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Instalaciones de Ras Laffan, en Catar. Afp Llamada a la desescalada para frenar la guerra energética en el Golfo PérsicoEuropa y los países árabes exigen el cese de los ataques a plantas de petróleo y gas para evitar una crisis mundial por el encarecimiento de los combustibles
Viernes, 20 de marzo 2026, 00:46
... la ofensiva israelí sobre el campo de gas de South Pars, Teherán respondió con el lanzamiento de misiles para dañar las instalaciones del complejo industrial catarí de Ras Laffan, que casi triplica la superficie de París y que suministra la quinta parte del gas licuado mundial. Los daños, según los responsables de la planta, tardarán entre tres y cinco años en ser reparados. «Los precios en Europa subirán hasta 2027», pronostica un operador en 'Financial Times'. Comienza a ser una guerra en la que todos pierden y, ante el temor a una crisis energética prolongada, se produjo entre mandatarios mundiales un llamamiento generalizado a la desescalada para frenar esta guerra energética global que ha provocado una subida exponencial de los precios de los combustibles.Israel mata al ministro de Inteligencia iraní y acentúa la sangría del régimen
La UE da un portazo a la alianza propuesta por Trump para mantener abierto el estrecho de Ormuz
Cuando el miércoles el ejército de Israel bombardeó la infraestructura de la planta de gas iraní de South Pars apretó el interruptor de la alarma mundial. La mayor parte de la producción de esa infraestructura es para consumo interno de Irán, pero tuvo un efecto dominó en el resto del planeta. El régimen de los ayatolás, como había prometido, contraatacó donde más duele: en el complejo catarí de Ras Laffan. Una quinta parte del gas natural licuado (GNL) total procede de allí.
Las instalaciones gasísticas están entre las construcciones más complejas que ha realizado el ser humano. Y Ras Laffan es la mayor de todas. Varios incendios elevaron negras columnas de humo sobre el complejo y, a la vez, sobre los mercados. La empresa estatal QatarEnergy calcula que tardará «años» en recuperar su actividad habitual. Mientras dure la reparación perderá 20.000 millones de dólares anuales. Y quedarán cancelados contratos con Corea del Sur, China y países europeos como Bélgica e Italia. Catar ha perdido el 17% de su capacidad de producción de este combustible. «Esta ha sido siempre mi peor pesadilla, mi escenario apocalíptico», declaró en la publicación británica Anne-Sophie Corbeau, ex directora de análisis de BP y ahora miembro del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.
Washington se plantea levantar las sanciones a crudo iraní para liberar 140 millones de barriles
Europa tiembla. Tiene mayor dependencia del gas del Golfo Pérsico desde que redujo las importaciones de combustible ruso como represalia por la invasión de Ucrania. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, urgió ayer a encontrar «una salida» a la guerra en lugar de ir hacia una escalada que supondría «una imprudencia», según el presidente de Francia. Emmanuel Macron advirtió de que una destrucción de instalaciones de producción energética haría que el impacto de este conflicto se alargara durante mucho tiempo más. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a EE UU e Israel a detener una guerra «que amenaza con salirse por completo de control» y exigió a Irán que «no ataque» a sus vecinos. «La alternativa al orden internacional basado en normas –agregó– es el caos».
Desde el centro de las hostilidades, el primer ministro de Catar, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, dijo que «la guerra debe terminar de inmediato porque todo el mundo sabe quién es el principal beneficiario (en referencia a Israel) y este conflicto va a arrastrar a toda la región». En una reunión conjunta en Riad, los ministros de Exteriores de los países árabes condenaron los ataques iraníes «deliberados» contra infraestructuras civiles, incluidas «instalaciones petrolíferas, plantas desalinizadoras, aeropuertos, sedes diplomáticas y edificios residenciales».
Teherán no se pliega
La presión internacional no parece afectar a Irán. El régimen de los ayatolás asegura que aún no han acabado las represalias por la agresión israelí sobre South Pars. Además de provocar daños en Ras Laffan, Teherán martilleó con drones dos refinerías en Kuwait y una terminal de exportación en Arabia Saudí, todos aliados de Estados Unidos, que es el gran protector del Estado hebreo. «Si vuelven a atacar nuestros complejos energéticos, seguiremos respondiendo de esta manera», advirtió un alto cargo iraní. Ojo por ojo y refinería por refinería.
Desde el otro lado del frente, Donald Trump jura –lo confirmó Benjamín Netanyahu– que desconocía la ofensiva de Tel Aviv sobre South Pars. «Israel no realizará más ataques sobre esas instalaciones salvo si Irán lanza proyectiles sobre complejos energéticos de Catar. Si eso sucede, destruiremos el yacimiento por completo», avisó. «No quiero autorizar ese nivel de violencia debido a las implicaciones a largo plazo que tendría para el futuro de Irán, pero si la planta de GNL de Catar vuelve a ser bombardeada, no dudaré en hacerlo». En su apoyo, el secretario de Guerra de EE UU, Peter Hegseth, aseguró que su país «está ganando la guerra de manera decisiva». «Y como nosotros queremos».
119
dólares llegó al costar el barril de petróleo, que luego se estabilizó en 108.
Ese mensaje triunfalista no cuadra con la situación del bolsillo de los estadounidenses, que sufren la mayor subida –el 31%– en los precios de la gasolina. Es una situación paradójica para el mayor exportador de crudo del mundo. El barril de Brent llegó ayer a los 119 dólares, para bajar luego a 108. Y el gas natural licuado se disparó un 20% hasta alcanzar los 65 dólares el megavatio hora, el doble que antes de la guerra. La deriva es global: los mercados de bonos y acciones se desplomaron después de que los inversores advirtieran de una «crisis energética prolongada». Según los analistas, los bancos centrales tendrán que responder al repunte inflacionario provocado por la guerra en Oriente Medio elevando los costes de endeudamiento.
Ante esas expectativas, incluso Washington se prepara para un escenario adverso. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que su administración se plantea «levantar las sanciones al petróleo iraní» que ya se encuentra en cargueros y en tránsito. Estima que así sacaría al mercado unos 140 millones de barriles. Además, EE UU también estudia ampliar la liberación de más reservas estratégicas. Esta medida se sumaría a la suspensión durante 60 día de la Ley Jones que prohíbe a los buques extranjeros transportar crudo entre puertos norteamericanos y al levantamiento temporal de los castigos por la venta de petróleo ruso varado en el mar. Trump quiere más combustible en los mercados para que bajen los precios a medio año de una cita electoral.
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