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«Lo peor de los políticos es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido»

«Lo peor de los políticos es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido»
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«Las redes sociales son un turbión de vulgaridad que cae todos los días sobre nosotros», advierte el pensador donostiarra, que alerta también acerca del carácter servil de muchos: «Hay quien pagaría por venderse»

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Fernando Savater posa en un rincón de su domicilio durante la entrevista. Lobo Altuna

Fernando Savater | Filósofo y escritor

«Lo peor de los políticos es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido»

«Las redes sociales son un turbión de vulgaridad que cae todos los días sobre nosotros», advierte el pensador donostiarra, que alerta también acerca del carácter servil de muchos: «Hay quien pagaría por venderse»

César Coca

Sábado, 24 de enero 2026, 13:03

... voz más popular del pensamiento en España a partir de los ochenta. Autodefinido como 'filósofo de compañía', su producción literaria ha saltado del ensayo a la narración en un catálogo de una dimensión enorme. Lo es también la lista de sus premios y distinciones, que van del Euskadi al Nacional de Ensayo, pasando por el Planeta. Pero aún hay más. Savater ha bajado al barro de la política. Desde sus inicios libertarios primero y socialdemócratas luego, pasó a apoyar a UPyD, más tarde a Ciudadanos y finalmente al PP. Ahora publica 'Ni más mi menos' (Ed. Ariel), una recopilación de textos sobre democracia y populismo donde no elude meterse en terrenos pantanosos. Tampoco lo hace en esta entrevista.

- He defendido siempre la democracia como el régimen en el que la culpa de lo que pase la tienen los ciudadanos. En una dictadura se puede echar la culpa al dictador, pero en una democracia es diferente. No podemos pensar que los políticos son como marcianos venidos del espacio. Han surgido de la sociedad y los hemos elegido. En realidad, lo peor de los políticos en una democracia es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido.

- ¿Y la falta de responsabilidad de nuestra clase política? O aquello en lo que los han pillado lo hacen todos o es un asunto estructural. Todo menos asumir su culpa.

- Pasa en todas partes. Aquí sobre todo no se aceptan las responsabilidades institucionales. Pensemos en Mazón: más allá de dónde y con quién estuviera la tarde de la dana, lo primero es irte a tu casa y luego ya irá lo demás. Cuando la invasión de las Malvinas por Argentina, el canciller británico era Lord Carrington, y dimitió de inmediato por no haber sido capaz de prever lo que sucedió. Esa debería ser la norma. Ante la acumulación de escándalos, lo que vemos es gente con cara afligida. No quiero que me digan que están arrepentidos. Quiero que se vayan a su casa. En cambio, te dicen que asumen la responsabilidad y ya está. Asumirla debe consistir solo en decir que la asumes.

- ¿Por qué hay mucho más interés en dominar el relato que en gestionar bien?

- Porque vivimos en un mundo basado en la información. Nunca han tenido los medios el peso que tienen hoy, cuando estamos escuchando opiniones sobre lo que pasa todo el rato, todo el día. Ser dueño del relato es fundamental. Los dueños del poder son los dueños de la información porque definen los discursos dominantes. Ahora hay dogmas que ya no se pueden discutir.

- Pero incluso para el relato no escogen a gente que podría hacerlo bien. Unos y otros ponen al frente de ello a personas que deben creer que los ciudadanos son idiotas.

- El relato triunfador es el más simple. Un comunicador que dé explicaciones complejas no sirve. Sirven las simplezas.

Opinión pública

«Si los 'influencers' de hoy son El Gran Wyoming y Ramoncín, ¿cómo va a tener la gente una idea cierta de lo que pasa?»

- ¿Por qué ha dejado de tener valor la palabra dada? Un político anuncia en campaña que no hará pactos con otra fuerza política y ya puedes dar casi por hecho que lo hará, por ejemplo.

- Y sin que a nadie le preocupe. Vivimos en una época en la que las contradicciones son instantáneas. Antes podía suceder, y sucedía, que alguien no respetaba lo dicho en campaña, pero igual habían pasado dos o tres años. Hoy puede suceder de un día para otro. Por suerte, en la vida cotidiana la palabra continúa teniendo valor. Pero es porque no permitimos a un amigo lo que consentimos a un político.

- ¿Desde cuándo la elegancia, el buen gusto y las buenas maneras son de derechas?

- Estoy cada vez más convencido de que en casos como los que estamos descubriendo, de Ábalos y Salazar, por ejemplo, con esas conversaciones, lo más relevante es la falta de educación. Una persona educada, tenga la ideología que tenga, nunca se dirige a una mujer como lo hacía Salazar. Si eso te lo enseñan de pequeño, no lo haces de mayor. Igual te portas mal en otros campos pero no muestras esa falta de gusto. La cortesía es lo que permite vivir en sociedad.

- ¿Qué responsabilidad han tenido en ello las redes sociales?

- Mucha. Lo que corre por las redes sociales es más o menos eso. Son un turbión de vulgaridad que cae todos los días sobre nosotros.

Desprecio a las instituciones

- Hace algo menos de medio siglo, el programa de referencia en TVE en cuanto a análisis de un tema era 'La Clave', que llevaba a especialistas. Hoy, en todas las TV hay tertulias en las que participan siempre los mismos hablando de todo, con frecuencia con muy escaso conocimiento. ¿La culpa también es nuestra?

- Si los 'influencers' del momento son El Gran Wyoming y Ramoncín, ¿cómo va a tener la gente una idea cierta de lo que pasa? Las tertulias están pobladas por sectarios de todo tipo que cobran o no por decir algo que les dicen que digan. Se ha perdido capacidad de abstracción. Hoy todo el pensamiento va a ras de tierra, eso es lo que tiene éxito. Seguro que la educación también tiene su parte de culpa en esto. La educación no es la solución a todos los problemas, pero en la solución siempre hay una parte que corresponde a la educación.

- ¿Teme que algunas transformaciones de nuestro entramado legal que se están haciendo de una manera digamos atípica (en las leyes omnibus, utilizando al Constitucional) supongan un debilitamiento de las instituciones?

- El desprecio público a las instituciones fundamentales las debilita. Si alguien del Gobierno critica al Supremo, lo está debilitando. Los comentarios de ministros sobre la sentencia del fiscal general fueron un escándalo. Puedes tener opinión, por supuesto, pero si eres miembro del Gobierno no puedes formularla como si estuvieras en una taberna. Ni siquiera entiendo a todos los jueces que han opinado. ¿Quién les pregunta?

Responsabilidad

«Es preciso aprender a navegar entre falsedades, y esa tarea corresponde a un intelectual»

- ¿Qué siente cuando escucha a politólogos elogiar el sistema de elección de jueces de México o justificar a Maduro o no poner pega alguna a Kast?

- Uno va acumulando decepciones sobre las personas que ha conocido. Yo he sido especialmente ingenuo por haber creído en personas que luego he descubierto que eran serviles. Hay gente que pagaría por venderse.

- ¿Cree que la sociedad española está tan dividida como sus políticos?

- La polarización no tiene nada de raro en una democracia. Es la forma de vivir. Ya decía Montesquieu que si en un país no hay discusión es una dictadura. La polarización, si es argumental, está justificada. Pero en España no se basa en ideas sino en dicterios. Con Franco nadie hablaba de que había una polarización antifranquista. Lo que se echa de menos es la argumentación de los puntos de vista. Y le diré que una cierta intransigencia en algunos temas también es cuestión de salud mental.

- ¿Y los intelectuales? ¿Qué papel deberían cumplir en un momento como este?

- Han perdido un poco el carácter episcopal que tuvieron en épocas pasadas. Hoy están dispersos en las redes sociales, donde casi tiene la misma importancia Ramoncín que un premio Nobel. Es cierto que las redes han democratizado la opinión pero ahora vale lo mismo la de un gran experto que la de quien no sabe nada. Hoy es preciso aprender a navegar entre falsedades, y esa es una tarea que corresponde a un intelectual.

- Pues no sé si se espera poco de esos intelectuales, incluso nada.

- Es que se han domesticado tanto que es difícil que alguien se atreva a enfrentarse a la opinión pública. El caso de lo sucedido con el libro de Soto Ivars lo ejemplifica muy bien. Ha escrito un libro muy trabajado, con mucha documentación, y le ha caído la del pulpo por ir en contra de la opinión general. Alguna vez he dicho, y espero que se me perdone la expresión, que los intelectuales somos como las putas porque vivimos de gustar a todo el mundo. Si gustas, te darán premios, te invitarán a impartir conferencias bien pagadas, te llevarán de viaje a congresos… Y, mientras, el resto está a la intemperie.

Evolución personal

- Si la relevancia de un autor llega cuando su apellido se convierte en un adjetivo o un sustantivo, usted es importante. Ya hay quien habla de 'savaterización' para referirse a intelectuales que han transitado de la izquierda a la derecha.

- Decía Gustavo Bueno que él sostenía todo lo que había dicho con la condición de que en cada una de sus afirmaciones se indicara la fecha en la que la había lanzado. Los cambios de opinión son muy habituales. Manuel Sacristán, que hoy es un prohombre para la izquierda más izquierda, era un falangista que se vanagloriaba de tener la escuadra con las botas más limpias de Barcelona. Aranguren fue un personaje de derechas, del régimen, hasta que se convirtió en algo más crítico. Y nadie se llamaba a escándalo por esos cambios. Yo puedo haber cambiado de opinión, por supuesto. Sería tremendo después de todo lo vivido, lo visto, lo leído, pensar pasados los 70 lo mismo que a los 18. Habré cambiado, pero no tanto como el PSOE en los últimos años.

Libre expresión

«Si eres miembro del Gobierno no puedes expresar tus opiniones como si estuvieras en una taberna»

- Hace cuarenta años usted era el gran filósofo de la izquierda, muchas veces crítico con el PSOE de González. Desde ahí ha ido transitando hasta no ocultar sus simpatías con el PP. ¿Ha cambiado solo usted, ha cambiado el mundo, hemos cambiado todos, nos hemos hecho mayores?

- En más de cincuenta años de producción, he dicho no pocas tonterías y me he equivocado. Eso ni se discute. Eso sí, aseguro la buena voluntad de lo que he dicho a lo largo de mi vida. Y mi vehemencia en este momento se debe a una especie de responsabilidad por lo que dije en el pasado.

- ¿En qué sentido?

- En el de que intento reparar las equivocaciones que pude haber creado en otros con mis opiniones.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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