En las aguas cristalinas del sudeste asiático, donde el Estrecho de Malaca se encuentra con el Mar de China Meridional, se está librando una guerra que no aparece en los partes militares convencionales. No hay trincheras, pero sí cascos oxidados que apagan su señal de GPS para desaparecer de los radares internacionales. Se trata del reino de la "flota fantasma", un ecosistema de barcos sin ley que, según las últimas investigaciones, ha encontrado en Malasia su puerto seguro, duplicando su actividad en apenas doce meses. Sin embargo, el tiempo de la impunidad parece estar agotándose: desde el uso de inteligencia artificial hasta el despliegue de drones navales, la tecnología está empezando a iluminar los rincones más oscuros del océano.
El boom del mercado negro. La situación en la costa este de Malasia ha dejado de ser un secreto a voces para convertirse en un problema de seguridad global. Según informa el medio especializado Seatrade Maritime, las transferencias de petróleo "barco a barco" (STS) se han duplicado recientemente, pasando de apenas siete operaciones semanales a picos de quince en solo un año. Este aumento responde a una infraestructura diseñada para burlar las sanciones impuestas a Rusia, Irán y Venezuela, utilizando aguas malayas como una gigantesca estación de servicio clandestina antes de que el crudo siga su camino, principalmente hacia China.
El analista Charlie Brown, de la organización UANI, ha logrado captar mediante imágenes de satélite y fotos directas una realidad inquietante. A mediados de enero de 2026, unos 60 buques vinculados al petróleo iraní y otros 30 con cargamentos rusos y venezolanos esperaban fondeados en la Zona Económica Exclusiva de Malasia. Estos barcos no solo operan fuera de la ley, sino que lo hacen bajo condiciones técnicas deplorables. Las imágenes distribuidas por UANI muestran petroleros con nombres falsos pintados a brocha gorda sobre sus cascos y banderas de conveniencia ocultas bajo lonas para engañar a las autoridades.
En Xataka
Canarias y Galicia han hecho saltar las alarmas de la Armada. La flota fantasma de Rusia ha llegado a España con buques de guerra
La metamorfosis de la amenaza. Lo que comenzó como una estrategia puramente económica para mantener el flujo de ingresos de Moscú ha mutado en algo mucho más peligroso para la seguridad europea. Como relatan las crónicas de mi compañero Miguel Jorge en Xataka, Rusia ha convertido parte de esta flota en plataformas encubiertas de guerra híbrida. No solo se trata de mover barriles; ahora estos buques incorporan "técnicos" que, bajo una apariencia civil, suelen ser veteranos de fuerzas especiales o mercenarios vinculados al grupo Wagner.
Estos agentes ejercen una autoridad que a menudo supera la del propio capitán del barco y han sido señalados por realizar fotografías de instalaciones militares y monitorear cables submarinos en aguas de la UE y la OTAN. Un ejemplo de esta tensión se vivió con el petrolero Boracay, que tras embarcar a técnicos rusos en el Báltico, fue interceptado por la marina francesa frente a Bretaña después de que se detectaran drones sospechosos sobrevolando infraestructuras críticas en Copenhague. La flota fantasma es hoy, en esencia, una extensión del aparato de seguridad del Kremlin navegando con impunidad bajo banderas de países como Gabón o Gambia.
Un nuevo orden energético fragmentado.
Desde el plano académico, el análisis del Real Instituto Elcano subraya que este fenómeno es el síntoma de una "deglobalización" del mercado del gas y el petróleo. En su informe, el investigador Gonzalo Escribano explica que las cadenas de valor internacionales, antes basadas en la eficiencia y la transparencia, están siendo reemplazadas por circuitos "blindados geoeconométricamente". Europa se encuentra en una encrucijada: aunque busca desvincularse de la energía rusa, la persistencia de estos mercados negros complican la autonomía estratégica.
Esta fragmentación ha llegado incluso al mercado del GNL (Gas Natural Licuado). Según Bloomberg, se han documentado transferencias de gas ruso sancionado en aguas de Malasia, una operación técnicamente mucho más compleja que la del petróleo crudo. El buque Perle, gestionado por una opaca compañía con sede en un hotel de Dubái, es el rostro de esta nueva red que busca desesperadamente compradores en Asia para el gas que Europa ya no quiere.
La respuesta tecnológica: IA y drones al rescate. Ante una flota que "apaga" el mundo real mediante el pirateo de señales GPS (spoofing) y el apagado de transpondedores, la respuesta está siendo puramente tecnológica. El medio CNBC destaca que, de los buques cargados con crudo iraní en 2025, el 96% realizó transferencias oscuras y el 77% falsificó su ubicación. Para combatir este "apagón", Ucrania ha mostrado el camino con una innovación que ha dejado obsoletas a las flotas convencionales: el uso de inteligencia artificial en drones navales.
Los drones Sea Baby han multiplicado sus capacidades gracias a la IA, permitiendo ataques de precisión a miles de kilómetros de distancia. En una operación reciente cerca de la costa turca, estos drones impactaron contra petroleros de la flota fantasma rusa apuntando específicamente a los timones y sistemas de propulsión. El objetivo no es hundirlos, lo que provocaría un desastre ecológico de dimensiones catastróficas, sino inutilizarlos y convertirlos en una carga económica insoportable para quienes los operan. Esta "ofensiva de precisión" está forzando a las aseguradoras y navieras a reconsiderar el riesgo de colaborar con Moscú, elevando los costes de la guerra para el Kremlin.
El dilema de la seguridad y el medio ambiente. La proliferación de barcos ancianos, sin seguros de responsabilidad civil y con mantenimiento dudoso, es una bomba de relojería ambiental. Lars Barstad, CEO de la operadora Frontline, advirtió en el Financial Times que organismos como la Organización Marítima Internacional (IMO) parecen estar "durmiendo al volante". Barstad señala que es solo cuestión de tiempo que ocurra un desastre mayor, ya que estos barcos operan fuera de cualquier marco regulatorio.
Mientras tanto, la presión diplomática aumenta. EEUU ha iniciado una campaña de incautaciones agresivas, como la del buque Marinera (antes Bella 1), que fue abordado por la Guardia Costera estadounidense en aguas del Atlántico Norte tras una persecución desde el Caribe. Esta "diplomacia de cañonero" del siglo XXI, analizada por el Atlantic Council, plantea retos legales inmensos: una vez incautado un gigante de acero lleno de crudo, los costes de mantenimiento y almacenamiento son astronómicos.
El fin de la sombra. El reportaje del tablero geopolítico actual muestra que Malasia, España o las aguas del Caribe son solo escenarios de una batalla mayor por la visibilidad. La flota fantasma sobrevive en la sombra de la ambigüedad legal, pero el avance de la inteligencia artificial y el monitoreo satelital constante están estrechando el cerco. Como bien concluye el análisis de mi compañero, no se trata de un ataque frontal, sino de una presión constante que explota las zonas grises del comercio y la seguridad. En este tablero, la guerra ya no solo se declara; se navega, se detecta y, finalmente, se desactiva con tecnología.
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Xataka | Un invitado inesperado ha aparecido en la particular fiesta de Estados Unidos en Venezuela: la "flota fantasma" rusa
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La noticia
Los barcos de la "flota fantasma" petrolera apagan sus GPS para no ser detectados. Malasia va a cazarlos con drones
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Xataka
por
Alba Otero
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Los barcos de la "flota fantasma" petrolera apagan sus GPS para no ser detectados. Malasia va a cazarlos con drones
Bombas de relojería en alta mar: el peligro real de navegar con barcos de 30 años y sin seguro internacional
La Organización Marítima Internacional "duerme al volante" mientras la flota oscura dobla sus operaciones en el Sudeste Asiático
En las aguas cristalinas del sudeste asiático, donde el Estrecho de Malaca se encuentra con el Mar de China Meridional, se está librando una guerra que no aparece en los partes militares convencionales. No hay trincheras, pero sí cascos oxidados que apagan su señal de GPS para desaparecer de los radares internacionales. Se trata del reino de la "flota fantasma", un ecosistema de barcos sin ley que, según las últimas investigaciones, ha encontrado en Malasia su puerto seguro, duplicando su actividad en apenas doce meses. Sin embargo, el tiempo de la impunidad parece estar agotándose: desde el uso de inteligencia artificial hasta el despliegue de drones navales, la tecnología está empezando a iluminar los rincones más oscuros del océano.
El boom del mercado negro. La situación en la costa este de Malasia ha dejado de ser un secreto a voces para convertirse en un problema de seguridad global. Según informa el medio especializado Seatrade Maritime, las transferencias de petróleo "barco a barco" (STS) se han duplicado recientemente, pasando de apenas siete operaciones semanales a picos de quince en solo un año. Este aumento responde a una infraestructura diseñada para burlar las sanciones impuestas a Rusia, Irán y Venezuela, utilizando aguas malayas como una gigantesca estación de servicio clandestina antes de que el crudo siga su camino, principalmente hacia China.
El analista Charlie Brown, de la organización UANI, ha logrado captar mediante imágenes de satélite y fotos directas una realidad inquietante. A mediados de enero de 2026, unos 60 buques vinculados al petróleo iraní y otros 30 con cargamentos rusos y venezolanos esperaban fondeados en la Zona Económica Exclusiva de Malasia. Estos barcos no solo operan fuera de la ley, sino que lo hacen bajo condiciones técnicas deplorables. Las imágenes distribuidas por UANI muestran petroleros con nombres falsos pintados a brocha gorda sobre sus cascos y banderas de conveniencia ocultas bajo lonas para engañar a las autoridades.
La metamorfosis de la amenaza. Lo que comenzó como una estrategia puramente económica para mantener el flujo de ingresos de Moscú ha mutado en algo mucho más peligroso para la seguridad europea. Como relatan las crónicas de mi compañero Miguel Jorge en Xataka, Rusia ha convertido parte de esta flota en plataformas encubiertas de guerra híbrida. No solo se trata de mover barriles; ahora estos buques incorporan "técnicos" que, bajo una apariencia civil, suelen ser veteranos de fuerzas especiales o mercenarios vinculados al grupo Wagner.
Estos agentes ejercen una autoridad que a menudo supera la del propio capitán del barco y han sido señalados por realizar fotografías de instalaciones militares y monitorear cables submarinos en aguas de la UE y la OTAN. Un ejemplo de esta tensión se vivió con el petrolero Boracay, que tras embarcar a técnicos rusos en el Báltico, fue interceptado por la marina francesa frente a Bretaña después de que se detectaran drones sospechosos sobrevolando infraestructuras críticas en Copenhague. La flota fantasma es hoy, en esencia, una extensión del aparato de seguridad del Kremlin navegando con impunidad bajo banderas de países como Gabón o Gambia.
Un nuevo orden energético fragmentado.
Desde el plano académico, el análisis del Real Instituto Elcano subraya que este fenómeno es el síntoma de una "deglobalización" del mercado del gas y el petróleo. En su informe, el investigador Gonzalo Escribano explica que las cadenas de valor internacionales, antes basadas en la eficiencia y la transparencia, están siendo reemplazadas por circuitos "blindados geoeconométricamente". Europa se encuentra en una encrucijada: aunque busca desvincularse de la energía rusa, la persistencia de estos mercados negros complican la autonomía estratégica.
Esta fragmentación ha llegado incluso al mercado del GNL (Gas Natural Licuado). Según Bloomberg, se han documentado transferencias de gas ruso sancionado en aguas de Malasia, una operación técnicamente mucho más compleja que la del petróleo crudo. El buque Perle, gestionado por una opaca compañía con sede en un hotel de Dubái, es el rostro de esta nueva red que busca desesperadamente compradores en Asia para el gas que Europa ya no quiere.
La respuesta tecnológica: IA y drones al rescate. Ante una flota que "apaga" el mundo real mediante el pirateo de señales GPS (spoofing) y el apagado de transpondedores, la respuesta está siendo puramente tecnológica. El medio CNBCdestaca que, de los buques cargados con crudo iraní en 2025, el 96% realizó transferencias oscuras y el 77% falsificó su ubicación. Para combatir este "apagón", Ucrania ha mostrado el camino con una innovación que ha dejado obsoletas a las flotas convencionales: el uso de inteligencia artificial en drones navales.
Los drones Sea Babyhan multiplicado sus capacidades gracias a la IA, permitiendo ataques de precisión a miles de kilómetros de distancia. En una operación reciente cerca de la costa turca, estos drones impactaron contra petroleros de la flota fantasma rusa apuntando específicamente a los timones y sistemas de propulsión. El objetivo no es hundirlos, lo que provocaría un desastre ecológico de dimensiones catastróficas, sino inutilizarlos y convertirlos en una carga económica insoportable para quienes los operan. Esta "ofensiva de precisión" está forzando a las aseguradoras y navieras a reconsiderar el riesgo de colaborar con Moscú, elevando los costes de la guerra para el Kremlin.
El dilema de la seguridad y el medio ambiente. La proliferación de barcos ancianos, sin seguros de responsabilidad civil y con mantenimiento dudoso, es una bomba de relojería ambiental. Lars Barstad, CEO de la operadora Frontline, advirtió en el Financial Times que organismos como la Organización Marítima Internacional (IMO) parecen estar "durmiendo al volante". Barstad señala que es solo cuestión de tiempo que ocurra un desastre mayor, ya que estos barcos operan fuera de cualquier marco regulatorio.
Mientras tanto, la presión diplomática aumenta. EEUU ha iniciado una campaña de incautaciones agresivas, como la del buque Marinera (antes Bella 1), que fue abordado por la Guardia Costera estadounidense en aguas del Atlántico Norte tras una persecución desde el Caribe. Esta "diplomacia de cañonero" del siglo XXI, analizada por el Atlantic Council, plantea retos legales inmensos: una vez incautado un gigante de acero lleno de crudo, los costes de mantenimiento y almacenamiento son astronómicos.
El fin de la sombra. El reportaje del tablero geopolítico actual muestra que Malasia, España o las aguas del Caribe son solo escenarios de una batalla mayor por la visibilidad. La flota fantasma sobrevive en la sombra de la ambigüedad legal, pero el avance de la inteligencia artificial y el monitoreo satelital constante están estrechando el cerco. Como bien concluye el análisisde mi compañero, no se trata de un ataque frontal, sino de una presión constante que explota las zonas grises del comercio y la seguridad. En este tablero, la guerra ya no solo se declara; se navega, se detecta y, finalmente, se desactiva con tecnología.