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Literatura universal

Literatura universal
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Nos hacía comprender que un libro no termina cuando llegamos a la última página, sino que continúa viviendo en nosotros mucho después

La Tribuna

Literatura universal

Nos hacía comprender que un libro no termina cuando llegamos a la última página, sino que continúa viviendo en nosotros mucho después

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José Luis Raya

Profesor jubilado y escritor

07/09/2026 a las 02:00h.

El aula de Literatura Universal se encontraba en el ala sur del instituto. Para llegar hasta allí había que atravesar varios pasillos, dejar atrás las ... aulas más bulliciosas y adentrarse en una zona del edificio que parecía pertenecer a otro mundo. Al final del recorrido aparecía aquel habitáculo sumamente estrecho y alargado, casi como un vagón de tren detenido en mitad del instituto. Allí nos reuníamos dos horas semanales ocho o nueve alumnos: curiosos, frikis y poetas frustrados, una pequeña tribu de lectores que, por alguna razón, habíamos encontrado en aquel rincón nuestro lugar natural. Me sentía allí tan cómodo que, de haber sido posible, habría pasado todas las horas semanales, de lunes a viernes, de ocho de la mañana a tres de la tarde, encerrado entre aquellas cuatro paredes.

Cada obra pertenecía a un tiempo distinto, había sido escrita en una lengua diferente y respondía a circunstancias que nada tenían que ver con las nuestras. Sin embargo, todas conseguían hablarnos. Quizá esa era la verdadera lección de aquellas clases. La literatura universal no era una colección de monumentos que debíamos admirar desde lejos, ni una sucesión de nombres y fechas destinados a ser memorizados para un examen. Era, sobre todo, una forma de reconocernos en los demás. En aquellos personajes tan distantes encontrábamos nuestros propios miedos, nuestras ambiciones, nuestras contradicciones y también nuestras pequeñas miserias. Descubríamos que, aunque cambiaran los siglos, los seres humanos seguíamos haciéndonos preguntas muy parecidas.

Durante aquellas clases leíamos textos, capítulos o fragmentos de algunas de las grandes obras de la literatura universal

Todas aquellas obras nos enganchaban porque encerraban algo que nunca hubiéramos sospechado. Bastaba que Martín levantara la vista del libro y señalara un detalle para que una página que habíamos leído distraídamente adquiriera de pronto una dimensión nueva. Era como si las novelas estuvieran llenas de puertas secretas y él conociera la manera de abrirlas. Por eso aquella pequeña aula del ala sur terminó siendo para mí mucho más que una clase. Fue un refugio, una puerta de entrada a otros mundos y, quizá sin que entonces pudiera comprenderlo del todo, uno de esos lugares que terminan formando parte de la memoria de una persona.

Allí aprendí que leer no consistía únicamente en pasar los ojos por las palabras. Leer era detenerse, escuchar, imaginar, dudar y, sobre todo, dejar que un libro nos cambiara un poco. Y nosotros, aquellos ocho o nueve alumnos curiosos, frikis y poetas frustrados, salíamos de allí cada semana con la sensación de haber viajado muy lejos sin movernos de nuestras sillas. Por arte de magia, me he convertido en el profesor Martín. ¡Qué tiempos!

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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