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Emilio González García, el benjamín de Los Chichos, posa junto a la gitanilla del Paseo del Parque. Marilú BáezEmilio González García, componente de Los Chichos
«Los Chichos hacíamos canción protesta sin saberlo: escucha 'Papa, no pegues a la mama'»Los Chichos son historia, ya no hacen música, pero sus letras son crónicas de una época y Emilio González quiere, tras el estreno de un documental sobre el grupo, seguir indagando en su legado con un musical y una serie
Viernes, 13 de marzo 2026, 00:11
... y que repasa el medio siglo del grupo que puso fin a su historia en 2024 con una enorme gira. Pero Emilio, el último en incorporarse al grupo, hijo y sobrino de los dos componentes que quedaron después de que Juan Antonio Jiménez, el Jeros, abandonara la formación en 1990, tiene muchos proyectos: tras el documental, quiere producir un musical con la historia de la banda y también una serie. En esta entrevista habla de canciones que son el retrato de una época en España, de las cárceles en las que cantaron, de los presos y de la música urbana actual. Es vehemente, sobre todo cuando dice: «Los más racistas con los gitanos que venden droga somos los propios gitanos: cada yonqui que ves por ahí tiene una madre, un padre y una familia. Yo he tenido un primo que ha tenido que robar. He tenido amigos que han muerto de eso. Para que estos catetos y analfabetos lo que sólo sepan hacer sea llevar oro encima». También defiende que si hace treinta o cuarenta años no había información sobre las drogas, quien se engancha ahora «no tiene perdón de Dios».«Sólo queríamos expresar lo que veíamos en la calle. Casi sin pretenderlo, estábamos haciendo canción protesta»
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El artista, en un momento de la entrevista con SUR en el hotel Málaga Palacio. Marilú Báez–Hay otros versos que no pasan el corte feminista, como 'quiero mandar en tu persona como mando en la mía' o cuando se refieren a la honra de la mocita del 'Ni más ni menos'.
–Ese tipo de canciones eran de la época en que cuando una mujer decía que su marido le pegaba, la policía le contestaba: «Ah, bueno, si es tu marido...». La cosa iba con los tiempos. El «quiero mandar en tu persona como mando yo en mí mismo» también dice «unir nuestros corazones, formar un solo camino»; está hablando de amor por completo. A qué mujer no le gusta estar apoyada y estar protegida por un hombre... No es machismo, cuidado, no es decir tú en la casa con la pata quebrada, ¿me entiendes? [Su mujer, que es también su mánager, escucha la conversación, observa la cara de la periodista y bromea: «En qué lío se ha metido él solito».] No, yo no me he metido en ningún lío, estoy dejando las cosas claras.
«Si se pueden hacer canciones como las que hace Bad Bunny, ya te digo yo que puedes hacer lo que quieras. Antes se hacía con un respeto. Ahora no hay respeto ni nada»
–¿Se podría escribir una canción ahora como la de El Vaquilla, que romantiza la delincuencia?
–Si se pueden hacer canciones como las que hace Bad Bunny, ya te digo yo que puedes hacer lo que quieras. Antes se hacía con un respeto. Ahora no hay respeto ni nada.
–Consiguieron que la gente empatizara con El Vaquilla, a quien pintaron como un hombre bueno víctima de sus circunstancias.
–Es que solamente vio lo que vio, y lo que se ve es lo que se hace. Es igual que lo de la droga: hace treinta o cuarenta años, el que empezaba a drogarse era por ignorancia, pero ahora quien se engancha no tiene perdón de Dios. Nosotros tenemos el respeto de la gente y por eso hemos abierto el camino a otros: fuimos los primeros en cantar a la droga o a la prostitución. Fuimos los primeros en decir «estoy enamorado de una mujer que es prostituta». Dime una persona que no se identifique con una canción de Los Chicos: igual conoces a un amigo que ha vuelto a la droga o tienes una amiga maltratada... Las canciones de Los Chichos son pellizcos en el corazón.
«Vas a las cárceles y ves a esa gente privada de libertad: tiene algo especial en la cara, tiene la cara de cuero, tiene la mirada fría. Es dura»
–Cantaban mucho en las cárceles. Incluso hay leyendas de que casi les encierran en una.
–Bueno, ésas son fábulas. Pero hay una cosa que sí te cuento de primera mano. Estábamos en Chile. En el Teatro Caupolicán, con un aforo de 5.000, se metieron 7.000 y 3.000 se quedaron en la calle. Se lió. No nos pudimos despedir del público como nos gusta. Bueno, pues al día siguiente, tocamos en una cárcel. Hemos estado en todas las cárceles de España. Y si vas a ésa, alucinas de lo dura que era y qué respeto tuvieron escuchándonos. Tuvimos menos problemas que en el teatro. Vas a las cárceles y ves a esa gente privada de libertad: tiene algo especial en la cara, tiene la cara de cuero, tiene la mirada fría. Es dura. Es muy difícil cantar para ellos. Porque... ¿les vas a preguntar qué tal están cuando empiezas el concierto? Cómo van a estar...
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Marilú Báez–¿La cárcel arregla a la gente?
–Según. Es muy relativo. Quien haya cometido un delito de sangre, que cumpla. Pero una mala época la tiene cualquiera y hay gente que tiene que buscarse la vida.
–¿Lo tuvieron fácil en los medios de comunicación?
–Muy difícil. Después de vender 22 millones de discos jamás se ha visto a Los Chichos en las listas de los 40 Principales. Jamás. Y hemos sido los artistas que más hemos vendido en España.
–¿A qué lo atribuyen?
–A la hipocresía. Porque a lo nuestro le han colgado el sambenito de ser música 'lolailo' que disfruta cualquiera que va en el coche y que cuando llega a un semáforo la baja porque le da vergüenza. A Camela también le pasa: han vendido más que nadie, pero no aparecen en las listas.
–Ninguno de los dos lo han necesitado.
–Nosotros vivimos del amor que nos tiene la gente. Porque obviamente ya no vivimos de la imagen, aunque mi padre y mi tío, pues sí, marcaron tendencia en la forma de vestir, de actuar, de componer... tanto entre payos como entre gitanos. Nuestros Chichos sacaban un disco al año; cuando salía el nuevo, todavía se estaba vendiendo el anterior. Eso no se ha visto nunca. Y no teníamos ni una canción de relleno. La gente apreciaba y reconocía hasta los arreglos de Ricardo Miralles, del maestro Torregrosa, Alfredo Garrido...
–Y sus letras cuentan historias.
–Jose, el de Estopa, me dice que las canciones de Los Chichos son guiones de películas.
«Hay mucha gente que dice que Rosalía no canta flamenco. Vale. ¿Y qué? Pero ha innovado, ha abierto un mercado y la están copiando. ¿Qué es lo que se copia? Lo bueno. Y Rosalía es buena»
–Las suyas son historias de barrio. Ahora está de moda la música urbana, el trap. ¿Qué opina?
–Siempre que innove, yo lo acepto y lo respeto todo. Hay mucha gente que dice que Rosalía no canta flamenco. Vale. ¿Y qué? Pero ha innovado, ha abierto un mercado y la están copiando. ¿Qué es lo que se copia? Lo bueno. Y Rosalía es buena. ¿Que no sabe cantar flamenco? Ésa puede ser tu opinión.
–¿Y las historias de barrio que se cantan ahora le parecen tan auténticas como las suyas?, ¿o es que ya no hay barrios como el Campo de la Bota?, ¿o los que faltan son los que los canten?
–Claro que hay barrios así, como los de antes, está La Mina, las 3.000 viviendas... Y sí hay quien los cante, lo que pasa es que no los escuchas, o que, por lo que sea, no tienen repercusión. Antes la promoción se hacía con el boca a boca. Ahora como hay tanto en internet, puedes encontrar lo que te gusta. Antes no había otra cosa que la primera y la segunda en la televisión, la radio y el boca a boca, que era lo que mejor funcionaba.
«Claro que hay barrios así, como los de antes, está La Mina, las 3.000 viviendas... Y sí hay quien los cante, lo que pasa es que no los escuchas»
–Llegó a Los Chichos en 1990 cuando el Jeros, una leyenda, dejó el grupo. ¿Sintió presión?
–No. La primera vez que me subí a un escenario tenía 14 años, fue en Montjuic y teníamos 14.000 personas delante y fue porque Jeros no pudo venir al concierto. Yo no podía ni tragar saliva de los nervios. Pero ya después de eso yo sabía que estaba protegido, flanqueado por dos pedazos de artistas, mi padre y mi tío. Y yo siempre he sabido mi rol: coger las riendas del espectáculo y mover a la gente para que se divierta. Mira, en Fuerteventura iban a clausurar un cuartel de la Legión y por votación ganamos nosotros y Los Suaves para ir a cantar en un concierto de despedida. Nos ponemos a cantar 'Mujer cruel', y yo arengando a la tropa, a los mandos, a la cabra. Y los legionarios botando.
«He cantado para 80.000 personas, pero es más difícil cantar para 80 con la misma intensidad. Yo respeto mucho que la gente se gasta un dinero en una entrada. Ir a un concierto supone dedicar lo que se gana en cuatro o cinco días de trabajo»
–Qué subidón.
–Te digo una cosa: he cantado para 80.000 personas, pero es más difícil cantar para 80 con la misma intensidad y lo he tenido que hacer. Yo respeto mucho que la gente se gasta un dinero en una entrada. Ir a un concierto supone dedicar lo que se gana en cuatro o cinco días de trabajo. Cómo me voy a negar a hacerme una foto contigo.
–El Jeros era un poeta. Que lo perdiera el grupo y luego muriera... ¿echasteis en falta un letrista como él para agrandar aún más la leyenda de Los Chichos?
–Hubo una época mágica en Los Chichos, entre 1973 y 1985, es decir, hasta cuatro años antes de que se fuera el Jeros. Ahí estaba muy inspirado, con 'Mujer Cruel', 'Bailarás con Alegría', 'Quiero estar solo', 'Campo de la Bota'... hay canciones emblemáticas... Entonces, ¿qué pasa? Que la gente se ha acostumbrado tanto a eso que ya, saques lo que saques, lo que quiere es eso: 'Ni más ni menos', 'Quiero ser libre' o 'Amor de compra y venta'.
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