¿Qué hacían dos mujeres sin parentesco abrazadas junto a un templo cristiano, en un lugar privilegiado?
Sin comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-06-09T12:00:16ZCarlos Prego
Editor - MagnetCarlos Prego
Editor - Magnet Linkedintwitter3279 publicaciones de Carlos PregoHay abrazos eternos, hay abrazos misteriosos, hay abrazos con tanta carga sentimental que solo los comprenden quienes se funden en ellos y luego hay abrazos como el de los dos cadáveres de la Edad Media localizados hace unos años junto a la catedral de Opole, en el sur de Polonia, que suman todas esas características (y alguna más). Cuando en 2023 los arqueólogos descubrieron sus cuerpos entrelazados bajo tierra empezaron a hacerse preguntas que esperaban resolver analizando muestras de ADN. Lo han conseguido… a medias.
Ahora los expertos entienden mejor a quienes pertenecían los cadáveres, pero están aún más confundidos sobre cómo deben interpretar su abrazo eterno.
En un lugar de Polonia… Para entender el misterio hay que remontarse a hace tres años, entre mayo de 2022 y noviembre de 2023, cuando un grupo de arqueólogos se puso a excavar en el entorno de la catedral de Opole, una pequeña ciudad de la Alta Silesia (Polonia) situada a orillas del río Oder.
Los orígenes del templo se remontan hasta el siglo XI (en el XIII se amplió gracias al apoyo de la nobleza local) y los investigadores esperaban que sus tumbas les ayudasen a comprender mejor los rituales funerarios de la época. En total descubrieron 46 enterramientos, aunque hubo uno en concreto que llamó su atención: una fosa que contenía dos esqueletos, bautizados como 'nº31' y '32'.
¿Qué tenían de especial? Para empezar, que su tumba se situaba en la zona norte de la catedral, cerca de los muros y cimentos del templo. Eso es relevante ya de por sí porque no todo el mundo podía aspirar a que sus restos descansasen en un lugar así. Cuando se sepultaron ambos cadáveres, en plena Edad Media, las zonas de enterramiento tan próximas al templo consagrado y sus reliquias se reservaban habitualmente para la gente más poderosa y adinerada.
Los huesos descasaban a 154 cm de profundidad y estaban muy deteriorados por el paso del tiempo, lo que complicaba enormemente su identificación. El motivo: en su día se depositaron en la tierra, solo con sudarios y sobre parihuelas, con lo que se han perdido partes del esqueleto y otras están fragmentadas.
Una postura enigmática. Aunque lo anterior resulta interesante, fue otra la razón que hizo que los arqueólogos se interesaran por los cuerpos nº31 y 32: su postura. El primer esqueleto (31) revela que el cadáver se enterró boca arriba, en la posición con la que se solía inhumar a los fallecidos. El 32 sin embargo estaba tumbado de lado, apoyado sobre uno de sus costado, con una pierna medio doblada y el brazo derecho estirado bajo el cráneo de su compañero.
La composición resulta tan clara en 2026 como probablemente lo era en el siglo XIII: ambos cadáveres están abrazados en una posición que denota intimidad.
Suma y sigue. Los de Opole no son los primeros enterramientos con siglos de antigüedad en los que hemos encontrado cuerpos abrazados. En 2007 vimos algo similar en Mantua, donde los arqueólogos descubrieron también los restos de dos cuerpos sepultados hace 5.000 años en una posición entrelazada. Y ese es solo uno de varios ejemplos. Otro lo localizamos en 2015 en el Peloponeso, donde se halló una pareja del 3.800 a a.C. enterrados en una pose parecida.
En XatakaLa Edad Media desarrolló un arte que hoy suena a ciencia ficción: representar 9.999 números solo con los dedos¿Y qué significa? La gran pregunta. Lo más lógico es suponer que las dos personas enterradas en Opole mantenían una relación tan estrecha que quienes los sobrevivieron creyeron que lo más adecuado era enterrarlas juntas, en una posición íntima, con sus cuerpos entrelazados. La clave es… ¿Por qué?
¿Eran familia? ¿Mantenían una relación romántica? No es una cuestión sencilla porque al plantearla desde el siglo XXI corremos el riesgo de intentar responderla con un enfoque presentista, basado en nuestra propia visión del mundo.
⌛️ SORTEO ACTIVO EN XATAKA XTRA Esta Nintendo Switch 2 podría ser tuya Suscríbete por solo 2€/mes hasta el 19 de junio y entra en el sorteoEl comodín del ADN. Para despejar incógnitas un grupo de investigadores recurrió al análisis de ADN. Su objetivo era someter los huesos desenterrados junto a la Catedral de la Santa Cruz de Opole a un examen arqueogenético en busca de algunas respuestas: ¿Qué edad y sexo tenían ambos fallecidos? ¿Eran familiares? ¿Quizás eran padre e hijo, hermanos, un tío y su sobrino?
Los resultados acaban de divulgarlos en un artículo publicado en la revista Archaeological Science: Reports y son sorprendentes. Pese a que los huesos se han degradado y no permiten analizar el esmalte dental, un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Kiel sí ha revelado tres pistas. Primero, los cuerpos pertenecían a dos personas que rondaban los 40 años. Segundo, ambos se corresponden con mujeres. Y tercero, entre ellas no había parentesco.
Hay vínculo, pero… ¿cuál? "Nuestro análisis del ADN muestra que las dos mujeres no tenían un vínculo sanguíneo cercano, pero la genética no puede decirnos cómo estaban conectadas social o emocionalmente", reconoce a El País Joanna Romeyer-Dherbey, una de las investigadores que firma el paper y quien destaca lo "extraordinario" que resulta que siglos después la arqueogenética pueda revelarnos los secretos de dos personas enterradas juntas.
Si no eran familiares directos, y a la vista de cómo han aparecido enterradas, ¿significa eso que las dos mujeres de Opole eran amantes? ¿Estamos ante una pareja homosexual enterrada junta y abrazada en plena Edad Media? Los investigadores no pueden descartarlo. Tampoco afirmarlo "con confianza".
En XatakaEn la Edad Media era habitual dormir dentro de armarios de madera. La gran pregunta es por qué dejamos de hacerloTeorizar sí, pero con cautela. En lo que sí insiste su artículo es en la llamada a la precaución: "Los arqueólogos deben evitar proyectar categorías culturales modernas sobre las prácticas del pasado cuando las pruebas materiales no permiten distinguir entre múltiples explicaciones plausibles".
Al fin y al cabo, ambas mujeres podían ser amantes, pero también amigas, familiares sin vínculo biológico (por vía de adopción, por ejemplo) o incluso miembros de una misma comunidad religiosa. Rizando el rizo, ¿y si hubiesen fallecido a la vez de forma trágica y la comunidad decidió enterrarlas juntas?
¿Hay más pistas? Sí. Una. Y es fundamental. Los cuerpos no solo han aparecido en la misma fosa, en una posición que denota un abrazo. Otro dato clave que no puede omitirse es dónde se situaba su tumba, justo al lado de los muros de la catedral, en un terreno con una profunda carga religiosa y reservado en teoría para los fieles más influyentes. ¿Es posible que una pareja homosexual que iba contra lo aceptado por las autoridades eclesiásticas acabase allí?
"La ubicación también resulta significativa, ya que las zonas adyacentes a los muros de las iglesias se consideraban lugares de enterramiento prestigiosos. Es poco probable que personas que hubieran infringido los principios del cristianismo medieval se enterraran en un lugar distinguido", concluyen los expertos en declaraciones recogidas por La Brújula Verde.
Siguiendo la pista. Que (al menos de momento) no podamos ir más allá no significa que el enigma sea irresoluble o no podamos sacar lecciones de él. Como insiste el paper, se trata de la "primera evidencia genéticamente confirmada de entierros de personas del mismo sexo en la Polonia medieval" y abre una puerta para investigar cómo las uniones "más allá del parentesco" podían ser lo suficientemente fuertes como para trasladarse a la tumba.
Imágenes | Wikipedia 1 y 2