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Los cuentos inéditos de Virginia Woolf salen a la luz: su faceta más enamoradiza y juguetona

Los cuentos inéditos de Virginia Woolf salen a la luz: su faceta más enamoradiza y juguetona
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La aparición fortuita de tres relatos juveniles de la autora de 'Orlando' redescubre su vínculo con Violet Dickinson y reactiva su legado con nuevas ediciones en España este mes de mayo. Más información: 'Trabajar cansa', de Cesare Pavese: una premonición de su última tarde en el mundo

Ilustración de Andrea Reyes para 'Violet' (Páginas de espuma).

Letras Los cuentos inéditos de Virginia Woolf salen a la luz: su faceta más enamoradiza y juguetona

La aparición fortuita de tres relatos juveniles de la autora de 'Orlando' redescubre su vínculo con Violet Dickinson y reactiva su legado con nuevas ediciones en España este mes de mayo.

Más información: 'Trabajar cansa', de Cesare Pavese: una premonición de su última tarde en el mundo

Publicada 28 abril 2026 01:55h

Virginia Woolf (1882-1941) escribió los cuentos dedicados a Violet Dickinson (1865 - 1948) en 1907, ocho años antes de publicar su primer libro, Fin de viaje, pero permanecieron ocultos en Longleat House, la casa isabelina de Wiltshire que custodia los documentos de Violet. Cuando la profesora Urmila Seshagiri preguntó en la casa-museo por las Memorias de la familia Stephen escritas por V. Dickinson le confirmaron que sí las tenían, pero que también custodiaban un manuscrito original de Virginia Woolf mecanografiado y corregido a mano por la escritora. Se trataba de “Galería de amistades”.

La caja color crema

Seshagiri sabía que la versión original del libro, jamás publicado y que contiene los tres relatos de Woolf sobre Violet, estaba en la Biblioteca Pública de Nueva York, así que supuso que los gestores de Longleat hablaban de una copia, pero le dijeron: “Tenemos el documento original de Virginia, con correcciones”. Tras años de espera por la pandemia, finalmente en 2022 la archivista de Longleat condujo a Seshagiri a una sala de lectura y le entregó una caja color crema. Según narró en The Guardian, allí, mecanografiadas en color violeta, estaban las versiones revisadas de los relatos de la Biblioteca de Nueva York, con cientos de cambios. Aunque aparentemente menores, las correcciones, realizadas en 1908, demostraban que Woolf se tomó los relatos más en serio de lo que nadie imaginaba.

Portada de 'Violet', Páginas de Espuma.

Violet

Traducción de Patricia Díaz Pereda

Ilustraciones de Andrea Reyes

Páginas de Espuma, 2026

75 páginas. 25 €

En realidad, la culpa de que hayan permanecido inéditos hasta ahora la tiene la propia Virginia, que envió los cuentos que conforman la Vida de Violet a la propia Dickinson con instrucciones precisas para que no los difundiera: “Ahora no puedo recordar lo mala que es –le escribió–, pero sé que tendré que reescribirla dentro de seis meses y no lo haré, no deseo inmadureces, cosas extemporáneas que se conserven, a no ser en un cofre recio, con una única llave”.

Sin embargo, la prohibición no debió de parecerle muy estricta a Violet, porque leyó su biografía a unos amigos, lo que hizo que Virginia le pidiera que se la devolviera. Más aún, insistió, “nunca la leas, la cites o la enseñes”. Quizá por eso, cuando en 1955 la familia de Dickinson le ofreció las primeras versiones sin revisar a Leonard Woolf, el viudo de Virginia declinó comprarlas al considerarlas indignas de ser publicadas. Los relatos acabaron entonces en una tienda de antigüedades de Londres y fueron adquiridos por un chelín por Tom Maschler, fundador del premio Booker, que ignoraba que tras el nombre de la autora, Virginia Stephen, se ocultaba la mismísima Virginia Woolf.

Pero empecemos por el principio. En 1907, Virginia tenía 25 años y aún no se había casado con Leonard Woolf (lo hizo en 1912). Su padre, Leslie Stephen, había muerto tres años antes sumiéndola en una profunda crisis nerviosa. Según Patricia Díaz Pereda, editora y traductora de Violet (Páginas de Espuma), en esos momentos de desolación extrema fueron su hermana Vanessa y su íntima amiga Violet Dickinson quienes la cuidaron. Más aún: Violet la acogió en su casa de Burham Wood durante meses, hasta septiembre de 1904. Se dice que fue allí donde Virginia intentó suicidarse por primera vez, aunque se recuperó.

Amigas ciertas en horas inciertas, Virginia Woolf describió así a Violet en 1902: “A un observador casual le parecería, creo, un tipo de persona muy animosa, bastante alocada, despistada –cuyo papel en la vida era ser ligeramente ridícula, de buen corazón, con la intención de conseguir que cualquier fiesta fuera un éxito–. Tiene un círculo muy amplio de conocidos, la mayoría aristócratas y con títulos variados, en cuyas casas de campo está siempre invitada y por quienes parece ser invariablemente apreciada.

En el segundo relato, “El jardín mágico”, se revela la semilla de la expresión “una habitación propia”

Tiene 37 años y ninguna pretensión de ser atractiva –algo que sabe bastante bien y también te permite que lo sepas–; alude jocosamente a sus cabellos canos y hace muecas de lo más cómicas, pero un observador que se detuviera aquí y la menospreciara como una de esas damas de cierta edad más bien inteligentes y adaptables, bien recibidas en todas partes y que no son indispensables en ninguna –un observador así sería, en verdad, superficial–”.

Entre 1902 y 1907, la relación entre ambas mujeres alcanzó su máxima intensidad, al punto que, como recuerda Patricia Díaz, “Virginia la llamó ‘una amistad romántica’”: “Cualquier lector de sus cartas a Violet albergará pocas dudas de que estaba enamorada, aunque no fuera consciente de ello, y probablemente era correspondida”, sostiene la editora, y confirma Hermione Lee en Virginia Woolf (1996). Fue precisamente en 1907 cuando decide escribir la biografía de su amiga, compuesta por tres relatos: “Galería de amistades”, “El jardín mágico” y “Una historia para hacerte dormir”.

Lejos de la Virginia Woolf profunda, casi apesadumbrada, de sus obras más célebres, sorprende el estilo bienhumorado y zumbón de los relatos. El primero, por ejemplo, narra el nacimiento de Violet, cómo ella misma eligió su nombre y da cuenta de su altura (medía más de 1,80), de su afición a la lectura y de su bondad.

Galería de amistades

Así, una de sus tías, “utilizando, como suelen hacer las tías, la expresión menos agradable”, le recuerda a Violet que no es ni rica ni hermosa: “Dios, en su infinita sabiduría, te ha hecho crecer por lo menos seis pulgadas más de lo que deberías, y si no vas a ser un poste de escarnio, debes darte cuenta de que debes sobresalir como un faro de bondad” (p. 23).

En un diálogo del segundo relato, “El jardín mágico”, se revela la semilla de la expresión “una habitación propia”, título del emblemático ensayo feminista de Woolf de 1929:

“–Sabe que me parece, bueno, ¿no cree, Violet, que sería muy agradable...

–¿Tener un cottage propio? Sí, mi buena señora’– exclamó Violet. [...]

Ese fue el inicio de la gran revolución que está haciendo de Inglaterra un lugar muy diferente al que era” (p. 49).

Finalmente “Una historia para hacerte dormir”, de marcado carácter surrealista, permite a la escritora imaginar un nuevo orden político y social, rebosante de magia, belleza y diversión.

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