En los 80 a Indiana Jones le adivinabas la barba de cuatro días, pero solo eso. No podías verla realmente, porque en tus cintas VHS aquello era una sombra más que otra cosa. Los que peinamos canas tenemos la suerte (o la desgracia) de haber vivido tiempos pretéritos en los que la resolución de la imagen era algo arcano y misterioso.
Yo me conformaba con la calidad de vídeo de las cintas VHS de 'Los Goonies' o 'Indiana Jones y el Arca Perdida' y era feliz con mi C64 y sus 320x200 píxeles y esos partidos al 'Match Day II' con mi hermano en los que ambos disfrutábamos (y nos peleábamos) como si jugáramos al último FIFA EA Sports FC.
Luego, claro, todo mejoró y empezamos a darnos cuenta de que lo de la resolución era importante. Descubrimoso que los DVDs y su resolución 720x576 (en el sistema PAL usado en España, en EEUU el NTSC llegaba solo a 720 x480) era como ver el futuro hasta que ese futuro se convirtió en pasado con la llegada de las resoluciones HD Ready (720p) y sobre todo Full HD (1080p). De repente era absolutamente evidente que Harrison Ford no se había afeitado.
En Xataka
He usado un monitor 6K de 32”. Hoy entiendo por qué la resolución importa más que nunca
Ahí la cosa se empezó a poner seria de verdad. Tanto que hoy en día esa resolución Full HD sigue siendo un estándar de facto en la industria, aunque ha acabado pasando a segundo plano en muchos ámbitos con el nacimiento, popularización y auge de la resolución 4K. A Harrison ya no solo le veíamos la barbita incipiente, sino hasta los poros de la piel. Aquello era (y es) maravilloso y hasta un poco inquietante: ya no había ese efecto "belleza" implícito y terrible de resoluciones pobres y antediluvianas. A Indiana, como a todos los demás, les veías todos los detalles, para bien y para mal.
La industria, que suele acertar en eso de que más es mejor, quiso entonces proponernos un nuevo salto. Las 4K ya no son suficientes, señores: hay que dar paso a la resolución 8K. El estándar se creó, los fabricantes comenzaron a ofrecerlo en algunos modelos y los usuarios, que esperaban otra revolución visual como la que planteó la resolución 4K, se encontraron con una realidad.
Aquello no hacía falta.
La insoportable levedad de la resolución 8K
El tortazo de realidad llegó de forma errática pero evidente. Los estudios dejaban claro que la mejora en calidad de imagen no era especialmente perceptible, y la exigencia en cuanto a capacidad de transmisión de datos o almacenamiento era tan notable que la distribución de contenidos 8K ha acabado siendo una demo eterna. No hay apenas ejemplos decentes que defiendan que ese salto sea compense a nivel visual, y no hay ninguno que defienda su validez práctica.
El mercado de televisores 8K es prácticamente inexistente. Fuente: Omdia.
En los últimos tiempos esa realidad es cada vez más patente. Como señalaban en FlatpanelsHD, TCL ya comenzó a abandonarlos, y lo mismo decidió LG Display. Samsung es el único gran fabricante que por algún motivo inexplicable sigue defendiendo el mercado, pero ni LG ni Sony —recién cedida a TCL— apuestan ya por ese mercado.
Las ventas de estos televisores alcanzaron su pico en 2022, pero desde 2015 se han vendido tan solo 1,6 millones de estas TVs, cuando según Omdia hay "cerca de 1.000 millones de TVs 4K en uso".
El fracaso de 8K ha sido total en todos los apartados. El mundo de los videojuegos era uno de los que más planteaban que esa resolución sí podía tener sentido, pero es 2026 y aunque tenemos las gráficas más potentes de la historia, mover un juego a 8K y 60fps es casi una utopía para la inmensa mayoría de los usuarios. Y si no, que se lo digan a la PS5.
No solo eso: lograr jugar a 4K@60 ya es de por sí un logro en juegos AAA. Y mejor no hablar de streaming de contenidos: disfrutarlos en 4K incluso con el ancho de banda del que disponinemos no es ni mucho menos la norma, y poder acceder a streaming 8K plantea demasiados retos y pocas (o ninguna) ventajas prácticas.
La matriz de la distancia mínima a la que se recomienda ver una pantalla de cierto tamaño y con cierta resolución. Fuente: Universidad de Cambridge.
Y no es solo eso: es que como decíamos es muy difícil apreciar las diferencias con el vídeo 4K. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en Nature reveló que solo podríamos apreciarlas si tuviéramos una tele de 50 pulgadas a un metro de distancia.
Todo juega en contra de la resolución 8K, y aunque en el futuro eso podría sin duda cambiar, el interés por este tipo de contenidos y de TV parece haberse difuminado.
Dudo mucho que a Harrison Ford le importe. A mí, desde luego, no lo hace.
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La noticia
Llevamos años esperando a que las teles 8K se coman el mundo. Es evidente que vamos a esperar sentados
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Pastor
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Llevamos años esperando a que las teles 8K se coman el mundo. Es evidente que vamos a esperar sentados
Con los años nos hemos dado cuenta de algo importante: en realidad no nos hace falta la resolución 8K
En los 80 a Indiana Jones le adivinabas la barba de cuatro días, pero solo eso. No podías verla realmente, porque en tus cintas VHS aquello era una sombra más que otra cosa. Los que peinamos canas tenemos la suerte (o la desgracia) de haber vivido tiempos pretéritos en los que la resolución de la imagen era algo arcano y misterioso.
Yo me conformaba con la calidad de vídeo de las cintas VHS de 'Los Goonies' o 'Indiana Jones y el Arca Perdida' y era feliz con mi C64 y sus 320x200 píxeles y esos partidos al 'Match Day II' con mi hermano en los que ambos disfrutábamos (y nos peleábamos) como si jugáramos al último FIFA EA Sports FC.
Luego, claro, todo mejoró y empezamos a darnos cuenta de que lo de la resolución era importante. Descubrimoso que los DVDs y su resolución 720x576 (en el sistema PAL usado en España, en EEUU el NTSC llegaba solo a 720 x480) era como ver el futuro hasta que ese futuro se convirtió en pasado con la llegada de las resoluciones HD Ready (720p) y sobre todo Full HD (1080p). De repente era absolutamente evidente que Harrison Ford no se había afeitado.
Ahí la cosa se empezó a poner seria de verdad. Tanto que hoy en día esa resolución Full HD sigue siendo un estándar de facto en la industria, aunque ha acabado pasando a segundo plano en muchos ámbitos con el nacimiento, popularización y auge de la resolución 4K. A Harrison ya no solo le veíamos la barbita incipiente, sino hasta los poros de la piel. Aquello era (y es) maravilloso y hasta un poco inquietante: ya no había ese efecto "belleza" implícito y terrible de resoluciones pobres y antediluvianas. A Indiana, como a todos los demás, les veías todos los detalles, para bien y para mal.
La industria, que suele acertar en eso de que más es mejor, quiso entonces proponernos un nuevo salto. Las 4K ya no son suficientes, señores: hay que dar paso a la resolución 8K. El estándar se creó, los fabricantes comenzaron a ofrecerlo en algunos modelos y los usuarios, que esperaban otra revolución visual como la que planteó la resolución 4K, se encontraron con una realidad.
Aquello no hacía falta.
La insoportable levedad de la resolución 8K
El tortazo de realidad llegó de forma errática pero evidente. Los estudios dejaban claro que la mejora en calidad de imagen no era especialmente perceptible, y la exigencia en cuanto a capacidad de transmisión de datos o almacenamiento era tan notable que la distribución de contenidos 8K ha acabado siendo una demo eterna. No hay apenas ejemplos decentes que defiendan que ese salto sea compense a nivel visual, y no hay ninguno que defienda su validez práctica.
El mercado de televisores 8K es prácticamente inexistente. Fuente: Omdia.
En los últimos tiempos esa realidad es cada vez más patente. Como señalaban en FlatpanelsHD, TCL ya comenzó a abandonarlos, y lo mismo decidió LG Display. Samsung es el único gran fabricante que por algún motivo inexplicable sigue defendiendo el mercado, pero ni LG ni Sony —recién cedida a TCL— apuestan ya por ese mercado.
Las ventas de estos televisores alcanzaron su pico en 2022, pero desde 2015 se han vendido tan solo 1,6 millones de estas TVs, cuando según Omdia hay "cerca de 1.000 millones de TVs 4K en uso".
El fracaso de 8K ha sido total en todos los apartados. El mundo de los videojuegos era uno de los que más planteaban que esa resolución sí podía tener sentido, pero es 2026 y aunque tenemos las gráficas más potentes de la historia, mover un juego a 8K y 60fps es casi una utopía para la inmensa mayoría de los usuarios. Y si no, que se lo digan a la PS5.
No solo eso: lograr jugar a 4K@60 ya es de por sí un logro en juegos AAA. Y mejor no hablar de streaming de contenidos: disfrutarlos en 4K incluso con el ancho de banda del que disponinemos no es ni mucho menos la norma, y poder acceder a streaming 8K plantea demasiados retos y pocas (o ninguna) ventajas prácticas.
La matriz de la distancia mínima a la que se recomienda ver una pantalla de cierto tamaño y con cierta resolución. Fuente: Universidad de Cambridge.
Y no es solo eso: es que como decíamos es muy difícil apreciar las diferencias con el vídeo 4K. Un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en Nature reveló que solo podríamos apreciarlas si tuviéramos una tele de 50 pulgadas a un metro de distancia.
Todo juega en contra de la resolución 8K, y aunque en el futuro eso podría sin duda cambiar, el interés por este tipo de contenidos y de TV parece haberse difuminado.
Dudo mucho que a Harrison Ford le importe. A mí, desde luego, no lo hace.