El primer muerto que se cobró la guerra entre los clanes onubenses de los Salazar y los Moriña fue Ramón Moriña, un gitano alto y corpulento que cayó fulminado al suelo al recibir una bala en el pecho el 10 de septiembre de 2024. Las dos familias aún estaban emparentadas por el matrimonio de dos de sus miembros: Manuel, apodado El Baba, del clan de los Salazar, y Saray, de los Moriña. El muerto era hermano de Saray y el presunto asesino -aún está el caso sin juzgar- era el marido de Saray, El Baba, quien habría, por tanto, matado a su cuñado e iniciado así un ojo por ojo que a día de hoy se habría cobrado ya cinco vidas de confirmarse, como apunta la investigación, que los tres muertos de la localidad costera de Isla Cristina (Huelva) del pasado domingo se deben también a la enemistad de los clanes.
El origen del primer derramamiento de sangre, la muerte de Ramón, se situó en un principio en problemas del matrimonio entre Saray y El Baba. Se decía que ella no aguantaba la relación, que quería separarse, pero que él no la dejaba ir, que ella era víctima de violencia de género.
Ramón Moriña, asesinado el 10 de septiembre de 2024.Unas semanas después del crimen -22 de octubre de 2024- la propia Saray contaba los pormenores del suceso en el programa de Telecinco TardeAR. Intervenía desde la casa de los suyos, los Moriña, ubicada en el barrio de El Torrejón, en Huelva capital, y arropada por no menos de una decena de familiares.En primera línea, sentados en el sofá del salón frente a la cámara, estaban ella, su madre y un hermano, Luis, que había sobrevivido al tiroteo pero a quien aún no le habían extraído la bala que tenía alojada en la mandíbula.
«No es que haya sido maltratada sino que he sido amenazada, que iba a matar a mis hermanos como yo lo dejara», explicaba Saray. La versión de los hechos que ofrecía negaba que sus hermanos Luis y Ramón hubieran acudido a su casa para pedir explicaciones a El Baba por el trato que le daba y que esta reclamación hubiera desatado la furia de su marido. «Luis venía de recoger a su niña del colegio. Al final la ha cogido la madre o la abuela, algo así pasó. Y él, al revés de coger por donde vive la familia esta, cogió por mi calle para abajo. Manuel estaba en la puerta y se lió a tiros con su coche», contaba.
Su hermano Luis, corroboraba su versión: «Paso por el lado, lo veo levantarse de una silla, estaban él, los primos, el tío... Acelero el coche, tiro para adelante, y ya sentí como que el coche volcaba y ya fue el impacto aquí», relataba llevándose la mano detrás de la oreja, donde tenía el orificio de entrada de la bala.
Herido, tras estrellarse el coche, logró salir «mareado, aturdido» y caminó hasta que se encontró con un primo que lo rescató y lo llevó al hospital. Ignoraba, aseguraba, que su hermano Ramón, al saber de lo sucedido, había acudido al domicilio de El Baba y que allí había encontrado la muerte. «Después llegó Ramón, subiendo las escaleras: 'Manuel, qué pasa', y ahí fue cuando le disparó. Eso es lo que sucedió», relataba Saray cómo su marido había presuntamente acabado con la vida de su hermano.
El supuesto asesino, le contaba Saray a Ana Rosa, acababa de salir de la cárcel, donde había estado tras ser condenado por un delito cometido cinco años atrás:había agredido con un arma blanca a dos personas. Por entonces Saray y El Baba trabajaban en la tienda de alimentación Moriña, negocio que su hermano Luis regentaba en el barrio. «Manuel tuvo un altercado con familia nuestra y con la familia suya, que por eso cumplió condena, porque le dio una puñalada a un muchacho en el brazo; a otro se la dio en el cuello. Y, a través de eso, mi hermano le dijo: 'Vete de aquí, que nos vas a buscar la ruina'. Y lo echó. Él llamó amenazando, insultando, muchas palabrotas, que iba a matar a mi hermano, que si no le daba vergüenza, que por qué los Moriña no daban la cara por un cuñado».
En aquel episodio, situaba Saray el momento en el que El Baba se la juró a su familia: «La rencilla que tienen con mi hermano sobre todo es eso: 'No habéis dado la cara por mí'. Él, estando en prisión, decía que iba a matar a mis hermanos».
El equipo del programa 'TardeAR' de Telecinco en la casa de los Moriña entrevista a Aroa, prima de 'El Baba'.Tenía el programa de TardeAR un equipo en la casa de los Moriña y otro en la de los Salazar, igualmente ubicada en el barrio onubense de El Torrejón. En este caso, se pusieron ante la cámara tres mujeres del clan. El programa sólo identifica a Aroa, prima de El Baba, pero se sobrentiende que la otra mujer que toma la palabra es la madre del presunto asesino, la misma que el pasado domingo yacía bocarriba muerta frente a la entrada de su edificio. Los Moriña habían pedido a Ramón y reclamaban que se cumpliera la ley gitana que dice que la familia del que dispara el gatillo tiene que exiliarse.
La madre de El Baba se quejaba de la presión que la familia rival estaba ejerciendo para que se marcharan de Huelva. «Luis Moriña es el que nos tiene amenazadas de muerte. Que me da 24 horas para desalojar todo mi bloque entero, que aquí vivo yo y todos mis hijos. Si no, nos meten fuego... Descargó dos cargadores enteros. Salió uno que estaba sentado al lado de mi sobrino con cuatro tiros de Luis el Moriña y no lo denuncia por miedo, porque lo tiene amenazado de muerte», decía la mujer.
Fuego, tiros... En las seis semanas transcurridas entre el asesinato de Ramón y esta intervención en televisión, el edificio de El Baba había sido tiroteado en al menos dos ocasiones. El día anterior a la entrevista, por ejemplo, «dos personas que circulaban en una motocicleta», según los testigos, dispararon una ráfaga con un arma semiautomática contra la fachada. La Policía Nacional recogió del lugar 30 casquillos de bala. En la hemeroteca queda rastro también de dos incendios a finales de octubre en el número de la plaza de la Violeta donde residían los parientes de El Baba. Ambos provocados, uno de ellos incluso causó que se desprendieran elementos de la fachada.
Un mensaje ofreciendo recompensa por Manuel, apodado 'El Baba'.Tras la muerte de Ramón Moriña, por las redes sociales de los allegados a los protagonistas del suceso comenzaron a circular dos mensajes bien distintos. Unos difundían la imagen del difunto, quien tenía 46 años y tres hijos, junto a palabras de recuerdo: «Huelva y su barrio está de luto. Descansa y cuida y dale fuerza a tu familia. Nunca te olvidaremos». Otros ponían precio a la cabeza del presunto: «Se busca a esta rata. La familia recompensa con 50.000 euros al que brinde información veraz y comprobable sobre el paradero. Se ruega máxima difusión. Del informador no se sabrá absolutamente nada. Máxima discreción. Contactar a través de redes sociales o teléfono», se difundía junto a una fotografía de El Baba y una descripción de sus características físicas: «1,85, 39 años, barba abundante, pelo negro, complexión fuerte, tatuajes brazos».
La Policía dio con él antes de que pudiera llevarse a cabo cualquier vendetta. El 12 de octubre de 2024, un mes y dos días después del crimen, El Baba era detenido en la otra punta de España, en Gijón, donde se había refugiado en casa de un primo que residía en el barrio de El Cerillero. Poco después, su familia dejaba Huelva, como mandaba la norma gitana, para instalarse a escasos 50 kilómetros, en Isla Cristina.
Allí ya, en mayo de 2025, agentes de la Unidad Especial de Intervención (UEI) de la Guardia Civil tuvieron que actuar para detener a tres allegados de El Baba que, armados, realizaban guardias desde las azoteas por temor a sufrir represalias y tenían amedrentados a los vecinos.
Un mes después, en junio de 2025, un hombre y su hija eran tiroteados en su casa de la calle Huerto de la Potala, en Isla Cristina, resultando el hombre fallecido y la joven herida de gravedad. Varios medios locales identificaron a la víctima mortal como el padrastro de El Baba y a la mujer como hija del fallecido. El episodio volvió a encuadrarse dentro de la guerra entre Salazares y Moriñas.
Luego vino el silencio. Más de un año sin noticias de violencia entre los clanes hasta que el domingo se divulgaron las imágenes de la madre y la hermana de El Baba -ésta, embarazada de ocho meses- muertas en la puerta de su casa junto a un menor que nada tenía que ver con el clan.
El Baba, por su parte, está preso en el centro penitenciario de Villabona, en Asturias, pendiente aún de juicio por la muerte de Ramón Moriña.