El estilo de apego influye mucho en cómo te relacionarás de mayor con tus parejas, con los amigos, con tus hijos...
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Regala esta noticia Añádenos en Google 07/06/2026 Actualizado a las 00:47h.El niño que no quiere ir al campamento porque nunca ha dormido fuera de casa, la niña que con 6 años es más autónoma que ... una de 12, el crío que ha llegado a pensar que es un 'niño malo'... Los tres han sido criados con un estilo de apego familiar inseguro. Y tiene consecuencias. «El efecto no es causa consecuencia, pero la manera en la que te crían tus padres o tus figuras adultas de referencia influye mucho en cómo te relacionarás de adulto con tus parejas, con los amigos, con tus hijos...».
Apego seguro
Los padres
«Se muestran disponibles, son predecibles, atienden sus necesidades y le muestran amor y cariño de forma incondicional. Están presentes física y emocionalmente, dejan al pequeño explorar con libertad el mundo y son refugio cuando el menor lo necesita. Le ayudan a regular las emociones: cuando el chaval está triste o siente alguna emoción desagradable, le corregulan, validan cómo se siente y le ayudan a gestionarlo», define la psicóloga Emma Iglesias.
El niño
«Hasta los 3 o 4 años el menor no es capaz de empezar a regular las emociones, de modo que son los adultos quienes deben corregularle. El vínculo parte siempre del adulto al niño y lo que define ese vínculo es la calidad de la interacción en las cosas cotidianas. Esto no significa que haya que hacerlo todo perfecto, el foco hay que ponerlo más en reparar, en pedir perdón si nos equivocamos», señala Silvia Álava.
De adulto...
«Haber tenido un estilo de apego seguro no es un antídoto para la vida adulta, pero sí un importante factor de protección de la salud mental. El niño o la niña que se ha criado en un hogar así, es más fácil que, de adulto, se convierta en una persona que se sienta segura en las relaciones personales, especialmente en las que impliquen mucha intimidad. No buscará la aprobación constante, se sentirá querido e identificará a las personas que le hacen daño para apartarse de ellas. En este grupo se dan niveles más bajos de ansiedad y depresión», orienta Álava.
Apego ansioso
Los padres
«Se muestran ambivalentes ante el niño: en ocasiones atienden sus necesidades pero otras están ausentes. Suelen ser padres que no saben gestionarse emocionalmente y se desbordan, son sobreprotectores y controladores y reaccionan de forma variable ante las necesidades del menor, que vive en alerta constante. De este modo, el foco del niño pasa a estar en sus padres, en sus reacciones emocionales, para tratar de predecir qué va a pasar a fin de adelantarse y protegerse».
El niño
«Suelen ser niños muy dependientes, que no se sienten seguros si no están sus padres cerca, los llamados 'niño pegatina'. Están siempre buscando afecto y no es raro que protagonicen conductas disruptivas, llamadas de atención, se muestren más agresivos e incluso que tengan un bajo rendimiento escolar».
De adulto...
«Suelen ser adultos que enseguida necesitan personas queridas nuevas, experimentan agobio si les abandonan, lo que les genera rabia. Desarrollan un miedo patológico al abandono, al rechazo... Les cuesta mucho regular las emociones, lo que se traduce en unos niveles más elevados de ansiedad y trastornos de estado de ánimo».
Apego evitativo
Los padres
«Los padres están ausentes física o emocionalmente durante la infancia, así que el niño aprende que ha de encargarse de todo solo, puesto que no puede contar con nadie. Los adultos no son la figura de cuidado y seguridad que necesita el menor, que se adapta como puede y aprende a no necesitar a nadie».
El niño
«El niño ha interiorizado que las emociones no son importantes, que no hay que satisfacerlas. Los figuras de referencia le han transmitido que lo que cuenta, en realidad, es que saque buenas notas, que sepa hacer muchas cosas, que sea autónomo...».
De adulto...
«Suelen ser personas que niegan las emociones, a las que les cuesta vincularse a otros porque les da miedo la intimidad, la soledad... Tienen baja autoestima y una mayor probabilidad de desarrollar adicciones y depresión».
Apego desorganizado
Los padres
«No dejan que el niño explore, no conectan emocionalmente con él, por ejemplo si llora no entienden por qué ni se esfuerzan en saberlo, no se muestran afectuosos (abrazos, besos...), no saben regular las emociones del menor, no le tratan con respeto. Cometen muchas negligencias (a veces los maltratan) y los niños suelen experimentar en su infancia miedo, inseguridad e incertidumbre porque perciben que sus padres están fuera de control, perdidos en su rol».
El niño
«No puede encontrar seguridad porque su figura protectora a veces es fuente de peligro. En ocasiones, estos niños se llegan a sentir indignos, malos. No aprenden a reconocer las emociones»
De adulto...
«Son habituales las dificultades para relacionarse, de aprendizaje, a nivel cognitivo... Y también hay más casos de problemas psicológicos: psicosis, trastornos de personalidad...».
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