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Dario y Daniela Amodei fundaron la empresa con una visión ética y humanista ante los riesgos que presenta la inteligencia artificial. Ahora, compiten contra OpenAI en la carrera por liderar el salto a Bolsa.
La carrera por liderar la revolución de la inteligencia artificial pasa este año por Wall Street y entre los dorsales a los que los inversores no quitan ojo hay un apellido que se repite dos veces: es el que comparten los hermanos Dario y Daniela Amodei. Ambos abandonaron OpenAI -la empresa detrás de ChatGPT- dando uno de los portazos más sonoros de Silicon Valley, para fundar juntos Anthropic -la firma que desarrolló Claude- y ahora compiten con su antiguo jefe, Sam Altman, por protagonizar el salto a Bolsa más contundente de la industria de la IA.
Por el camino, han reivindicado su compromiso con el desarrollo de una vertiente ética de esta nueva tecnología imponiendo líneas rojas al uso militar de su modelo al Pentágono de Estados Unidos, lo que les ha granjeado la enemistad manifiesta de la Administración Trump.
Dario Amodei, nacido en San Francisco (California) en 1983, y su hermana Daniela, que lo hizo cuatro años después en la misma ciudad, son hijos de un artesano de cuero originario de Italia y de una gerente de proyectos para bibliotecas judía procedente de Chicago. Se criaron en el barrio latino, Mission, enclave fundacional de la ciudad alrededor de la misión española de San Francisco de Asís, también conocido como la Dolores, célebre por su activismo cultural.
A partir de ahí, Dario Amodei creció fascinado con los números, las matemáticas y la física; su hermana Daniela, con las letras, las humanidades y la música. Sus caminos divergieron. Él se licenció en Física en Stanford pero, quizás marcado por la muerte de su padre, dijo necesitar redirigir su carrera a "ayudar a la gente"; comenzó a investigar el cerebro humano y se doctoró en Biología Computacional en Princeton.
En esta época empezó a interesarse por la inteligencia artificial como herramienta para acelerar la identificación de biomarcadores del cáncer, lo que, tras varios proyectos, le acabó llevando a trabajar en Google Brain en 2015. Al año siguiente, atraído por el modelo de IA general segura y abierta con el que Sam Altman echó a andar su start up, saltó a OpenAI, donde llegó a ser vicepresidente de investigación y supervisor de los modelos GPT-2 y GPT-3, precursores de ChatGPT.
Es allí donde vuelve a unir su camino con su hermana Daniela, que estudió Literatura Inglesa en la Universidad de California, trabajó en ONG, en la campaña electoral de una congresista demócrata y acabó dando el salto al sector tecnológico en la firma de pagos Stripe. Fue en 2018 cuando se une a OpenAI, donde ejerció de vicepresidenta de seguridad y políticas.
OpenAI había nacido como una organización sin fines de lucro para el desarrollo seguro de la IA, pero la común inquietud de los hermanos por la velocidad con la que se estaba intentando comercializar esta nueva tecnología y sus diferencias con Altman les llevaron a abandonar rápidamente la compañía.
Fue entonces cuando los hermanos Amodei, con una visión declaradamente humanista y ética, fundaron Anthropic con el compromiso de crear una inteligencia artificial "controlable, interpretable y segura". El resultado fue la IA Claude y era enero de 2021. Dario ejerce desde entonces como consejero delegado y Daniela, como presidenta de la compañía. "La IA tendrá un enorme impacto en el mundo. Anthropic es una corporación de beneficio público dedicada a asegurar sus beneficios y mitigar sus riesgos", reza el encabezado de su web, donde explican que una prioridad es desarrollar esta tecnología abordando su "seguridad, gobernanza e impactos económicos y sociales".
Dario Amodei ha explicado que otra de las diferencias de enfoque con su anterior empresa es que mientras OpenAI ha puesto el foco en desarrollar un chatbot para el consumidor particular, Anthropic centra sus servicios en empresas.
Conviene matizar que pese a sus principios, la firma no ha sido antibelicista y que el Pentágono se convirtió en un importante cliente que le granjeó contratos multimillonarios. El problema llegó cuando, a la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, el autodenominado secretario de Guerra (oficialmente de Defensa), Peter Hegseth, exigió que los provedores de IA del Pentágono cedieran su tecnología para "todos los fines" posibles.
Anthropic planteó entonces dos líneas rojas: no facilitarían sistemas de vigilancia masiva sobre los propios ciudadanos estadounidenses, ni desarrollarían sistemas armamentísticos autónomos sin control humano. Hegseth montó en cólera y, el pasado febrero, declaró a la firma un "riesgo para la cadena de suministro" militar estadounidense, lo que suponía su veto de contratos militares públicos pero también de cara a los proveedores privados del Pentágono. El propio Trump cargó públicamente contra la firma y los Amodei acabaron demandando al Departamento de Defensa.
"Nos entusiasma que el Gobierno estadounidense utilice esta tecnología", pero "no quiero que se use contra nuestra propia gente ni con fines antidemocráticos, ya sea por autocracias o por nuestros propios gobiernos", explicó luego Dario a Financial Times. Su decisión ha cobrado mayor trascendencia tras el desarrollo del modelo Mythos, una vertiente de Claude centrada en ciberseguridad que ha desvelado vulnerabilidades cibernéticas de día cero, esto es, hasta ahora desconocidas, en sistemas operativos, navegadores web y programas informáticos de bancos, centrales energéticas y gobiernos. Una herramienta tan poderosa que no podían lanzar al público, dijeron, pero que han puesto a disposición de gobiernos y grandes empresas para que cierren sus brechas de seguridad.
El pulso con el Gobierno de EEUU ha complicado las vías de ingresos de Anthropic, pero también ha multiplicado su visibilidad pública y su imagen de desarrolladores de una IA ética, a las puertas de su salto al parqué. Tras meses de especulación y apuestas sobre quién llegaría antes a Wall Street, OpenAI o Anthropic, el pasado 1 de junio los Amodei cogieron la delantera a Altman y registraron ante el regulador bursátil estadounidense, la SEC, la solicitud de salida a Bolsa. Los detalles son confidenciales pero todo apunta a que su plan es comenzar a cotizar este mismo otoño, previsiblemente en octubre, con una valoración de unos 965.000 millones de dólares (837.000 millones de euros).
Wall Street es solo un paso más para financiar la revolución en marcha. Dario Amodei estima que la IA podría superar la inteligencia humana en 2027, o poco después, transformando el mercado de trabajo, la economía y la sociedad en general. Por eso aboga por armarse de regulación y ética para encarar el nuevo mundo.
¿Quiénes son los Amodei?
- Lugar y año de nacimiento: Ambos nacieron en San Francisco (California). Dario, en 1983 y Daniela, en 1987.
- Formación: Él se licencio en Física en Stanford y luego se doctoró en Biología Computacional en Princeton. Ella estudió Literatura Inglesa en California.
- Cargo actual: Dario Amodei es consejero delegado de Anthropic y su hermana es su presidenta.
- Trayectoria: Ambos provienen de OpenAI, donde él llegó a ser vicepresidente de investigación y supervisor de los modelos GPT-2 y 3, y ella ejerció de vicepresidenta de seguridad y políticas.
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