En su discurso ante los miembros de la Conferencia Episcopal Española, el Papa pide que la Iglesia sea «un testimonio de unidad en la pluralidad en este tiempo de polarizaciones»
Regala esta noticia Añádenos en Google El papa León XIV saluda mientras el presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello y el cardenal José Cobo se santiguan durante su encuentro con los obispos en la Conferencia Episcopal Española (CEE). (EFE/JJ Guillén)Roma
08/06/2026 Actualizado a las 13:43h.Hace alrededor de una década, había arzobispos españoles que cuando se les preguntaba si había casos de pederastia dentro del seno de la Iglesia española, ... contaban orgullosos que esa era una lacra que apenas afectaba por estas latitudes, justificándose con una peregrina explicación: la línea de la vid. A su juicio en los países donde se cultivan las viñas, como en el nuestro, el buen tiempo invita a mantener relaciones al aire libre, por lo que se dificultan mucho las ocasiones para los abusos sexuales a menores, propiciados en cambio en naciones con climatología más adversa donde hay que pasar mucho tiempo encerrado. El estallido de multitud de casos en las comunidades eclesiales de Irlanda, Bélgica o Alemania en aquellos años parecía dar cierta armazón a esta peculiar teoría, pero acabó saltando por los aires en cuanto empezaron a realizarse investigaciones periodísticas que destaparon que la Iglesia española no era, ni mucho menos, inmune a este problema.
Escucharon atentamente sus palabras los miembros de la Conferencia Episcopal Española (CEE), que recibieron al Papa en su sede de la madrileña calle de Añastro, un edificio que Juan Pablo II bendijo e inauguró en 1982, durante su primera viaje a España, y al que luego regresó en 1993, como recordó en sus palabras de bienvenida Luis Argüello, presidente del episcopado y arzobispo de Valladolid. Argüello flanqueó a León XIV durante su discurso, mientras al otro lado se colocó el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo. También se situaron en el estrado algunos de los otros purpurados españoles, como Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid, y el religioso claretiano Aquilino Bocos. No faltó tampoco el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, de 89 años, el hombre que durante años llevó las riendas de la Iglesia española imprimiéndole un fuerte perfil conservador.
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el discurso que ofreció poco antes en el Palacio de las Cortes, al igual que el sábado en el Palacio Real, también habló sobre polarización en la alocución que dedicó a los obispos españoles. La Iglesia debe ser «un testimonio de unidad en la pluralidad en este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras», dijo. Eso no significa que cada uno deba renunciar a su identidad pues la comunidad eclesial es «un mosaico vivo con muchas teselas». Los obispos, en cualquier caso, deben «custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo», propiciando siempre «una Iglesia reconciliada por dentro». Sólo así podrán hablar «con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad».
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