «¡Viva el papa!», coreaba un grupo de personas que portaban la bandera de Perú, país en el que ha pasado gran parte de su vida y del que el pontífice es ciudadano desde 2015. Cientos de personas se agolpaban a las vallas para grabar con sus móviles el paso del papa, y escucharon con atención y recogimiento los testimonios que compartieron con el pontífice las personas migrantes que intervinieron en el acto.
Al son de 'Esta es mi tierra', clásico de la música criolla peruana, el papa se despidió de sus fieles, no sin antes dejar recuerdos imborrables para algunos de los allí presentes.
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