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Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China

Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China
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A finales de febrero, los relojes de los mercados financieros parecieron detenerse. El cierre del Estrecho de Ormuz no era una simple escaramuza geopolítica; suponía amputar, de un día para otro, la principal arteria energética del planeta. Los manuales de economía clásica dictaban que la desaparición abrupta del 20% del crudo mundial desencadenaría una parálisis industrial, desabastecimiento generalizado y una recesión inminente. Sin embargo, más de cien días después del inicio del bloqueo, las economías occidentales siguen en pie y el barril de crudo, lejos de alcanzar los catastróficos 200 dólares que algunos fondos de inversión llegaron a vaticinar, se ha contenido por debajo de la barrera de los 100 dólares. Hemos sobrevivido a lo que, sobre el papel, es la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia. La pregunta que resuena ahora en las cancillerías europeas es unánime: ¿cómo lo hemos logrado y, sobre todo, hasta cuándo durará la tregua? En Xataka EEUU tenía un barco con 2.000 marines listo para invadir Irán. Ahora lo ha enviado justo al lugar donde más preocupa China La arquitectura de un rescate inesperado El hecho de que el mundo no haya colapsado se debe a una compleja red de contrapesos que han absorbido el golpe. El primer dato revelador lo aporta la agencia Reuters: la producción de los países de la OPEP ha caído este mes de mayo a su nivel más bajo desde el año 2000 (16,13 millones de barriles diarios) como consecuencia directa del cerco a Irán. A pesar de este agujero masivo en la oferta, el suministro global se ha reorganizado en tiempo récord. El analista Javier Blas desgrana en su columna de Bloomberg las claves de este milagro logístico. El salvavidas principal, paradójicamente, ha llegado desde Pekín. China ha hundido sus importaciones de petróleo por barco a mínimos de la última década (casi un 40% menos que el promedio del año pasado). Según Blas, esta inesperada destrucción de la demanda asiática ha actuado como una enorme válvula de escape: "Si Pekín estuviera comprando la misma cantidad de petróleo que en el pasado, la inflación global estaría descontrolada". A la contención china se suma un cambio tectónico en la hegemonía energética. Tal y como documenta Reuters, Estados Unidos ha aprovechado el caos para coronarse como el mayor exportador de petróleo del mundo, desbancando a Rusia y Arabia Saudí al despachar cerca de 10,5 millones de barriles diarios en mayo. Además, los países del Golfo no se han quedado de brazos cruzados. Los productores están utilizando una red de oleoductos menos conocidos a través de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos que sortean el cuello de botella de Ormuz, manteniendo vivos unos cinco millones de barriles diarios, además de sostener las infraestructuras de extracción "calientes" para un eventual reinicio rápido. El golpe silencioso Que no haya colas kilométricas en las estaciones de servicio ha generado una falsa sensación de inmunidad. El golpe económico de Ormuz está aterrizando, pero lo hace a través del sistema financiero. El conflicto bélico ha dinamitado la hoja de ruta de Christine Lagarde y el Banco Central Europeo (BCE), ya que el encarecimiento sostenido de los combustibles ha provocado que la inflación de la eurozona repunte hasta el 3,2% en mayo. Ante el miedo a que este sobrecoste se contagie de forma permanente a la cesta de la compra, el BCE se ha visto forzado a retomar las subidas de los tipos de interés este mes de junio, situándolos en el 2,25%. El verdadero precio de la guerra de Irán lo están pagando ya los hogares y empresas europeas a través de hipotecas más caras y créditos restringidos. Y el escenario sigue siendo un polvorín: la extrema volatilidad de los mercados tras los últimos ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán, que han mantenido al crudo Brent tensionado por encima de los 95 dólares. El termómetro asiático: la gran amenaza para España Mientras la macroeconomía global lidia con los tipos de interés, a nivel local se cierne una tormenta perfecta para el consumidor español de cara a los próximos meses. Y el detonante no será militar, sino climático. De acuerdo con las previsiones de la consultora Tempos Energía, recogidas por Europa Press, el precio de la luz en España este verano no dependerá de lo que ocurra en el Estrecho de Ormuz, sino de las temperaturas en Asia. Hasta ahora, Europa ha estado importando gas natural licuado (GNL) estadounidense sin demasiada competencia porque China no lo estaba demandando. Sin embargo, el director general de Tempos Energía, Antonio Aceituno, advierte de un vuelco inminente: "Cuando el calor llegue y el termómetro se dispare en Shanghái, los cargueros americanos se dividirán entre la demanda de Asia y Europa". Si el mercado asiático absorbe la oferta para alimentar sus redes de aire acondicionado, Europa se quedará sin alternativas baratas para cubrir sus propios picos de demanda estival, y con los depósitos a menos de la mitad de capacidad. El pronóstico de la consultora para España es severo: si China irrumpe en el mercado de compras, la factura eléctrica de julio y agosto podría escalar hasta la franja de los 88 a 95 euros por megavatio hora. Esto supone un aumento de hasta un 40%, lo que "equivaldría a pagar el doble de lo que se pagó en 2019". Una tregua con fecha de caducidad Hemos conseguido evitar el precipicio gracias a la inercia de unos inventarios previos a la guerra, a un despliegue histórico de reservas de emergencia y a la reconfiguración forzosa del mercado global. Si la diplomacia triunfa, Blas explica en que la infraestructura intacta del Golfo permitiría recuperar el 50% de la producción en cuestión de días. Sin embargo, fiar la estabilidad económica a un acuerdo diplomático inminente es un juego peligroso. Las reservas de emergencia no son infinitas y la capacidad de amortiguar shocks tiene un límite. El mundo ha demostrado una resiliencia asombrosa para sobrevivir sin su principal ruta petrolera, pero el blindaje se está agrietando. Si la situación se prolonga y la demanda veraniega aprieta, el apocalipsis que esquivamos en primavera podría llegar en forma de recibos inasumibles y recesión inducida. La factura de Ormuz, tarde o temprano, habrá que pagarla. Imagen | Unsplash 1 y 2 Xataka | Ucrania convirtió a los drones en cazadores. Un helicóptero derribado en Ormuz los ha transformado en película de Spielberg - La noticia Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China
  • Mientras Estados Unidos exprime sus pozos para sustituir al crudo saudí, el Banco Central Europeo ya ha encarecido el precio del dinero para frenar el contagio a la cesta de la compra

  • La inercia logística y el hundimiento histórico de la demanda en Pekín han evitado el desabastecimiento físico, pero la factura del conflicto se cobrará este verano en los mercados de gas natural licuado

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Alba Otero

Editora - Energía

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A finales de febrero, los relojes de los mercados financieros parecieron detenerse. El cierre del Estrecho de Ormuz no era una simple escaramuza geopolítica; suponía amputar, de un día para otro, la principal arteria energética del planeta. Los manuales de economía clásica dictaban que la desaparición abrupta del 20% del crudo mundial desencadenaría una parálisis industrial, desabastecimiento generalizado y una recesión inminente.

Sin embargo, más de cien días después del inicio del bloqueo, las economías occidentales siguen en pie y el barril de crudo, lejos de alcanzar los catastróficos 200 dólares que algunos fondos de inversión llegaron a vaticinar, se ha contenido por debajo de la barrera de los 100 dólares. Hemos sobrevivido a lo que, sobre el papel, es la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia. La pregunta que resuena ahora en las cancillerías europeas es unánime: ¿cómo lo hemos logrado y, sobre todo, hasta cuándo durará la tregua?

En XatakaEEUU tenía un barco con 2.000 marines listo para invadir Irán. Ahora lo ha enviado justo al lugar donde más preocupa China

La arquitectura de un rescate inesperado

El hecho de que el mundo no haya colapsado se debe a una compleja red de contrapesos que han absorbido el golpe. El primer dato revelador lo aporta la agencia Reuters: la producción de los países de la OPEP ha caído este mes de mayo a su nivel más bajo desde el año 2000 (16,13 millones de barriles diarios) como consecuencia directa del cerco a Irán. A pesar de este agujero masivo en la oferta, el suministro global se ha reorganizado en tiempo récord.

El analista Javier Blas desgrana en su columna de Bloomberg las claves de este milagro logístico. El salvavidas principal, paradójicamente, ha llegado desde Pekín. China ha hundido sus importaciones de petróleo por barco a mínimos de la última década (casi un 40% menos que el promedio del año pasado). Según Blas, esta inesperada destrucción de la demanda asiática ha actuado como una enorme válvula de escape: "Si Pekín estuviera comprando la misma cantidad de petróleo que en el pasado, la inflación global estaría descontrolada".

A la contención china se suma un cambio tectónico en la hegemonía energética. Tal y como documenta Reuters, Estados Unidos ha aprovechado el caos para coronarse como el mayor exportador de petróleo del mundo, desbancando a Rusia y Arabia Saudí al despachar cerca de 10,5 millones de barriles diarios en mayo.

Además, los países del Golfo no se han quedado de brazos cruzados. Los productores están utilizando una red de oleoductos menos conocidos a través de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos que sortean el cuello de botella de Ormuz, manteniendo vivos unos cinco millones de barriles diarios, además de sostener las infraestructuras de extracción "calientes" para un eventual reinicio rápido.

El golpe silencioso

Que no haya colas kilométricas en las estaciones de servicio ha generado una falsa sensación de inmunidad. El golpe económico de Ormuz está aterrizando, pero lo hace a través del sistema financiero. El conflicto bélico ha dinamitado la hoja de ruta de Christine Lagarde y el Banco Central Europeo (BCE), ya que el encarecimiento sostenido de los combustibles ha provocado que la inflación de la eurozona repunte hasta el 3,2% en mayo. Ante el miedo a que este sobrecoste se contagie de forma permanente a la cesta de la compra, el BCE se ha visto forzado a retomar las subidas de los tipos de interés este mes de junio, situándolos en el 2,25%.

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El verdadero precio de la guerra de Irán lo están pagando ya los hogares y empresas europeas a través de hipotecas más caras y créditos restringidos. Y el escenario sigue siendo un polvorín: la extrema volatilidad de los mercados tras los últimos ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán, que han mantenido al crudo Brent tensionado por encima de los 95 dólares.

El termómetro asiático: la gran amenaza para España

Mientras la macroeconomía global lidia con los tipos de interés, a nivel local se cierne una tormenta perfecta para el consumidor español de cara a los próximos meses. Y el detonante no será militar, sino climático.

De acuerdo con las previsiones de la consultora Tempos Energía, recogidas por Europa Press, el precio de la luz en España este verano no dependerá de lo que ocurra en el Estrecho de Ormuz, sino de las temperaturas en Asia. Hasta ahora, Europa ha estado importando gas natural licuado (GNL) estadounidense sin demasiada competencia porque China no lo estaba demandando. Sin embargo, el director general de Tempos Energía, Antonio Aceituno, advierte de un vuelco inminente: "Cuando el calor llegue y el termómetro se dispare en Shanghái, los cargueros americanos se dividirán entre la demanda de Asia y Europa".

Si el mercado asiático absorbe la oferta para alimentar sus redes de aire acondicionado, Europa se quedará sin alternativas baratas para cubrir sus propios picos de demanda estival, y con los depósitos a menos de la mitad de capacidad. El pronóstico de la consultora para España es severo: si China irrumpe en el mercado de compras, la factura eléctrica de julio y agosto podría escalar hasta la franja de los 88 a 95 euros por megavatio hora. Esto supone un aumento de hasta un 40%, lo que "equivaldría a pagar el doble de lo que se pagó en 2019".

Una tregua con fecha de caducidad

Hemos conseguido evitar el precipicio gracias a la inercia de unos inventarios previos a la guerra, a un despliegue histórico de reservas de emergencia y a la reconfiguración forzosa del mercado global. Si la diplomacia triunfa, Blas explica en que la infraestructura intacta del Golfo permitiría recuperar el 50% de la producción en cuestión de días.

Sin embargo, fiar la estabilidad económica a un acuerdo diplomático inminente es un juego peligroso. Las reservas de emergencia no son infinitas y la capacidad de amortiguar shocks tiene un límite. El mundo ha demostrado una resiliencia asombrosa para sobrevivir sin su principal ruta petrolera, pero el blindaje se está agrietando. Si la situación se prolonga y la demanda veraniega aprieta, el apocalipsis que esquivamos en primavera podría llegar en forma de recibos inasumibles y recesión inducida. La factura de Ormuz, tarde o temprano, habrá que pagarla.

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Xataka | Ucrania convirtió a los drones en cazadores. Un helicóptero derribado en Ormuz los ha transformado en película de Spielberg

Fuente original: Leer en Xataka
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