La selección se ha agarrado más a los resultados que a la calidad de su fútbol en esta primera fase
Regala esta noticia Añádenos en Google Rodri, que está muy lejos de su mejor nivel ,disputa un balón con Fede Valverde. (Daniel Becerril) 28/06/2026 a las 00:10h.En la historia de los Mundiales abundan los casos de campeones que tuvieron un mal comienzo pero supieron rehacerse y acabar completando la escalada hacia ... el título. Es muy famosa la trayectoria por el alambre de Italia en 1982, superando de milagro la fase de grupos tras empatar con Polonia, Perú y Camerún. También España arrancó en Sudáfrica perdiendo con Suiza y Argentina, por citar al último campeón, se pegó un susto de muerte en su estreno en Catar cayendo ante Arabia Saudí. Quién hubiera dicho después de aquel partido, mientras a Scaloni, Messi y demás les caía la del pulpo, que acabarían 'campeonando', como dicen ellos, un mes después. Bien mirado, tampoco es extraño que esto ocurra: como el escalador que necesita primero una aclimatación y luego ponerse a tono para poder alcanzar la cima, los equipos pueden empezar con una cierta flojera su aventura en el Mundial durante la fase de grupos y luego irse entonando para competir cada vez mejor en las eliminatorias a vida o muerte.
Este ha sido el relato que se ha vendido desde el cuartel general de la selección y que se ha comprado en el exterior; un relato, por otro lado, perfectamente lógico. No podía esperarse otra cosa. Lo que no va a hacer una selección que ha cumplido su primer objetivo en el Mundial sin recibir un solo gol es poner cara de decepción y flagelarse en público por su pecado de no haber dado mucho brillo a su fútbol. Eso sería de una arrogancia ridícula. Como decir, «perdonen ustedes porque no les estoy deslumbrando como debería hacerlo siendo tan bueno como soy». Algo así. Ahora bien, como Luis de la Fuente y sus jugadores, al menos una mayoría de ellos, están lejos de ser tan obtusos y pretenciosos, seguro que manejan otro relato alternativo, de consumo interno, uno en el que se habla de la preocupación existente por el bajo estado de forma de varios jugadores y el mediocre nivel del fútbol de la selección.
Después de tres partidos, hay algo que está claro respecto al futuro de la selección en este torneo: o se reencuentra consigo misma, con el juego que le ha puesto en lo más alto del escalafón, con ese fútbol bello y coral, bien asentado en defensa y apoyado en la calidad suprema de sus centrocampistas y en la profundidad de sus extremos, o no podrá ser campeona del mundo. Podrá subir más peldaños, ya que, incluso a media potencia, sigue siendo muy superior a un buen número de rivales posibles en dieciseisavos y octavos. Ahora bien, cuando lleguen los verdaderos huesos, necesitará, aparte de suerte, la mejor versión de sí misma. Y lo cierto es que, a día de hoy, que la alcance plantea serias dudas.
Con De la Fuente, España ha sido una maquinaria muy bien engrasada. Salvo en algún partido un poco torcido, que por regla terminaba en empate -son ya 34 partidos sin perder-, su fútbol ha fluido con armonía y naturalidad. Los jugadores disfrutaban en el campo y los rivales se rendían ante su superioridad evidente. Ahora, en cambio, a esa maquinaria se le escuchan algunos chirridos. Los provocan el bajo rendimiento de un Rodri desconocido, de Pedri, Lamine, Nico Williams, Mikel Merino... Son futbolistas fundamentales y la realidad es que no están bien. Lo saben ellos, lo saben sus compañeros y lo sabemos todos, que hemos disfrutado de la mejor versión de estos futbolistas.
La pregunta es si van a poder despegar en los próximos días. Lo de Nico, que no sale de una lesión y cae en otra tras una temporada lastrado por su pubalgia, se antoja casi imposible. Y lo de los demás, bastante difícil, la verdad. Parece más probable que vuelvan a brillar en octubre o noviembre, por decirlo algo, que en las tres próximas semanas. Ojalá me confunda, pero cada vez tengo más la impresión de que a España este Mundial no le ha llegado en un buen momento. Dicho esto, que no es un canto al optimismo precisamente, me toca confesar en estas líneas mi acreditada reputación como magnífico pronosticador a la inversa, de los que aseguran el acierto cuando se les lleva la contraria; de ahí que leyendo estas líneas más de uno que me conoce ya celebre por adelantado el título de España.
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