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«¿Limpias con lejía? ¿Y con amoníaco?» Quizá no deberías... salvo en un caso

«¿Limpias con lejía? ¿Y con amoníaco?» Quizá no deberías... salvo en un caso
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Su gran ventaja es su precio, pero cada vez más expertos alertan sobre los riesgos que implica su uso.

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La lejía está presente en el 87% de los hogares. AdobeStock. Vivir | Consumo «¿Limpias con lejía? ¿Y con amoníaco?» Quizá no deberías... salvo en un caso

Su gran ventaja es su precio, pero cada vez más expertos alertan sobre los riesgos que implica su uso.

Ixone Díaz Landaluce

Sábado, 28 de febrero 2026, 00:08

... ejército de gérmenes. Su olor es fuerte, sí, y su manejo es delicado, tanto para la ropa como para nuestra piel o nuestros pulmones, pero su efectividad está fuera de toda duda. Es decir: merece la pena. O… ¿no? Lo cierto es que su uso generalizado cada vez está más en entredicho. Tanto por los expertos en limpieza como por los científicos.

Pero, ¿qué es exactamente la lejía? Se trata de una solución acuosa de hipoclorito de sodio capaz, efectivamente, de matar todo tipo de gérmenes (virus, bacterias y hongos) y que también se utiliza como potente blanqueador. Además, su uso no se limita únicamente a limpiar superficies; se emplea, también, para arrancar manchas de la ropa o, incluso, para desinfectar alimentos.

Aunque parezca obvio, limpiar y desinfectar no son sinónimos. Y por eso, hay que utilizar productos diferentes y apropiados para cada tarea. «Limpiar es arrastrar la suciedad, sea solo con agua o con agua y jabón. Desinfectar es eliminar los gérmenes», explica la experta en limpieza y creadora de contenido Andrea Caaveiro, que congrega casi medio millón de seguidores en su cuenta de Instagram. Pero, ¿para qué es imprescindible la lejía? «Solo para cosas muy puntuales. Por ejemplo, el moho que se puede acumular en el baño o en la mampara de la ducha. Para todo lo demás, no hace falta».

Ni siquiera para eliminar restos de orina, heces o fluidos corporales. «Hay otros desinfectantes que se pueden utilizar perfectamente y evitar la toxicidad de la lejía, además de su mal olor», subraya. Para la suciedad general, como encimeras, tablas de cortar, fregaderos o incluso las superficies del baño, jabón con agua caliente debería ser suficiente. Roberto Javier Brea Fernández coincide en limitar el uso de la lejía al máximo: «Puede provocar irritación, tanto cutánea como respiratoria. Es nociva por inhalación, pero también por ingesta. Y sobre todo, es peligrosa porque estamos tan habituados a ella que nos olvidamos de los riesgos. La peligrosidad radica en que nos confiamos. Si nos fijamos, las etiquetas están llenas de símbolos que nos lo advierten».

Además, hay muchas alternativas. «El oxígeno activo que sea explícitamente desinfectante funciona muy bien. Pero ojo,    porque hay muchas cosas que la gente piensa que desinfectan, como el vinagre de limpieza o el ácido cítrico, pero que por sí solos no lo hacen», explica Caaveiro. Brea Fernández señala los productos basados en tensioactivos. «Son moléculas que ayudan a disolver la grasa y la transportan al medio acuoso para arrastrarla mejor. No dejan de ser detergentes. También hay productos que incorporan enzimas, blanqueadores ópticos, aditivos especiales…. No solo consiguen una desinfección elevada, sino que son sustancias verdes y sostenibles para el medio ambiente. Pero el precio es más elevado», reconoce.

Si lo que se persigue es el efecto blanqueador, el experto señala el percarbonato como una buena opción. «Al disolverse, libera carbonato de sodio, que ayuda en la limpieza, y peróxido de hidrógeno, que actúa como blanqueador y desinfectante. Son sistemas de polvos menos peligrosos, que se pueden dosificar mejor», señala.

Y el amoníaco

Abramos otro melón: ¿qué pasa con el amoníaco? Incoloro, altamente soluble en agua y con un olor tan fuerte y penetrante que es capaz de transportarnos en el tiempo con la misma potencia que el plato estrella de tu abuela, este producto, compuesto por un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno, no es tan omnipresente en las casas como hace un par de décadas, pero se sigue utilizando. «También es algo a evitar. Por sí solo ya es una disolución muy peligrosa, aunque sea acuosa, que mal mezclada pueda dar lugar a cloraminas con todos los problemas respiratorios que eso puede causar. Hay productos más suaves que funcionan muy bien. Por ejemplo, la piedra blanca y la piedra rosa», explica el profesor. Andrea Caaveiro coincide en limitar su uso y solo lo recomienda para las campanas extractoras por su alto poder desengrasante. «Pasa algo parecido que con la lejía. Para ciertas cosas va muy bien, pero hay alternativas que son más naturales y menos tóxicas».

Pese a todo, mientras se maneje con seguridad —siempre con agua fría y diluida tal y como indica su etiqueta— no hay problema con la lejía, dice Brea Fernández. Eso sí, ¿se puede tener una casa perfectamente limpia y desinfectada sin ella? «Claro que sí. Es una cuestión de precio. Tratamos de ir hacia sistemas más baratos en vez de más seguros, pero creo que sí es posible, especialmente en los últimos años. Hay alternativas más eficientes y que, además, no tienen un impacto tan grande en el medio ambiente». No hay más preguntas, señoría.

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Los 5 mandamientos de la lejía

  • Leerás la etiqueta «Siempre hay que seguir las instrucciones porque cada lejía puede tener una forma de actuar. Depende también de si lo que queremos eliminar son hongos, bacterias o ambos», explica Andrea Caaveiro.

  • No la mezclarás «Con nada que no sea agua. Con amoníaco puede producir gases peligrosos como las cloraminas; con vinagre, cloro; con alcoholes puede dar lugar a cloroformo que afecta a las vías respiratorias, al sistema nervioso, el hígado, los ojos. Puede causar náuseas, mareos, pérdida de conciencia y hasta la muerte», advierte Roberto Brea Fernández.

  • No la diluirás en agua caliente «Siempre con agua fría. El agua caliente libera cloro y es peligroso para las vías respiratorias. Además, pierde su efecto desinfectante», apunta el científico.

  • No la usarás sin guantes «Es muy irritante para la piel y por eso, siempre hay que utilizar protección. También es recomendable usar mascarilla si, por ejemplo, vas a usarla en un baño sin ventilación», señala Caaveir

  • No la reutilizarás Pues eso: una vez utilizada, tírala. «La lejía se puede degradar y generar gases tóxicos», explica Brea Fernández.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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