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Los chefs turcos con estrellas Michelin, afectados por la alta inflación

Los chefs turcos con estrellas Michelin, afectados por la alta inflación
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La inflación de los precios de los alimentos, del 35%, es la cuarta más alta del mundo, después de Venezuela, Irán y Sudán del Sur. Leer
Financial TimesLos chefs turcos con estrellas Michelin, afectados por la alta inflación
  • JOHN PAUL RATHBONE Y SERRA YEDIKARDES
Actualizado 17 JUN. 2026 - 14:06Anochecer en Estambul con la silueta de los minaretes de las mezquitas.EXPANSION

La inflación de los precios de los alimentos, del 35%, es la cuarta más alta del mundo, después de Venezuela, Irán y Sudán del Sur.

En Telezzüz, Estambul, Bahtiyar Büyükduman elabora un espectáculo culinario: un ejército de colmenillas avanza sobre un ragú de lentejas acompañado de una salsa de cerezas roja.

Al otro lado de la ciudad, en Seraf Vadi, Doan Yildirim explora una tradición diferente, sirviendo refinadas recetas anatolias con más de mil años de antigüedad: hojas de acelga de textura casi etérea rellenas de queso, bulgur y crema de búfala.

Sus restaurantes, galardonados con estrellas Michelin, afrontan el grave problema que sufre Turquía: el rápido aumento de los precios de los alimentos, hasta el punto de que ni siquiera una cocina exquisita garantiza beneficios.

"Cada día es más difícil. A veces ni siquiera obtenemos ganancias. Los precios de los alimentos, los salarios y el transporte están subiendo", lamenta Yildirim.

"Si no es la inflación, es la guerra en Irán o la inestabilidad regional lo que perjudica al turismo. Hay muchísimas variables", añadió Büyükduman, chef del restaurante vegano Telezzüz de Estambul.

La economía de Turquía, que comparte una frontera de 530 km con Irán, ya atravesaba dificultades antes del estallido del conflicto iraní. La guerra no ha hecho más que agravar sus problemas, perjudicando al turismo, la confianza y los costes. La inflación de los precios de los alimentos, que actualmente se sitúa en el 35%, es la cuarta más alta del mundo, después de Venezuela, Sudán del Sur e Irán.

Los efectos se han extendido por toda la cadena alimentaria turca: desde los chefs de alta cocina, hasta los hoteleros, los agricultores, los consumidores y los restaurantes de barrio económicos.

En Yüksel Lokantasi, un restaurante del casco antiguo de Estambul, Murat Yüksel sirve un plato de pollo o verduras con arroz, sopa y postre por 160 liras turcas (3,50 dólares), aunque afirma que prepararlo le cuesta 180 liras. Hace dieciocho meses, el mismo menú costaba 70 liras.

"Antes, durante la hora punta del mediodía, no tenía tiempo para pensar en los precios. Pero ahora la gente ha reducido sus gastos. Las familias ya no vienen, no tienen dinero", lamenta Yüksel.

Es una queja común. Semih Töre, un agricultor, explica que sus gastos en combustible, fertilizantes y pesticidas habían aumentado un 40% desde el año pasado. Sin embargo, el precio que recibe por sus tomates solo ha subido un 20%.

Turquía, al igual que muchos mercados emergentes, tiene un historial de inflación alta y volátil. Los precios subieron casi un 100% en 1980 y a principios de la década de 1990, hasta que las reformas respaldadas por el FMI a principios de siglo redujeron la inflación a un solo dígito.

Pero ese periodo de estabilidad terminó después de 2020, cuando las políticas de tipos de interés ultrabajos, entonces favorecidas por el presidente Recep Tayyip Erdogan, impulsaron la inflación hasta un 72% en 2022.

Un nuevo equipo, liderado por el ministro de Finanzas, Mehmet imek, exbanquero de inversiones, y el gobernador del banco central, Fatih Karahan, implementó políticas más ortodoxas hace tres años.

Aun así, los altos tipos de interés han tardado en reducir la inflación, mientras que una política cambiaria fuerte —implementada para intentar estabilizar los precios— ha mermado la competitividad de Turquía, incluso en el sector alimentario.

Esto quedó ilustrado en un estudio de la periodista británica Lizzie Porter, que demostró que una cesta de la compra turca cuesta más que en Reino Unido, a pesar de que el PIB per cápita británico triplica el de Turquía.

Además, los hoteleros se quejan de que el turismo —una fuente crucial de ingresos, que generó 65.000 millones de dólares el año pasado— ha caído en picado.

Incluso Erdogan reconoció el mes pasado que la economía no marcha bien, y añadió que su gobierno está haciendo todo lo posible para minimizar la tensión en el mercado.

A veces, los efectos de esa tensión son sutiles e inesperados. Por ejemplo, los cafés, restaurantes y centros comerciales de Estambul parecen tener una gran actividad.

El rápido aumento de los precios de los alimentos también tiene un potente efecto macroeconómico, ya que influye en las expectativas de inflación, según Selva Demiralp, ex economista de la Reserva Federal. Esto dificulta que las autoridades logren controlar la inflación.

Los hogares turcos prevén actualmente una inflación del 47 % en 12 meses, según el último de la Universidad Koç. Esto representa casi el doble del objetivo oficial del 24%.

Mientras tanto, muchos turcos afirman disfrutar de la comida donde pueden. En palabras de Yildirim, "la buena comida no solo es buena para el cuerpo, sino también para la mente. Te sientes bien y te hace feliz. Si quisiera ganar dinero, me dedicaría a otra cosa".

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Fuente original: Leer en Expansión
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