Varias imágenes del cuerpo sin vida de Alexey Navalny incluidas en los anexos de la autopsia.
Reportajes Los 276 folios de la autopsia rusa a Alexei Navalny incluyen sólidos indicios de que sufrió palizas y pudo ser envenenadoEl informe forense íntegro al que ha accedido EL ESPAÑOL pretendía demostrar una muerte por causas naturales alegando que el opositor tenía más de 30 enfermedades.
Las conclusiones, analizadas por un forense independiente, en su intento de fabricar una muerte natural, muestran signos compatibles con traumatismos causados por golpes y una intoxicación, tal y como denunció su familia.
Más historias:Muere Alexéi Navalny, líder de la oposición rusa, en la cárcel donde cumplía condena.
Ferran Barber Publicada 12 marzo 2026 02:50hEl equipo del difunto opositor rusoAlexey Navalny ha tenido en sus manos durante casi un año y medio la autopsia que funcionarios de Moscú practicaron al disidente y que entregaron a su familia tras su muerte.
Hasta la fecha, solo se habían filtrado algunos apartados de forma fragmentaria, pero esta misma semana se ha abierto la caja de los truenos cuando los medios del planeta han comenzado a desmenuzar por lotes el resto del contenido.
EL ESPAÑOL ha tenido acceso en exclusiva a las 276 páginas del informe forense y a una docena más de documentos.
Muere en una cárcel remota del círculo polar ártico Alexéi Navalni.
Todos ellos han sido evaluados íntegramente por este diario con la ayuda del vallisoletano Aitor Curiel López de Arcaute, un especialista en Medicina Legal y Forense que ha participado como perito en numerosos procedimientos judiciales relacionados con muertes violentas, custodia policial y análisis de lesiones traumáticas.
Lo interesante aquí es que, a pesar de que la autopsia pretende apuntalar la tesis de la muerte natural, desliza un número significativo de hallazgos que no desmienten ni el envenenamiento ni las agresiones físicas y que están sujetos a interpretaciones alternativas.
La madre de Navalny ve el cadáver de su hijo y Rusia la presiona para firmar que fue muerte naturalPretendían acreditar que no fue intoxicado y han sembrado más dudas.
A la vista del contenido del dictamen, López de Arcaute cree que "lo razonable en un caso así sería realizar una segunda autopsia, recoger de nuevo muestras para anatomía patológica, microbiología y toxicología e interpretar todos los hallazgos con independencia".
Algo que queda fuera de los planes de Putin y su gobierno.
Portada del documento principal del informe forense.
Los allegados del opositor no albergan ninguna duda de que el informe mezcla es básicamente el resultado de un compendio de falsificaciones, por acción y omisión. Pero vayamos por partes.
De ser cierto lo que dice el Kremlin, el disidente de 47 años era un hombre terriblemente enfermo en el momento de su fallecimiento en la prisión IK-3 de Jarp, más conocida como Lobo Polar.
Con arreglo al examen, padecía hipertensión arterial, cardiomegalia, encefalopatía vascular, edema pulmonar, bronquitis crónica, gastritis, nefroesclerosis, trastornos metabólicos y hepáticos...
Y así, hasta 30 enfermedades principales, patologías concomitantes y cambios degenerativos.
Cuesta creer que alguien que, según Moscú, estaba tan enfermo pudiera tan siquiera mantenerse en pie dentro de su celda.
El documento insiste especialmente en la existencia de una cardiopatía crónica avanzada.
A lo largo de varias páginas, los patólogos describen un corazón agrandado, con signos de miocardioesclerosis y aterosclerosis coronaria, un conjunto de alteraciones que −según el informe− podría favorecer la aparición de una arritmia fatal asociada a las patologías previas.
Ese énfasis no es casual. La tesis oficial rusa se apoya precisamente en la idea de que Navalny presentaba una enfermedad cardíaca subyacente capaz de provocar una muerte súbita sin necesidad de ningún factor externo.
Las filtraciones parciales de la autopsia han alimentado en redes una lectura casi detectivesca de detalles secundarios del cadáver.
Marcas en los brazos, supuestos hematomas y otras señales aisladas que algunos usuarios han presentado de inmediato como prueba de una agresión o de malos tratos.
De hecho, canales y comentaristas prorrusos y anti-Kremlin han usado esas imágenes para sostener interpretaciones opuestas a partir de los mismos píxeles.
El problema es que ese tipo de microlectura visual, arrancada de contexto, vale muy poco por sí sola.
Imagen incluida en el anexo fotográfico de la autopsia que muestra la fractura del cartílago cricoides de la laringe. Puede romperse en una estrangulación, pero también en una recuperación cardiaca muy violenta. Los diagramas intentan demostrar la dirección de la fuerza que causó la fractura para acreditar que se produjo durante el esfuerzo de reanimación de Navalny.
Así, por ejemplo, la literatura forense lleva años advirtiendo de que las equimosis y los hematomas son fáciles de malinterpretar en una autopsia.
También señala que las punciones intravenosas −en antebrazos, pliegues del codo, manos o pies− pueden dejar moretones llamativos e incluso hematomas considerables alrededor del punto de inserción.
Dicho de otro modo: algunas de las marcas que en redes se han leído como "golpes" también podrían ser, de forma perfectamente banal, el rastro de venopunciones, intentos de canalización o maniobras médicas previas o posteriores a la muerte.
La mayor polémica asociada a la filtración parcial de documentos relacionados con el peritaje forense ha estallado esta misma semana, cuando algunos medios publicaron fotografías extremadamente explícitas del cadáver sobre la mesa del patólogo que alguien había divulgado previamente en Telegram.
La reacción del entorno de Navalny ha sido inmediata y airada.
Colaboradores cercanos y miembros de su equipo han denunciado la difusión de esas imágenes −de una crudeza que muchos calificaron de "innecesaria" e "indecente"− como una vulneración de la dignidad del opositor y del dolor de su familia.
A su juicio, la aparición de fotografías del cuerpo abierto sobre la mesa de autopsias cruza una línea roja que no aporta información sustancial al debate forense y convierte la muerte de Navalny en un espectáculo macabro.
Por respeto a la familia, este periódico ha pixelado las fotos de los restos del cuerpo sin vida.
Según el documento, las imágenes muestran hematomas en la pierna izquierda y en la superficie dorsal del pie derecho del cadáver de. Navalny.
Lo más absurdo de todos esos escándalos transversales es que, en medio de ese ruido de ampliaciones, círculos rojos y conclusiones instantáneas, casi nadie se ha detenido a examinar con rigor el verdadero núcleo del caso.
Este se encuentra en las 276 páginas del informe forense con el que el Estado ruso dio carpetazo oficial a la muerte del preso de conciencia.
Cierto es que cualquier análisis de ese informe forense debe ser hecho a la luz de que su legitimidad −ha sido elaborado bajo la tutela de las mismas estructuras estatales interesadas en negar cualquier responsabilidad criminal− es, como mínimo, más que dudosa.
Pero entonces, ¿qué contiene exactamente esa voluminosa autopsia que EL ESPAÑOL ha traducido y procesado íntegramente?
De entrada, hay un dato que ningún patólogo pasaría por alto. Aparece en una línea técnica del informe dedicada a los pulmones: el derecho pesaba 980 gramos y el izquierdo 815. En conjunto, ambos pulmones sumaban cerca de 1,8 kilos.
Un pulmón derecho sano suele pesar entre 450 y 500 gramos y el izquierdo entre 400 y 450. O negro sobre blanco: en el momento de la autopsia, los pulmones de Navalny pesaban prácticamente el doble de lo habitual en un adulto saludable.
Los forenses describen además que, al cortar el tejido pulmonar, brotaba abundante líquido espumoso rosado y sanguinolento.
Es la imagen clásica de un edema pulmonar agudo, una acumulación masiva de líquido en los alvéolos que literalmente ahoga al organismo desde dentro.
En la versión oficial, ese hallazgo encaja con la tesis de una muerte arrítmica: el corazón falla, la circulación colapsa y los pulmones se llenan de líquido en los últimos minutos de vida.
Aunque el edema pulmonar es un hallazgo relativamente inespecífico en medicina forense y puede aparecer en múltiples causas de muerte súbita, el dato también admite una lectura alternativa mucho más inquietante.
En toxicología forense, un episodio médico como el que describe el informe aparece con frecuencia en determinadas intoxicaciones agudas.
Algunos venenos neurotóxicos pueden desencadenar una cascada fisiológica que termina con los alvéolos inundados de líquido espumoso y sanguinolento, exactamente la imagen que describen los patólogos rusos al abrir los pulmones del opositor.
No es una prueba concluyente de envenenamiento. Pero indica que en los instantes finales de su vida el organismo de Navalny sufrió un colapso respiratorio violento, compatible con algunos cuadros de intoxicación aguda.
Alexey Navalny sobrevivió a un intento de asesinato por envenenamiento en agosto de 2020, cuando enfermó gravemente durante un vuelo entre Tomsk y Moscú.
Navalny en el hospital alemán tras salir de la UCI.
Tras ser evacuado a Alemania, laboratorios europeos confirmaron que había sido intoxicado con novichok, un agente nervioso desarrollado en la Unión Soviética y prohibido por la Convención sobre Armas Químicas.
La familia y el entorno del opositor han sostenido siempre que el Kremlin nunca abandonó la idea de eliminarlo.
Y por eso, cuando Navalny murió el 16 de febrero de 2024 en la colonia penal IK−3 de Jarp, la sospecha de un segundo envenenamiento surgió casi de inmediato.
Tras su fallecimiento, Moscú entregó el cuerpo a su familia y ésta obtuvo muestras biológicas −tejidos, cabello y otros restos orgánicos− que posteriormente fueron remitidas a laboratorios europeos para un análisis toxicológico independiente.
De acuerdo con el equipo del disidente, esos materiales fueron examinados en al menos dos centros especializados fuera de Rusia.
Las conclusiones de ambos sugerían la presencia de epibatidina, un alcaloide neurotóxico extremadamente potente que se encuentra de forma natural en ranas venenosas del género Epipedobates.
Se trata de una sustancia rara en toxicología forense y conocida sobre todo en investigación farmacológica por su potencia: es cientos de veces más activa que la morfina y puede provocar colapso respiratorio y neurológico a dosis minúsculas.
Aunque sin pruebas documentales, el entorno del opositor afirma que el hallazgo fue posteriormente respaldado por autoridades de cuatro países europeos, que supuestamente tuvieron acceso a los resultados de laboratorio y coincidieron en que las muestras contenían trazas de ese compuesto.
Fotografía documental del interior de la celda o estancia de reclusión de Alexéi Navalny tomada tras su muerte en la colonia penal rusa.
De confirmarse plenamente, sería la primera vez que una toxina de este tipo aparece vinculada a la muerte de un líder político contemporáneo.
Y es justamente eso lo que ha reavivado la batalla pericial en torno a la muerte de Navalny.
La paradoja es que, aunque el documento concluye que Navalny murió de una arritmia, la autopsia despliega una batería analítica sorprendentemente amplia para un caso de supuesta muerte natural.
El laboratorio ruso analizó muestras de pulmón, tráquea, bazo y otros órganos en busca de patógenos respiratorios, bacterias, virus y distintos agentes capaces de provocar un colapso súbito del organismo.
Entre los microorganismos investigados figuran virus de la gripe, coronavirus humanos, adenovirus, neumococo, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydophila pneumoniae o incluso Mycobacterium tuberculosis.
En paralelo, el expediente señala que varias muestras biológicas fueron enviadas a investigación químico−toxicológica, el procedimiento habitual cuando los forenses tratan de descartar la presencia de sustancias capaces de provocar una intoxicación aguda.
Aunque el informe afirma que esas pruebas no detectaron ningún veneno, el mero hecho de que se realizaran −y con esa amplitud− revela hasta qué punto los propios investigadores consideraron necesario excluir una larga lista de hipótesis antes de cerrar el caso como una muerte natural.
Que un equipo de forenses rusos buscara venenos en el cuerpo de un opositor muerto en una prisión pública de la red federal habla por sí solo, incluso si lo hicieron para desmentir que fue en verdad envenenado.
Navalny, detenido en enero de 2021 al llegar al aeropuerto de Moscú. Reuters
Según la reconstrucción recogida en el expediente penitenciario que acompaña a la autopsia, Navalny comenzó a sentirse mal tras regresar del paseo reglamentario en el patio de la colonia penal.
Poco después perdió el conocimiento y fue trasladado al área médica del centro, donde el personal penitenciario y sanitario inició maniobras de reanimación cardiopulmonar que se prolongaron durante varios minutos antes de que los médicos certificaran oficialmente el fallecimiento.
La disección torácica del cadáver reveló asimismo una serie de lesiones traumáticas en el tórax y la vía aérea superior que ocupan varias páginas del informe y buena parte del atlas fotográfico que acompaña la autopsia.
Concretamente, los forenses describen fracturas en varios cartílagos costales y lesiones en la caja torácica, así como daños en estructuras de la vía respiratoria. Entre ellas figura una fractura del cartílago cricoides, uno de los anillos que forman la laringe y protegen la entrada de la tráquea.
Según la versión oficial, esas lesiones no fueron consecuencia de un traumatismo previo (una paliza, por ejemplo, o una caída no necesariamente accidental), sino el resultado de las citadas compresiones torácicas realizadas por el personal médico que intentó reanimarlo.
Y para reforzar esa tesis, los peritos incluyen incluso diagramas biomecánicos y explicaciones detalladas sobre las fuerzas que actúan sobre la caja torácica durante una reanimación.
Para los patólogos, este tipo de hallazgos siempre plantea una pregunta crucial: cuándo se produjeron exactamente.
Fracturas postmortem
El médico forense vallisoletano Aitor Curiel López de Arcaute explica a nuestro digital que, en efecto, algunas roturas pueden aparecer durante el propio examen del cadáver, simplemente al abrir el cuello para estudiar la vía aérea.
"Es muy habitual producir fracturas postmortem en el primer estudio de un cadáver", asegura el experto.
"En la autopsia del cuello debemos abrir la vía aérea en su totalidad para poder analizar la capa más interna y poder identificar cualquier lesión vital por mínima que esta sea".
Alexei Navalny, encarcelado. Reuters
"Al abrirla, rompemos cartílagos y anillos traqueales habitualmente", concluye el doctor Arcaute.
El trabajo de López de Arcaute combina la práctica pericial con la investigación médico−legal, lo que le ha llevado a intervenir en casos complejos en los que resulta necesario distinguir entre lesiones producidas en vida y daños derivados de la manipulación del cadáver.
"Normalmente si la fractura se produjo mientras estaba vivo tendrá signos de vitalidad", apostilla.
"Hay múltiples datos macroscópicos, microscópicos y bioquímicos que permiten diferenciar con claridad una fractura vital de una postmortem".
O dicho en términos mundanos: la presencia de hemorragias asociada a este tipo de fracturas traqueales suele indicar que el daño se produjo cuando todavía había circulación sanguínea.
Al decir del forense español, tampoco existe un patrón anatómico inequívoco que permita identificar con seguridad las fracturas provocadas por un masaje cardíaco.
"Es muy rara una fractura de esternón por una maniobra de reanimación, pero al final depende en gran medida de la pericia de la persona que realiza la RCP", añade.
¿A dónde nos lleva todo eso? Nos lleva, sobre todo, a una conclusión incómoda: que el propio informe ruso no elimina en absoluto las suspicacias que pretende eliminar.
Desde el punto de vista estrictamente forense, los elementos descritos en el expediente permiten construir la explicación oficial −una muerte arrítmica sobre un organismo muy deteriorado−, pero también dejan abiertas varias incertidumbres que, en cualquier investigación independiente, obligarían a profundizar.
Entre los hallazgos del informe evaluados por nuestro equipo aparece también la presencia de atropina. El fármaco no aparece únicamente en la sangre sino que se detecta en múltiples tejidos y órganos del cuerpo.
En toxicología forense, esa distribución amplia puede interpretarse de varias maneras.
La explicación más sencilla −y la que adopta el informe ruso− es que el medicamento fue administrado durante los intentos de reanimación y tuvo tiempo de circular por el organismo antes de que se produjera el fallecimiento definitivo.
Aitor Curiel López de Arcaute confirma que, en efecto, una distribución generalizada de esa sustancia en órganos y tejidos no es incompatible con su administración durante la reanimación, siempre que el paciente haya sobrevivido algunos minutos después de recibirlo.
"No se utiliza de forma rutinaria durante la reanimación cardiopulmonar avanzada para el paro cardíaco, pero está indicada en la bradicardia sintomática con compromiso hemodinámico", afirma.
"Si se administró en un paciente con una bradicardia extrema (situaciones en las que el corazón late demasiado despacio y la circulación se vuelve inestable) y tardó unos pocos minutos en fallecer, ya se justificaría sobradamente la distribución generalizada en distintos órganos".
El informe menciona también la recogida de diversas muestras biológicas destinadas a análisis toxicológicos y de laboratorio.
Entre ellas figuran las habituales en cualquier autopsia de posible intoxicación: sangre, orina, tejidos de órganos internos y contenido gástrico.
Navalny fue asesinado con el veneno de la rana dardo por el Kremlin: "Solo Rusia tenía los medios y los motivos"Estas últimas muestras pueden resultar especialmente relevantes cuando se investiga un posible envenenamiento, porque determinadas sustancias pueden desaparecer del torrente sanguíneo con rapidez, pero permanecer durante más tiempo en el estómago o en el material expulsado durante los momentos previos al colapso.
Aunque la autopsia señala que no se detectaron venenos en las muestras analizadas, el alcance de afirmaciones como esas debe ser siempre matizado.
"Esa es siempre una duda que sobrevuela cualquier estudio toxicológico. Es necesario saber qué baterías de tóxicos han sido analizadas", dice el forense castellano.
"No siempre se estudian todos los tóxicos. Es necesaria una sospecha para que no se nos escape un tóxico concreto muy específico o inhabitual".
Es decir, que la ausencia de veneno en el informe toxicológico no significa necesariamente que todas las sustancias posibles hayan sido descartadas, sino únicamente que no se encontraron aquellas que el laboratorio ruso decidió buscar.
Aun aceptando provisionalmente los hallazgos descritos por los cuestionables forenses rusos, la conclusión central del informe −que Navalny murió de una arritmia cardiaca− plantea una objeción que los propios especialistas conocen bien: no es un hallazgo visible en una autopsia.
La arritmia es, en realidad, una inferencia médica. Los patólogos observan determinadas lesiones cardíacas y, ante la ausencia de una causa de muerte evidente, deducen que el colapso pudo producirse por una alteración fatal del ritmo del corazón.
Ello significa que este diagnóstico suele considerarse una causa de muerte por exclusión: se propone cuando no existe una lesión anatómica evidente que explique el colapso.
Aitor Curiel López de Arcaute explica que ese tipo de razonamiento es relativamente frecuente en medicina legal.
Foto de archivo del opositor ruso Alexéi Navalny. Reuters
"En este caso la arritmia se sostiene en base a los hallazgos anatomo−patológicos que se objetivan: esclerosis cardiaca y miocardioesclerosis difusa", dice.
Los forenses observan lesiones crónicas en el corazón y deducen que el fallecimiento pudo producirse por una alteración eléctrica del órgano.
Pero esa deducción tiene un límite claro. La autopsia no demuestra la arritmia, sino que la propone como explicación plausible.
Y si la arritmia es una deducción y no un hallazgo observable, otros mecanismos capaces de provocar un colapso súbito tampoco quedan descartados.
Entre ellos, de nuevo, los envenenamientos. Todo este análisis, además, parte de un supuesto previo que muchos observadores y el propio entorno del opositor consideran profundamente problemático: dar credibilidad a una autopsia elaborada por las autoridades del mismo Estado bajo cuya custodia murió Navalny.
La sospecha de que el informe fue construido para apuntalar la muerte natural ayuda a explicar uno de los rasgos más llamativos del documento: su carácter extraordinariamente defensivo.
A medida que avanza, lo que en un principio parece una autopsia convencional se convierte progresivamente en un documento que no solo describe un cadáver, sino que responde de antemano a las críticas que supone que puede suscitar.
Para el entorno del opositor, ese esfuerzo explicativo es una excelente prueba de que el informe fue redactado con una conclusión ya decidida.