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Los astronautas de la Artemis II están ya más cerca de la Luna que de la Tierra

Los astronautas de la Artemis II están ya más cerca de la Luna que de la Tierra
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La nave sobrevolará el lunes la cara oculta del satélite y batirá el récord de distancia del Apolo 13 marcado en 1970

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Lo astronautas de la misión Artermis II se encontrarán el lunes más lejos de nuestro planeta de lo que ha estado jamás ningún ser humano. EFE Los astronautas de la Artemis II están ya más cerca de la Luna que de la Tierra

La nave sobrevolará el lunes la cara oculta del satélite y batirá el récord de distancia del Apolo 13 marcado en 1970

Isabel Urrutia Cabrera

Sábado, 4 de abril 2026, 20:55 | Actualizado 21:18h.

... 35 hora local (22.35 UTC) desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida, impulsada por el Space Launch System (SLS), el cohete más potente de la Nasa: 98 metros de altura, 2.600 toneladas de masa al despegue y cerca de 39 meganewtons de empuje al lanzamiento. La columna de fuego que dejó tras de sí iluminó la costa atlántica y se vio desde más de 100 kilómetros a la redonda.

Han pasado 53 años desde la última vez que un ser humano se alejó tanto de la Tierra. En diciembre de 1972, Eugene Cernan y Harrison Schmitt caminaron sobre el valle de Taurus-Littrow durante la misión Apolo 17 y, al regresar, nadie imaginó que la humanidad tardaría más de medio siglo en volver a intentarlo. Ahora ha llegado el momento de Artemis II .

Tras el lanzamiento, la etapa superior del SLS elevó la órbita de la Orión en una serie de maniobras preparatorias. A continuación, la cápsula se separó de la etapa del cohete y Victor Glover tomó los mandos para realizar operaciones de proximidad: era la primera vez que un astronauta pilotaba manualmente una nave más allá de la órbita baja desde los tiempos del programa Apolo. No era un mero trámite: si algo sale mal cerca de la Luna, la capacidad de pilotar a mano marca la diferencia entre la vida y la muerte, como demostró el propio Apolo 13 en 1970. Después de ese ejercicio tan delicado, el módulo de servicio europeo encendió su motor principal para ejecutar la inyección translunar, el empujón decisivo que sacó a la Orión de la órbita terrestre y la puso rumbo a la Luna. El administrador de la Nasa, Jared Isaacman, siguió en todo momento la operación desde el Centro de Control de Misión.

La Orión no viaja sola. Su módulo de servicio, el corazón energético de la nave, ha sido diseñado y construido por la Agencia Espacial Europea (ESA), lo que convierte a Artemis II en un esfuerzo genuinamente transatlántico. Es el módulo de servicio europeo el que proporciona la propulsión, la electricidad, el agua y el control térmico que mantienen con vida a los cuatro tripulantes durante los diez días de vuelo.

Ayer, cuarto día de misión, la Nasa difundió las primeras fotografías de la Tierra tomadas por la tripulación desde el interior de la Integrity. En las imágenes, nuestro planeta aparece ya como una esfera suspendida en la oscuridad, lo bastante pequeña como para cubrirla con el pulgar extendido. Se trata del célebre gesto que todos los astronautas lunares, desde los tiempos de Borman y Lovell, han descrito como el instante en que la perspectiva cambia para siempre. En ese momento, al disparar sus cámaras Nikon (D5 y Z9), la nave se encontraba ya más cerca de la Luna que de la Tierra.

La misión alcanzará mañana su momento culminante: el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna. Durante la maniobra, la Orión pasará a unos 6.500 kilómetros de la superficie lunar, lo suficiente para contemplar por primera vez en más de medio siglo la cara que nunca mira hacia la Tierra. En ese punto, los cuatro astronautas se encontrarán más lejos de nuestro planeta de lo que ha estado jamás ningún ser humano, superando el récord de 400.171 kilómetros establecido por la tripulación del Apolo 13 en abril de 1970. Y durante los minutos en que la nave sobrevuele la cara oculta, las comunicaciones con Houston se cortarán por completo: estarán solos, sin más compañía que el silencio del cosmos.

Artemis II no alunizará. Su objetivo no es posarse sobre la superficie, sino probar en condiciones reales todos los sistemas críticos de la Orión: el soporte vital que mantiene respirable el aire de la cabina, las comunicaciones en espacio profundo, la navegación a cientos de miles de kilómetros de cualquier punto de referencia terrestre y, sobre todo, el escudo térmico que deberá proteger a la tripulación cuando la cápsula se precipite de regreso a la atmósfera a más de 40.000 kilómetros por hora. Es un vuelo diseñado para demostrar una sola cosa: que la Orión puede llevar a sus ocupantes hasta la Luna y traerlos de vuelta sanos y salvos. Se trata del primer ensayo antes de que Artemis III (prevista para 2027) pruebe módulos de alunizaje en órbita terrestre y Artemis IV intente, en 2028, lo que no se ha hecho desde 1972: posar a dos personas sobre el suelo lunar.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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