La paradoja de la diversidad
Los resultados revelan dinámicas simultáneas y contradictorias. A nivel individual, los sistemas de recomendación aumentan la variedad de lugares visitados al animar a las personas a descubrir nuevos sitios, lo que resulta en que cada persona explora más.
inteligencia artificial para resolver problemas no es fácil. Existe un nivel individual, un nivel social y, por supuesto, un nivel económico (impulsado por los intereses de quienes diseñan y prestan el servicio) que no se puede ignorar. Rara vez coinciden los tres, por lo que es crucial decidir qué postura adoptar. “Necesitamos identificar un sistema de valores de referencia, evitando el tecnosolucionismo”, añade Mauro. “La solución no puede ser únicamente tecnológica. Necesitamos regulaciones y políticas que obliguen a las plataformas no solo a optimizar las ganancias y la interacción, sino también a adoptar una perspectiva que respete los valores que, como sociedad, sostenemos”.Los autores del estudio aseguran con optimismo y determinación que continuarán la investigación en IA en la misma dirección (la que establece la Ley de Servicios Digitales en Europa). Al exigir a las plataformas que evalúen el impacto de sus propios algoritmos, creen que esta iniciativa ayudará a valorar cada vez más la contribución que los usuarios hacen cada vez que confían en una sugerencia basada en la IA, en lugar del instinto o el boca a boca.
El algoritmo ya no es solo un artefacto, un producto humano. Se ha convertido en un verdadero actor en las dinámicas sociales, y las está modificando. Por ende, merece atención, estudio y regulación, así como también la conciencia de que la velocidad con la que nos estandariza depende de cuán ciegamente obedecemos.
Artículo originalmente publicado enWIRED Italia. Adaptado por Andrea Baranenko.