Fotomontaje de las semillas de olivo, científicos que participan en el proyecto y la Bóveda Global de Semillas de Svalbard. P.G.S.
Ciencia Los científicos que depositarán las primeras semillas de olivo en la bóveda del fin del mundo: "Es para salvar a la humanidad"El Banco Mundial de Semillas de Svalbard alberga semillas de más de 6.000 plantas para garantizar la supervivencia genética de estas variedades en el futuro.
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Pablo García Santos Publicada 21 febrero 2026 01:21hLas claves nuevo Generado con IA
En el Banco Mundial de Semillas, ubicado en el archipiélago noruego de Svalbard, se custodian más de 1,3 millones de muestras de semillas para hacer frente a un posible desastre mundial. Entre esta amplia variedad no aparece el olivo, uno de los cultivos más antiguos del Mediterráneo.
Su ausencia tiene —nunca mejor dicho— los días contados. Y es que el próximo 25 de febrero se depositarán por primera vez semillas de olivo en la también conocida como "bóveda del fin del mundo".
Este hito nace del proyecto Gen4Olive, liderado por la Universidad de Córdoba (UCO), que tenía como propósito la conservación de los recursos fitogenéticos, así como su puesta en valor. En él, también surgió la posibilidad de llevar a cabo el primer depósito de semillas de olivo.
Sánchez Perona, sabio del aceite de oliva: "Freír con AOVE es un desperdicio, el de orujo es barato y sano"Aquella conversación finalizó cuando también lo hizo el proyecto, pero entre quienes participaron "seguía rumiando la idea", como reconoce a EL ESPAÑOL uno de ellos, Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la UCO.
1.000 semillas a -18 ºC
Todo apuntaba a que, a principios del pasado año, se iba a poder hacer realidad pero no fue posible porque aún les faltaban medios técnicos y, además, no habían llegado a la cantidad de semillas necesarias.
Según el acuerdo que existe para este depósito, gestionado por el gobierno noruego, para plantas de polinización cruzada como el olivo se necesitan al menos 500 semillas, que deben estar empaquetadas en unas bolsas especiales de aluminio de tres capas selladas al vacío.
Este año sí que han logrado alcanzar la mencionada cifra pese a las complicaciones que han tenido. Una de las cuatro variedades de acebuche que han recolectado está en Tarifa (Cádiz), por lo que no sabían si iban a poder cumplir su cometido debido a los incendios del pasado verano.
Además de las 500 semillas de acebuche, hay otras 500 que pertenecen a las 50 variedades de olivo más importantes a nivel mundial, las cuales suponen una representación de las características más deseables de este cultivo.
Las semillas que se han recogido han sido enviadas al Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF-INIA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde se ha llevado a cabo una desecación previa al envío.
En el CRF se van a almacenar unas 500 semillas, además de las 500 que se enviarán a Svalbard para su conservación en la cámara acorazada. Este búnker está diseñado para funcionar incluso en el caso de que fallaran sus sistemas eléctricos.
Las muestras se mantienen a temperaturas muy bajas: en torno a los -18 ºC. De esta forma se optimiza su preservación a largo plazo, ya que es biológicamente imposible que la semilla germine en este ambiente (siempre y cuando estén deshidratadas).
Imagen del Banco Mundial de Semillas, ubicado en el archipiélago noruego de Svalbard. iStock
La importancia de depositar estas semillas recae en que garantiza la conservación de la diversidad genética del olivo por si ocurriera alguna catástrofe que lo pusiera en peligro. Aunque la pregunta que surge entonces es si sería idéntica a la que desapareció.
En las poblaciones de acebuches, que se propagan por semillas, es probable que sí ocurra así pero en el caso del olivo cultivado surgirían variedades que no serían las mismas que conocemos hoy en día, tal y como explica Morello.
Pese a que serían variedades nuevas, puede que se mantuvieran algunas características deseables para el consumo humano, como el alto rendimiento de aceite o un gran tamaño del fruto.
Cambio climático, principal amenaza
En los 18 años en los que lleva en funcionamiento tan sólo se han abierto dos veces la cúpula. La primera de ellas, en 2015, fue porque la guerra sufrida en Siria provocó que en el país desaparecieran algunas de las especies de cultivo.
La guerra de Siria abre el arca de las semillasDos años después, se produjo una segunda extracción por el mismo motivo aunque la cantidad fue mayor, con más de 52.000 muestras. Necesitaban recuperar más material genético para terminar de establecer los nuevos cultivos en territorio marroquí y libanés.
Ambos episodios reflejan la necesidad de este 'Arca de Noé' de las especies vegetales. En el olivo, la mayoría de las amenazas están relacionadas con el cambio climático. Aunque es un árbol que se caracteriza por su resistencia, necesita un número mínimo de horas de frío para florecer.
En España, es probable que estemos ante el tercer invierno consecutivo sin olas de frío, por lo que cada vez resulta más acuciante para el olivo, cuyo problema en el cultivo también se ha visto afectado a nivel económico.
Otro de los requisitos para poder depositar las semillas es que puedan estar almacenadas durante al menos una década. El olivo cumple con esta exigencia pero no hay estudios que hayan analizado su viabilidad a más largo plazo.
Pablo Morello y Concepción Muñoz, coordinadora del proyecto Gen4Olive, preparando las semillas de olivo. Cedida
Morello sospecha que podrán sobrevivir bastante tiempo. De todos modos, no descarta la posibilidad de que en el futuro se almacenen nuevos depósitos de acebuche.
Este ingeniero agrónomo de formación será uno de los que esté presente cuando se depositen las primeras semillas, que ya se encuentran en territorio noruego.
Para él, supone todo un hito cargado de simbolismo: "Vamos a colocar el primer depósito de olivo en una instalación que es tan reconocible y con un objetivo tan importante como es el de salvar a la humanidad en caso de que exista una catástrofe".
Habla en plural porque no estará solo. En el proyecto participan, además de la UCO y el CRF-INIA, la Universidad de Granada, el Ministerio de Agricultura, la Organización de las Naciones Unidas y el Consejo Oleícola Internacional.
La coordinación entre tantas entidades ha sido uno de los aspectos más complejos pero, como concluye Morello, el objetivo siempre había estado claro: depositar las primeras semillas de olivo en la bóveda de Svalbard para proteger al mundo ante una hipotética catástrofe.