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Política

León XIV y el espejismo de la concordia

León XIV y el espejismo de la concordia
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"Prevost ha demostrado en su año escaso de papado la vocación inequívoca de influir en el tablero político global" Leer

A León X se le atribuye la frase que conecta definitivamente al Papa con Bad Bunny: «Puesto que Dios nos ha dado el papado, gocémoslo». Cuatro leones y más de quinientos años después, Robert Prevost se ha dado el gustazo de llevar su mensaje político y pastoral al Hemiciclo español. Y a gozar. La imagen es potentísima -un Papa que entra en el Congreso viene pidiendo guiones de Sorrentino- y funciona por contraste: frente a unas Cortes de vocación polarizante, el pontífice reclamó «altura de miras» y restaurar «el valor de la concordia», y soltó en forma de recados unas cuantas verdades universales, recordó dos o tres principios fundamentales de teoría política humanista y clavó al sesgo un par de banderillas doctrinales. Nada fuera de lo habitual, por otra parte, en León XIV, un jefe de Estado que ha demostrado en su año escaso de papado la vocación inequívoca de influir en el tablero político global.

La fecha histórica obró el milagro mundano de darle al Congreso un día de tregua, en todo caso. Hasta creímos ver el espejismo de la concordia cuando Borja Sémper charlaba amigablemente, a la salida de la sesión, con Josep Maria Cruset, junto a Miriam Nogueras y Eduard Pujol. De Junts, los tres. El éxito del Papa fue que, por un día, casi, casi todos, desde Vox a ERC, se hermanaron bajo una misma prédica parlamentaria. A todos menos a Ione Belarra (Podemos) les pareció que el discurso del Papa estaba «absolutamente alineado» (Bolaños) con el suyo y por eso lo comparten «al 100%» (Feijóo) y no encuentran «ninguna contradicción» (Abascal). O sea, lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, por citar a Mateo, que ayer jugaba en casa.

Decir que nadie se quiso perder una jornada tan insólita sería mucho decir, ya que faltaron todos los presidentes regionales menos el catalán Salvador Illa y el asturiano Adrián Barbón, y se excusaron también, por motivos muy distintos, los ex presidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. De manera que en la tribuna de honor del Hemiciclo descollaron José María Aznar y Mariano Rajoy, que charlaron con normalidad recobrada -ese milagro lo obró Feijóo en 2023, y no el Papa- junto al alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida. Acudieron cinco ex presidentes del Congreso -Meritxell Batet, Jesús Posada, José Bono, Ana Pastor y Federico Trillo- y cinco del Senado: Ander Gil, Esperanza Aguirre, Pío García-Escudero, Javier Rojo y Juan José Lucas.

Prevost, estadounidense como Lenny Belardo, invocó a Cervantes, a Unamuno, a Teresa de Ávila y a Francisco de Vitoria. Por eso Feijóo bromeaba después, con retranca gallega, que lo de la Escuela de Salamanca, bien, vale, pero es muy poco citar sólo una vez a Santiago. Y Bolaños se felicitaba de que todo hubiera salido «al milímetro». Sobre todo, porque la idea fue del Vaticano.

La ex vicepresidenta Carmen Calvo regresó a un territorio del que parece que nunca se hubieran ido el padre Ángel y su bufanda roja, infalibles en los actos de relumbrón. El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, y el secretario general de CCOO, Unai Sordo (que aplaudió poco, como Sumar), compartieron espacio con Ángel Gabilondo, político después de fraile, y con Mercedes González, directora de la Guardia Civil señalada en las cloacas de Leire.

Después de fajarse para recuperar los consensos, el Papa siguió su ruta hacia el Bernabéu, donde Florentino ha lanzado una edición limitada de la camiseta con nombre León y dorsal XIV. Por sólo 195 euros. Prevost confesó en el avión de ida que es «del Real Madrid... y del Atletic». ¿Se refería al Atleti o al Athletic? Parece que al primero, para alivio de Simeone, que asistió a la misa de Cibeles en la que, por si fuera poco, encima el de blanco levantó una copa.

Los caminos de la afición futbolera son también inescrutables, pero mira que lo tenía fácil el Papa, sabiendo como sabe que D10s jugó en el Sevilla en la 92-93. Muchos años después, un hincha le gritó a Maradona «¡Diego, sos más grande que el Papa!». Y él, impavido, sin girar siquiera la mirada, le contestó: «No es mucho...».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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