Domingo, 12 de abril de 2026 Dom 12/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Motor

Lo que está pasando con los camiones en EE.UU. va a cambiar los costes del transporte para siempre

Lo que está pasando con los camiones en EE.UU. va a cambiar los costes del transporte para siempre
Artículo Completo 2,531 palabras
Tesla Semi en ruta | Más de 800 km de autonomía en la versión Long Range, en producción desde 2026 El transporte de mercancías tiene dos grandes enemigos en su cuenta de resultados: el combustible y el personal. En Estados Unidos, los camiones eléctricos ya demuestran en rutas comerciales reales que pueden recortar ambas. En Europa, el reloj corre y las excusas se acaban. El sector del transporte de mercancías por carretera es, por definición, uno de los más pragmáticos de la economía. Las empresas que lo conforman, desde el gran operador logístico hasta el autónomo con un camión articulado, toman sus decisiones basándose en una variable que lo condiciona todo: el coste. No en compromisos medioambientales, no en directivas europeas, no en tendencias de mercado. En el dinero que entra y en el dinero que sale. Y es precisamente desde ese prisma, el de la rentabilidad pura y dura, desde donde hay que analizar lo que está pasando ahora mismo en el transporte de mercancías. Porque la revolución que viene no tiene una sola pata, tiene dos. La primera ya lleva años sobre la mesa: el camión eléctrico recorta el coste del combustible. La segunda acaba de aterrizar con toda su fuerza: el camión autónomo elimina la necesidad del conductor. Juntas, estas dos tecnologías atacan simultáneamente las dos partidas más grandes de la cuenta de explotación. Y en Estados Unidos ya no es una promesa. Es una realidad en carretera. El diésel devora presupuestos: cuánto pesa el combustible en los costes del transporte Para entender por qué la electrificación está resultando cada vez más atractiva para las empresas de transporte, hay que entender primero qué peso tiene el combustible en su estructura de costes. Según los datos del Observatorio de Costes del Transporte de Mercancías por Carretera del Ministerio de Transportes, el combustible representó en enero de 2025 el 29,7% del total de los costes de explotación de un camión articulado de carga general, solo superado por el personal y las dietas, que alcanza el 33,1%. El coste anual de ese vehículo se sitúa en torno a los 158.884 euros, con un coste por kilómetro de 1,32 €/km en vacío y 1,55 €/km cargado. Cualquier variación en el precio del gasóil se traduce de forma casi inmediata en una alteración directa de esos márgenes. La asociación gallega de empresarios del transporte Apetamcor va incluso más allá en su diagnóstico, advirtiendo de que el combustible puede llegar a representar entre el 30 y el 50% del coste total de una ruta, dependiendo de sus características. Para muchas pymes del transporte, que operan habitualmente con márgenes muy ajustados, una subida sostenida del gasóil no es un problema: es una amenaza existencial. Esos dos números, combustible al 29,7% y personal al 33,1%, son el punto de partida de todo este análisis. Porque la revolución que se avecina no ataca solo uno de ellos. La guerra de Irán, el ETS2 y el fin del combustible barato El contexto actual no hace sino agravar esa presión sobre el combustible. El conflicto de Irán ha disparado los precios del petróleo, y el sector del transporte por carretera ha sido uno de los más golpeados. Las asociaciones patronales ya han reclamado al Gobierno la activación de mecanismos de respuesta rápida, al igual que ocurrió en 2022 tras la invasión de Ucrania, cuando se destinaron 1.000 millones de euros al transporte por carretera en bonificaciones directas al combustible. Parches, en definitiva, para un problema estructural. Porque más allá de las medidas de emergencia, lo que la crisis energética está provocando es algo mucho más profundo: está haciendo que el análisis del Coste Total de Propiedad (TCO) de los vehículos eléctricos resulte cada vez más favorable frente al diésel. Si el gasóil sube, el ahorro potencial de la electrificación aumenta en la misma proporción. El conflicto de Irán está, paradójicamente, acelerando una transición que los reguladores europeos llevan años intentando fomentar con resultados moderados. Y aún hay más presión en el horizonte. En 2028 entrará en vigor el ETS2, el nuevo sistema europeo de comercio de emisiones que afectará directamente al transporte por carretera. Los proveedores de combustibles deberán adquirir derechos de emisión por el CO₂ que generen los carburantes que vendan, y ese sobrecoste se trasladará inevitablemente al precio final del gasóil: las estimaciones sitúan el impacto inicial entre 12 y 13 céntimos adicionales por litro, con previsiones de que pueda superar los 50 céntimos por litro en 2030. El tiempo de operar con diésel barato se está acabando. Furgonetas y última milla: esto ya no es una apuesta, es una decisión de negocio Si hay un segmento del transporte de mercancías donde la electrificación ya ha dejado de ser una apuesta de futuro, ese es el de las furgonetas de reparto y la logística de última milla urbana. La razón es sencilla: en este segmento confluyen todas las condiciones que hacen al vehículo eléctrico especialmente competitivo. Los recorridos son predecibles y limitados, rara vez superan los 240/320 km diarios, los vehículos regresan a base cada noche con la posibilidad de recarga nocturna, y las restricciones de acceso a las Zonas de Bajas Emisiones penalizan directamente a los vehículos diésel. El ahorro en energía es sustancial. El coste por kilómetro de una furgoneta eléctrica puede ser hasta un 70% inferior al de una equivalente de combustión. Para una empresa que recorre unos 30.000 km al año, los estudios apuntan a una amortización del mayor coste de adquisición entre 3 y 5 años solo con el ahorro en combustible y mantenimiento. Sin contar incentivos ni beneficios fiscales. DHL, Amazon, Correos y SEUR llevan años electrificando sus flotas de reparto urbano. No lo hacen por presión regulatoria ni por imagen de marca. Lo hacen porque, hecha la cuenta del TCO, el eléctrico ya les sale más barato. El Tesla Semi y los datos reales que ya no admiten debate En el segmento de los camiones pesados de larga distancia, la situación durante años ha sido diferente: el 99% de los camiones que circulan en Europa siguen funcionando con diésel, y las limitaciones de autonomía y la falta de infraestructura de recarga de alta potencia han sido barreras reales. Sin embargo, los datos que llegan de Estados Unidos están cerrando ese debate de manera definitiva. El Tesla Semi está demostrando sobre el asfalto lo que muchos consideraban imposible hace apenas tres años. DHL lo ha incorporado a su flota en California central, donde opera aproximadamente 160 km diarios y requiere solo una carga a la semana. En un piloto de largo recorrido de 628 km con un peso bruto de 34 toneladas, el camión promedió 1,07 kWh/km. ArcBest, a través de su división ABF Freight, completó en 2025 un piloto de tres semanas en el que acumuló 7.230 km con una media diaria de 517 km y una eficiencia de 0,96 kWh/km, cifras que destruyen el argumento de que los camiones eléctricos no pueden hacer trabajo pesado real. RoadOne, con trece años de relación logística con Tesla, ha ampliado directamente su flota de uno a diez camiones, con una eficiencia registrada de 1,18 kWh/km. PepsiCo lleva operando su flota de Tesla Semis desde finales de 2022. La traducción económica es clara. Un camión diésel típico de larga distancia puede quemar en torno a 46.000 euros en combustible por cada 161.000 km recorridos, aproximadamente un año de uso intensivo. El ahorro del eléctrico sobre esa cifra, combinado con la reducción del mantenimiento, sin aceite, sin filtros, sin embrague, sin sistema de escape, hace que el sobrecoste inicial del Tesla Semi, cuyo precio de producción en serie arranca en los 250.000 dólares, pueda recuperarse en un plazo razonable para cualquier flota con uso intensivo. Los fabricantes europeos no se han quedado quietos. El Mercedes eActros 600, primer camión eléctrico de largo recorrido producido en serie en Europa, ha demostrado en pruebas reales más de 500 km de autonomía con carga completa de 22 toneladas. El Volvo FH Aero Electric alcanza los 300 km en condiciones reales con hasta 540 kWh de batería. Y los camiones con extensor de autonomía, que combinan motor eléctrico con un pequeño generador, pueden reducir el TCO hasta un 33% frente al diésel convencional, según el FEV Group. La consultora Transport & Environment ya estableció, en colaboración con el Ministerio de Transportes español, que el punto de paridad general con el diésel en el segmento pesado llegaría antes de 2030. El camión autónomo ya circula: la revolución que ataca la partida más cara de todas Pero si hay una variable que cambia completamente la ecuación económica, es la que todavía no está en el debate europeo con la intensidad que merece. Recordemos ese dato: el personal y las dietas representan el 33,1% de los costes de explotación de un camión articulado, por encima incluso del combustible. ¿Qué ocurre cuando el camión se conduce solo? Eso ya no es una pregunta teórica. En abril de 2025, la empresa Aurora Innovation lanzó el primer servicio comercial de camiones sin conductor en carreteras públicas de Estados Unidos, con rutas regulares entre Dallas y Houston, unos 400 km, para sus primeros clientes: Uber Freight e Hirschbach Motor Lines. Sin safety driver. Sin nadie a bordo. Cargamentos reales, en rutas reales, a velocidades de hasta 120 km/h. A principios de 2026, Aurora acumula ya más de 400.000 km sin conductor con un historial de cero colisiones atribuidas a su sistema, opera diez rutas comerciales en el sur de Estados Unidos, y toda su capacidad está comprometida hasta el tercer trimestre de 2026. La empresa espera superar los 200 camiones autónomos en operación a finales de este año. Cabina del camión autónomo de Aurora en Texas | Aurora opera sin conductor entre Dallas y Houston desde abril de 2025, con cero colisiones registradasAurora no está sola. Kodiak Robotics opera en el Permian Basin texano con camiones completamente driverless en contratos de suministro para el sector energético. Waabi trabaja con Volvo en el desarrollo de tractoras de conducción autónoma para producción en serie. Torc Robotics, subsidiaria de Daimler Truck, avanza con Nvidia y Flex en una plataforma de producción para el Freightliner Cascadia. El ecosistema es ya suficientemente amplio como para no poder descartarlo como experimento de laboratorio. Y el propio Tesla ha confirmado que la autonomía llegará al Semi una vez que los camiones estén en las carreteras y generen datos suficientes, aplicando exactamente la misma tecnología que ya funciona en sus vehículos de pasajeros. La combinación de ambas tecnologías, eléctrico más autónomo, ataca simultáneamente las dos partidas más pesadas de la cuenta de resultados del transportista. Eso no es una tendencia. Es una disrupción estructural. Y en Europa, donde el reglamento de emisiones para vehículos pesados exige reducciones del 45% para 2030, el 65% para 2035 y el 90% para 2040 respecto a los niveles de 2019, el margen para ignorarlo se está agotando. La lógica que el conductor de a pie debería aplicar Y aquí llega la reflexión que todo este análisis inevitablemente provoca. Las empresas de transporte son usuarios intensivos del vehículo: un camión articulado puede recorrer más de 120.000 km al año; una furgoneta de reparto urbano, 30.000 o 40.000. Para esos niveles de uso, los números a favor del eléctrico son cada vez más difíciles de ignorar, y las empresas lo están viendo. Si para una empresa que opera con márgenes ajustados, que conoce al céntimo el coste de cada kilómetro recorrido, que analiza el TCO con precisión quirúrgica antes de cualquier inversión... si para esa empresa la electrificación empieza a salir rentable, ¿qué excusa tiene el conductor particular? El conductor medio en España recorre entre 15.000 y 20.000 km al año. Muy por debajo del uso profesional, sí. Pero el ahorro en combustible es proporcional, y la previsibilidad de sus rutas, casa, trabajo, compras, viajes de fin de semana, etc. Se adapta perfectamente al patrón de uso del vehículo eléctrico. La lógica es impecable: si un profesional del transporte, que vive de optimizar sus costes, ve en el eléctrico una opción rentable, es porque el eléctrico ya lo es. El conductor de a pie solo tiene que hacer los mismos números. Y los números, cada vez con más frecuencia, dan el mismo resultado.
Lo que está pasando con los camiones en EE.UU. va a cambiar los costes del transporte para siempre

El transporte de mercancías tiene dos grandes enemigos en su cuenta de resultados: el combustible y el personal. En Estados Unidos, los camiones eléctricos ya demuestran en rutas comerciales reales que pueden recortar ambas. En Europa, el reloj corre y las excusas se acaban.

Tesla Semi en ruta | Más de 800 km de autonomía en la versión Long Range, en producción desde 2026José D. Pascual[email protected]

Publicado: 12/04/2026 19:00

16 min. lectura

...

El sector del transporte de mercancías por carretera es, por definición, uno de los más pragmáticos de la economía. Las empresas que lo conforman, desde el gran operador logístico hasta el autónomo con un camión articulado, toman sus decisiones basándose en una variable que lo condiciona todo: el coste. No en compromisos medioambientales, no en directivas europeas, no en tendencias de mercado. En el dinero que entra y en el dinero que sale.

Y es precisamente desde ese prisma, el de la rentabilidad pura y dura, desde donde hay que analizar lo que está pasando ahora mismo en el transporte de mercancías. Porque la revolución que viene no tiene una sola pata, tiene dos. La primera ya lleva años sobre la mesa: el camión eléctrico recorta el coste del combustible. La segunda acaba de aterrizar con toda su fuerza: el camión autónomo elimina la necesidad del conductor. Juntas, estas dos tecnologías atacan simultáneamente las dos partidas más grandes de la cuenta de explotación. Y en Estados Unidos ya no es una promesa. Es una realidad en carretera.

El diésel devora presupuestos: cuánto pesa el combustible en los costes del transporte

Para entender por qué la electrificación está resultando cada vez más atractiva para las empresas de transporte, hay que entender primero qué peso tiene el combustible en su estructura de costes. Según los datos del Observatorio de Costes del Transporte de Mercancías por Carretera del Ministerio de Transportes, el combustible representó en enero de 2025 el 29,7% del total de los costes de explotación de un camión articulado de carga general, solo superado por el personal y las dietas, que alcanza el 33,1%. El coste anual de ese vehículo se sitúa en torno a los 158.884 euros, con un coste por kilómetro de 1,32 €/km en vacío y 1,55 €/km cargado. Cualquier variación en el precio del gasóil se traduce de forma casi inmediata en una alteración directa de esos márgenes.

La asociación gallega de empresarios del transporte Apetamcor va incluso más allá en su diagnóstico, advirtiendo de que el combustible puede llegar a representar entre el 30 y el 50% del coste total de una ruta, dependiendo de sus características. Para muchas pymes del transporte, que operan habitualmente con márgenes muy ajustados, una subida sostenida del gasóil no es un problema: es una amenaza existencial.

Esos dos números, combustible al 29,7% y personal al 33,1%, son el punto de partida de todo este análisis. Porque la revolución que se avecina no ataca solo uno de ellos.

Calcula ahora el precio de tu seguro de coche

Calcula tu precio online

La guerra de Irán, el ETS2 y el fin del combustible barato

El contexto actual no hace sino agravar esa presión sobre el combustible. El conflicto de Irán ha disparado los precios del petróleo, y el sector del transporte por carretera ha sido uno de los más golpeados. Las asociaciones patronales ya han reclamado al Gobierno la activación de mecanismos de respuesta rápida, al igual que ocurrió en 2022 tras la invasión de Ucrania, cuando se destinaron 1.000 millones de euros al transporte por carretera en bonificaciones directas al combustible. Parches, en definitiva, para un problema estructural.

Porque más allá de las medidas de emergencia, lo que la crisis energética está provocando es algo mucho más profundo: está haciendo que el análisis del Coste Total de Propiedad (TCO) de los vehículos eléctricos resulte cada vez más favorable frente al diésel. Si el gasóil sube, el ahorro potencial de la electrificación aumenta en la misma proporción. El conflicto de Irán está, paradójicamente, acelerando una transición que los reguladores europeos llevan años intentando fomentar con resultados moderados.

Y aún hay más presión en el horizonte. En 2028 entrará en vigor el ETS2, el nuevo sistema europeo de comercio de emisiones que afectará directamente al transporte por carretera. Los proveedores de combustibles deberán adquirir derechos de emisión por el CO₂ que generen los carburantes que vendan, y ese sobrecoste se trasladará inevitablemente al precio final del gasóil: las estimaciones sitúan el impacto inicial entre 12 y 13 céntimos adicionales por litro, con previsiones de que pueda superar los 50 céntimos por litro en 2030. El tiempo de operar con diésel barato se está acabando.

Furgonetas y última milla: esto ya no es una apuesta, es una decisión de negocio

Si hay un segmento del transporte de mercancías donde la electrificación ya ha dejado de ser una apuesta de futuro, ese es el de las furgonetas de reparto y la logística de última milla urbana. La razón es sencilla: en este segmento confluyen todas las condiciones que hacen al vehículo eléctrico especialmente competitivo. Los recorridos son predecibles y limitados, rara vez superan los 240/320 km diarios, los vehículos regresan a base cada noche con la posibilidad de recarga nocturna, y las restricciones de acceso a las Zonas de Bajas Emisiones penalizan directamente a los vehículos diésel.

El ahorro en energía es sustancial. El coste por kilómetro de una furgoneta eléctrica puede ser hasta un 70% inferior al de una equivalente de combustión. Para una empresa que recorre unos 30.000 km al año, los estudios apuntan a una amortización del mayor coste de adquisición entre 3 y 5 años solo con el ahorro en combustible y mantenimiento. Sin contar incentivos ni beneficios fiscales. DHL, Amazon, Correos y SEUR llevan años electrificando sus flotas de reparto urbano. No lo hacen por presión regulatoria ni por imagen de marca. Lo hacen porque, hecha la cuenta del TCO, el eléctrico ya les sale más barato.

El Tesla Semi y los datos reales que ya no admiten debate

En el segmento de los camiones pesados de larga distancia, la situación durante años ha sido diferente: el 99% de los camiones que circulan en Europa siguen funcionando con diésel, y las limitaciones de autonomía y la falta de infraestructura de recarga de alta potencia han sido barreras reales. Sin embargo, los datos que llegan de Estados Unidos están cerrando ese debate de manera definitiva.

El Tesla Semi está demostrando sobre el asfalto lo que muchos consideraban imposible hace apenas tres años. DHL lo ha incorporado a su flota en California central, donde opera aproximadamente 160 km diarios y requiere solo una carga a la semana. En un piloto de largo recorrido de 628 km con un peso bruto de 34 toneladas, el camión promedió 1,07 kWh/km. ArcBest, a través de su división ABF Freight, completó en 2025 un piloto de tres semanas en el que acumuló 7.230 km con una media diaria de 517 km y una eficiencia de 0,96 kWh/km, cifras que destruyen el argumento de que los camiones eléctricos no pueden hacer trabajo pesado real. RoadOne, con trece años de relación logística con Tesla, ha ampliado directamente su flota de uno a diez camiones, con una eficiencia registrada de 1,18 kWh/km. PepsiCo lleva operando su flota de Tesla Semis desde finales de 2022.

La traducción económica es clara. Un camión diésel típico de larga distancia puede quemar en torno a 46.000 euros en combustible por cada 161.000 km recorridos, aproximadamente un año de uso intensivo. El ahorro del eléctrico sobre esa cifra, combinado con la reducción del mantenimiento, sin aceite, sin filtros, sin embrague, sin sistema de escape, hace que el sobrecoste inicial del Tesla Semi, cuyo precio de producción en serie arranca en los 250.000 dólares, pueda recuperarse en un plazo razonable para cualquier flota con uso intensivo.

Los fabricantes europeos no se han quedado quietos. El Mercedes eActros 600, primer camión eléctrico de largo recorrido producido en serie en Europa, ha demostrado en pruebas reales más de 500 km de autonomía con carga completa de 22 toneladas. El Volvo FH Aero Electric alcanza los 300 km en condiciones reales con hasta 540 kWh de batería. Y los camiones con extensor de autonomía, que combinan motor eléctrico con un pequeño generador, pueden reducir el TCO hasta un 33% frente al diésel convencional, según el FEV Group. La consultora Transport & Environment ya estableció, en colaboración con el Ministerio de Transportes español, que el punto de paridad general con el diésel en el segmento pesado llegaría antes de 2030.

El camión autónomo ya circula: la revolución que ataca la partida más cara de todas

Pero si hay una variable que cambia completamente la ecuación económica, es la que todavía no está en el debate europeo con la intensidad que merece. Recordemos ese dato: el personal y las dietas representan el 33,1% de los costes de explotación de un camión articulado, por encima incluso del combustible. ¿Qué ocurre cuando el camión se conduce solo? Eso ya no es una pregunta teórica.

En abril de 2025, la empresa Aurora Innovation lanzó el primer servicio comercial de camiones sin conductor en carreteras públicas de Estados Unidos, con rutas regulares entre Dallas y Houston, unos 400 km, para sus primeros clientes: Uber Freight e Hirschbach Motor Lines. Sin safety driver. Sin nadie a bordo. Cargamentos reales, en rutas reales, a velocidades de hasta 120 km/h. A principios de 2026, Aurora acumula ya más de 400.000 km sin conductor con un historial de cero colisiones atribuidas a su sistema, opera diez rutas comerciales en el sur de Estados Unidos, y toda su capacidad está comprometida hasta el tercer trimestre de 2026. La empresa espera superar los 200 camiones autónomos en operación a finales de este año.

Cabina del camión autónomo de Aurora en Texas | Aurora opera sin conductor entre Dallas y Houston desde abril de 2025, con cero colisiones registradas

Aurora no está sola. Kodiak Robotics opera en el Permian Basin texano con camiones completamente driverless en contratos de suministro para el sector energético. Waabi trabaja con Volvo en el desarrollo de tractoras de conducción autónoma para producción en serie. Torc Robotics, subsidiaria de Daimler Truck, avanza con Nvidia y Flex en una plataforma de producción para el Freightliner Cascadia. El ecosistema es ya suficientemente amplio como para no poder descartarlo como experimento de laboratorio. Y el propio Tesla ha confirmado que la autonomía llegará al Semi una vez que los camiones estén en las carreteras y generen datos suficientes, aplicando exactamente la misma tecnología que ya funciona en sus vehículos de pasajeros.

La combinación de ambas tecnologías, eléctrico más autónomo, ataca simultáneamente las dos partidas más pesadas de la cuenta de resultados del transportista. Eso no es una tendencia. Es una disrupción estructural. Y en Europa, donde el reglamento de emisiones para vehículos pesados exige reducciones del 45% para 2030, el 65% para 2035 y el 90% para 2040 respecto a los niveles de 2019, el margen para ignorarlo se está agotando.

La lógica que el conductor de a pie debería aplicar

Y aquí llega la reflexión que todo este análisis inevitablemente provoca. Las empresas de transporte son usuarios intensivos del vehículo: un camión articulado puede recorrer más de 120.000 km al año; una furgoneta de reparto urbano, 30.000 o 40.000. Para esos niveles de uso, los números a favor del eléctrico son cada vez más difíciles de ignorar, y las empresas lo están viendo.

Si para una empresa que opera con márgenes ajustados, que conoce al céntimo el coste de cada kilómetro recorrido, que analiza el TCO con precisión quirúrgica antes de cualquier inversión... si para esa empresa la electrificación empieza a salir rentable, ¿qué excusa tiene el conductor particular? El conductor medio en España recorre entre 15.000 y 20.000 km al año. Muy por debajo del uso profesional, sí. Pero el ahorro en combustible es proporcional, y la previsibilidad de sus rutas, casa, trabajo, compras, viajes de fin de semana, etc. Se adapta perfectamente al patrón de uso del vehículo eléctrico.

La lógica es impecable: si un profesional del transporte, que vive de optimizar sus costes, ve en el eléctrico una opción rentable, es porque el eléctrico ya lo es. El conductor de a pie solo tiene que hacer los mismos números. Y los números, cada vez con más frecuencia, dan el mismo resultado.

La opinión de José D. Pascual

Hay algo profundamente revelador en el hecho de que la transición más rápida hacia los camiones eléctricos no esté ocurriendo en Europa, donde los reguladores llevan años empujando con directivas, plazos y subvenciones, sino en Estados Unidos, donde la conversación empieza y termina en la cuenta de resultados. Eso debería decirnos algo sobre qué mueve realmente a las industrias.

El dato que me parece más significativo de todo este análisis no es la autonomía del Tesla Semi ni los kilómetros sin conductor de Aurora. Es ese 33,1% de costes que representa el personal en la explotación de un camión articulado. Durante años hemos hablado del vehículo eléctrico como una solución al precio del gasóil. Bien. Pero la conducción autónoma ataca la partida más grande de todas, y lo hace con una tecnología que en Texas ya no es un piloto: es un servicio comercial con clientes reales pagando por él. Eso es un cambio de categoría, no de grado.

Lo que me preocupa es la velocidad a la que Europa está reaccionando. Tenemos la regulación más exigente del mundo en emisiones para vehículos pesados, pero la infraestructura de carga de alta potencia en ruta sigue siendo un mapa con demasiados huecos. Las empresas de transporte españolas, muchas de ellas pymes con acceso limitado al capital, necesitan ver infraestructura antes de comprometer inversiones de 250.000 euros por camión. La regulación empuja, pero sin la red que la soporte, el único resultado será más presión sobre los márgenes sin salida viable. Alguien tiene que construir los megacargadores europeos antes de que la multa llegue.

@JDavidPascual

Director & cofundador de Motor.es

Este artículo trata sobre

Calcula ahora el precio de tu seguro de coche

Calcula tu precio online
Fuente original: Leer en Motor - Noticias
Compartir