La farmacéutica emplea la tecnología para mejorar el desarrollo de medicamentos, optimizar los procesos de producción y acelerar los ensayos clínicos.
La industria farmacéutica ha visto en la inteligencia artificial una oportunidad para optimizar su negocio, desde la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos a la eficiencia de sus procesos de producción y la documentación regulatoria necesaria para que los tratamientos lleguen al paciente. Se prevé que el mercado de la inteligencia artificial en la industria biofarmacéutica ronde los 8.540 millones de dólares este año, según datos de Fortune Business Insights. La cifra alcanzaría los 154.100 millones en 2034, con una tasa de crecimiento anual del 43,5%.
La farmacéutica estadounidense Lilly, líder de los tratamientos para la diabetes y la pérdida de peso con Mounjaro y Zepbound, que imitan la hormona natural GLP-1 que se produce en el intestino, ya utiliza la inteligencia artificial en diferentes etapas del desarrollo de fármacos, lo que está empezando a redefinir la rapidez con la que los nuevos medicamentos llegan al mercado.
La estrategia en este campo de la compañía que encabeza David Ricks como presidente y CEO comenzó en la producción. Ante la alta demanda de los fármacos GLP-1, la FDA, el regulador de los medicamentos en Estados Unidos, determinó su escasez, lo que significaba que los fabricantes podían producirlos bajo ciertas condiciones a pesar de la protección de la patente. Un proceso que se inició a finales de 2022 y hasta 2024.
Simular con precisión
Para aumentar la producción de sus tratamientos inyectables para la diabetes y la obesidad, Lilly utilizó la inteligencia artificial y su gemelo digital, representación virtual de una fábrica que emplea datos en tiempo real para simular con precisión lo que ocurre en el mundo real y así hacer más eficiente la producción. Esto le permitió probar mejoras en el mundo digital antes de implementarlas y fabricar mayores volúmenes de fármacos de los que habrían sido posibles de otro modo.
Además, pudo detectar posibles defectos en los inyectores (dispositivos diseñados para administrar una dosis exacta de un medicamento de forma automática). La inteligencia artificial puede tomar decenas de fotografías de cada uno de esos autoinyectores desde diversos ángulos, en incrementos de unos cientos de milisegundos, para monitorizar cualquier rotura, descubriendo fallos que la inspección manual podría pasar por alto.
"El año pasado hicimos más producto del que podríamos haber hecho sin la inteligencia artificial", afirmó Diogo Rau, director de Información y Digital de Lilly, en marzo a Forbes. "Pensábamos que parecía demasiado bueno para ser verdad, pero el mundo físico seguía igualando al gemelo digital", añadió el directivo, que se unió a Lilly en 2021 tras una década en Apple, reportando directamente al CEO de la farmacéutica.
Aunque el directivo no facilitó datos sobre la producción, Mounjaro y Zepbound aportaron el 56% de los ingresos mundiales de Lilly en 2025, que ascendieron a 65.179 millones de dólares (55.194 millones de euros), un 45% más que el año anterior. Mounjaro duplicó sus ventas en 2025 mientras las de Zepbound crecieron un 175%, superando con holgura las cifras de los tratamientos para la diabetes y la pérdida de peso de su gran rival en este terreno, la farmacéutica danesa Novo Nordisk.
La sede central de Lilly en Indianápolis (Estados Unidos).Desarrollo
En paralelo, la inteligencia artificial ha entrado en la investigación y desarrollo de fármacos. Lilly ha buscado alianzas para acelerar su aplicación. El año pasado llegó a un acuerdo con la biotecnológica Superluminal Medicine, valorado en hasta 1.300 millones de dólares, con el objetivo de descubrir y desarrollar fármacos de moléculas pequeñas contra la obesidad y las enfermedades cardiometabólicas mediante la inteligencia artificial y el aprendizaje automático. También con la biotech Creyon Bio para desarrollar terapias usando la inteligencia artificial, valorado en 1.000 millones de dólares.
Las alianzas se han multiplicado este año. En enero, Lilly se unió a Nvidia para invertir 1.000 millones de dólares en cinco años en un laboratorio de innovación para abordar problemas en la industria de la salud con la ayuda de un potente superordenador avanzado. La farmacéutica de Indianápolis firmó ese mismo mes una colaboración con la start up de inteligencia artificial Chai Discovery, que ha recaudado 230 millones de dólares para construir un modelo de inteligencia artificial que podría acelerar el descubrimiento de fármacos biológicos.
En marzo hizo otros dos grandes pactos para la utilización de la tecnología. Se asoció con Insilico Medicine, una empresa de descubrimiento de fármacos con inteligencia artificial con sede en Hong Kong. El acuerdo, por importe de 2.750 millones de dólares, es un nuevo paso para desarrollar una cartera de tratamientos orales preclínicos para múltiples áreas terapéuticas utilizando la plataforma Pharma.AI de Insilico. Según la base de datos Pymnts, ésta ya había generado a finales de marzo al menos 28 candidatos a fármacos mediante inteligencia artificial generativa, de los cuales casi la mitad habían entrado en la fase de ensayos clínicos.
En marzo se alió, asimismo, con Profluent para desarrollar enzimas diseñadas mediante inteligencia artificial, en una operación de hasta 2.250 millones.
Pero, al mismo tiempo, Lilly lanzó el año pasado TuneLab, una plataforma de inteligencia artificial y aprendizaje automático ML, para cuya primera versión ha invertido más de 1.000 millones de dólares. Además, ha permitido que se integre en la del fabricante de software Schrödinger (LiveDesign) para brindar a otras biotecnológicas la posibilidad de acelerar sus desarrollos.
Recorte de tiempo en los ensayos clínicos
La inversión en investigación y desarrollo (I+D) de la industria farmacéutica mundial superó los 200.000 millones de dólares el año pasado, casi el doble que en 2020. Las cincuenta grandes farmacéuticas impulsan esta cifra e invierten cerca del 30% de sus ingresos en innovación, un esfuerzo financiero necesario para afrontar que el lanzamiento de un nuevo fármaco al mercado puede requerir entre diez y quince años y más de 2.000 millones de dólares.
La consultora McKinsey estima que la IA agente -una inteligencia artificial autónoma que requiere poca intervención humana- podría aumentar la productividad de un ensayo clínico entre un 35% y un 45%, en los próximos cinco años si se aplica de forma masiva. Los agentes autónomos procesan millones de registros médicos para identificar pacientes que cumplan exactamente con los criterios de inclusión y exclusión. Además, analizan y seleccionan hospitales o centros de investigación en cuestión de horas, optimizando así el reclutamiento de pacientes.
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