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Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa

Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa
Artículo Completo 1,273 palabras
En Oriente Próximo hay radares capaces de seguir objetos a miles de kilómetros y distinguir entre decenas de blancos en pleno vuelo. Son máquinas del tamaño de un edificio, cuestan cientos de millones de dólares y forman parte del sistema que detecta ataques incluso antes de que crucen la atmósfera. Sin embargo, en la guerra actual están descubriendo algo incómodo: el mayor peligro para estas joyas tecnológicas puede venir de armas que cuestan una fracción de su precio. Los ojos del escudo. Desde el comienzo de la guerra, Irán ha dirigido una parte muy concreta de sus ataques contra un objetivo que rara vez aparece en los titulares pero que sostiene toda la arquitectura defensiva de Estados Unidos en Oriente Próximo: los radares que permiten detectar y seguir misiles en vuelo. Estos sensores (como el AN/TPY-2 asociado al sistema THAAD o el gigantesco AN/FPS-132 desplegado en Qatar) actúan como los “ojos” del escudo antimisiles regional, alimentando de datos a interceptores Patriot, THAAD o destructores Aegis para destruir amenazas antes de que alcancen sus objetivos.  Sin embargo, varios de estos sistemas han sido golpeados en los últimos días por ataques iraníes, algunos confirmados mediante imágenes satelitales. Entre ellos figura el radar estratégico de la base de Al-Udeid en Qatar, valorado en cerca de mil millones de dólares, y un radar AN/TPY-2 en Jordania ligado directamente a baterías THAAD. Otros emplazamientos en Kuwait, Arabia Saudí o Bahréin también han sufrido impactos en instalaciones relacionadas con radar o comunicaciones, debilitando parcialmente la capacidad de vigilancia del sistema defensivo regional. En Xataka El mismo día que EEUU amenazó a España y dijo que no necesitaba la base de Rota, EEUU invirtió 13 millones en ampliar la base de Rota Los shaheds contra el sistema más caro. La paradoja de estos ataques es que muchos de ellos se han llevado a cabo con drones de ataque unidireccionales relativamente baratos, como los Shahed, cuyo coste es solo una fracción del de los misiles y sensores que tratan de neutralizar. Mientras los sistemas estadounidenses fueron diseñados para interceptar misiles balísticos o de crucero mucho más caros y sofisticados, Irán ha apostado por saturarlos o dañarlos con plataformas mucho más simples.  Estos drones vuelan bajo y despacio, lo que puede dificultar su detección para defensas diseñadas para amenazas más rápidas. Además, el país ha demostrado tener capacidad para producirlos en grandes cantidades, algo que ya quedó patente en Ucrania con su exportación a Rusia. En esta guerra, esa ventaja industrial se traduce en una estrategia bastante clara: lanzar oleadas constantes de drones contra sensores, centros de mando y sistemas de comunicación, erosionando gradualmente la red que permite detectar amenazas en el aire. Un radar de vigilancia transportable (AN/TPY-2) del Ejército y la Armada, posicionado en el atolón de Kwajalein durante la prueba de vuelo del FTI-01 Cegar el escudo. El patrón que emerge sugiere que estos ataques no son simplemente represalias dispersas, sino más bien parte de un enfoque mucho más calculado. Los radares no solo detectan amenazas, son el elemento que hace posible interceptarlas. Sin ellos, incluso los sistemas antimisiles más avanzados quedan parcialmente ciegos o dependen de información incompleta.  Golpear estos sensores, por tanto, tiene un efecto multiplicador: cada radar fuera de servicio aumenta las probabilidades de que futuras oleadas de ataques consigan penetrar las defensas. En ese sentido, los Shahed parecen haber apuntado al mismo blanco desde el inicio del conflicto: los ojos del escudo antimisiles estadounidense. Y cuanto más se degrade esa red, mayor será el margen para que otras armas más peligrosas (guardadas en silos subterráneos y bases fortificadas) puedan entrar en juego con mayores probabilidades de éxito. Una imagen satelital tomada el 2 de marzo de 2026 muestra escombros alrededor de un radar THAAD ennegrecido en la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania El problema de los radares. El episodio también pone de relieve una debilidad estructural que los analistas llevan tiempo señalando. Los grandes radares de alerta temprana son extremadamente sofisticados, pero también enormes, costosos y en gran medida estáticos. Cada uno cuesta cientos de millones o incluso miles de millones de dólares y existen muy pocos en el mundo, lo que significa que sustituirlos puede llevar años.  Al mismo tiempo, su tamaño y su naturaleza fija los convierten en objetivos relativamente fáciles de localizar mediante inteligencia o imágenes comerciales por satélite. Incluso daños aparentemente menores pueden provocar un “mission kill”, es decir, dejar el radar inoperativo durante largos periodos, aunque la estructura siga en pie. En otras palabras, un dron barato puede inutilizar temporalmente una pieza central de la defensa estratégica de toda una región. La nueva lógica de la guerra aérea. Plus: lo que está ocurriendo refleja un cambio más profundo en la forma de atacar sistemas defensivos. Durante décadas se asumía que destruir radares estratégicos requería misiles sofisticados o ataques complejos de gran escala. La proliferación de drones ha alterado esa ecuación.  Hoy incluso actores con recursos limitados pueden emplear plataformas baratas para degradar sensores que cuestan cientos de millones. Esta lógica ya se ha visto en otros conflictos, desde ataques ucranianos contra radares rusos hasta operaciones israelíes contra defensas aéreas iraníes. En todos los casos el principio es el mismo: “disparar al arquero” antes de enfrentarse a sus flechas. Si el sistema que detecta amenazas desaparece o se degrada, todo el escudo pierde eficacia. En Xataka Imágenes satelitales no dejan lugar a dudas: ha llovido tanto que Marruecos no se veía tan verde desde hace una década Una advertencia para el futuro. Más allá de los daños inmediatos, estos ataques han abierto un debate estratégico más amplio sobre la resiliencia de la defensa antimisiles estadounidense. La arquitectura actual depende en gran medida de un número reducido de sensores terrestres extremadamente valiosos. Si esos sensores son destruidos o neutralizados, incluso temporalmente, el equilibrio defensivo puede cambiar rápidamente.  Por eso cada vez más expertos defienden complementar o sustituir parte de estas capacidades con sensores espaciales capaces de seguir misiles desde órbita, creando redundancia frente a ataques terrestres. Con todo, dichas tecnologías, de llegar, tardarán años en desplegarse plenamente. Mientras tanto, la guerra actual ha dejado una lección incómoda: un sistema diseñado para detener las armas más sofisticadas del mundo puede ser debilitado por enjambres de drones baratos. Y cuando los radares dejan de ver, el siguiente movimiento en el tablero puede ser mucho más peligroso. Imagen | Google Earth, X, Missile Defense Agency, Airbus En Xataka | Seguramente nunca oíste hablar de la urea. Los misiles en Irán están destruyendo su producción, y eso va a afectar a tu comida En Xataka | Irán ha pasado décadas excavando sus “ciudades de misiles”. Imágenes satelitales acaban de revelar que son una trampa mortal - La noticia Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa

Ahora sabemos que un sistema diseñado para detener las armas más sofisticadas del mundo puede ser debilitado por enjambres de drones baratos

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Miguel Jorge

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En Oriente Próximo hay radares capaces de seguir objetos a miles de kilómetros y distinguir entre decenas de blancos en pleno vuelo. Son máquinas del tamaño de un edificio, cuestan cientos de millones de dólares y forman parte del sistema que detecta ataques incluso antes de que crucen la atmósfera. Sin embargo, en la guerra actual están descubriendo algo incómodo: el mayor peligro para estas joyas tecnológicas puede venir de armas que cuestan una fracción de su precio.

Los ojos del escudo. Desde el comienzo de la guerra, Irán ha dirigido una parte muy concreta de sus ataques contra un objetivo que rara vez aparece en los titulares pero que sostiene toda la arquitectura defensiva de Estados Unidos en Oriente Próximo: los radares que permiten detectar y seguir misiles en vuelo. Estos sensores (como el AN/TPY-2 asociado al sistema THAAD o el gigantesco AN/FPS-132 desplegado en Qatar) actúan como los “ojos” del escudo antimisiles regional, alimentando de datos a interceptores Patriot, THAAD o destructores Aegis para destruir amenazas antes de que alcancen sus objetivos. 

Sin embargo, varios de estos sistemas han sido golpeados en los últimos días por ataques iraníes, algunos confirmados mediante imágenes satelitales. Entre ellos figura el radar estratégico de la base de Al-Udeid en Qatar, valorado en cerca de mil millones de dólares, y un radar AN/TPY-2 en Jordania ligado directamente a baterías THAAD. Otros emplazamientos en Kuwait, Arabia Saudí o Bahréin también han sufrido impactos en instalaciones relacionadas con radar o comunicaciones, debilitando parcialmente la capacidad de vigilancia del sistema defensivo regional.

En XatakaEl mismo día que EEUU amenazó a España y dijo que no necesitaba la base de Rota, EEUU invirtió 13 millones en ampliar la base de Rota

Los shaheds contra el sistema más caro. La paradoja de estos ataques es que muchos de ellos se han llevado a cabo con drones de ataque unidireccionales relativamente baratos, como los Shahed, cuyo coste es solo una fracción del de los misiles y sensores que tratan de neutralizar. Mientras los sistemas estadounidenses fueron diseñados para interceptar misiles balísticos o de crucero mucho más caros y sofisticados, Irán ha apostado por saturarlos o dañarlos con plataformas mucho más simples. 

Estos drones vuelan bajo y despacio, lo que puede dificultar su detección para defensas diseñadas para amenazas más rápidas. Además, el país ha demostrado tener capacidad para producirlos en grandes cantidades, algo que ya quedó patente en Ucrania con su exportación a Rusia. En esta guerra, esa ventaja industrial se traduce en una estrategia bastante clara: lanzar oleadas constantes de drones contra sensores, centros de mando y sistemas de comunicación, erosionando gradualmente la red que permite detectar amenazas en el aire.

Un radar de vigilancia transportable (AN/TPY-2) del Ejército y la Armada, posicionado en el atolón de Kwajalein durante la prueba de vuelo del FTI-01

Cegar el escudo. El patrón que emerge sugiere que estos ataques no son simplemente represalias dispersas, sino más bien parte de un enfoque mucho más calculado. Los radares no solo detectan amenazas, son el elemento que hace posible interceptarlas. Sin ellos, incluso los sistemas antimisiles más avanzados quedan parcialmente ciegos o dependen de información incompleta. 

Golpear estos sensores, por tanto, tiene un efecto multiplicador: cada radar fuera de servicio aumenta las probabilidades de que futuras oleadas de ataques consigan penetrar las defensas. En ese sentido, los Shahed parecen haber apuntado al mismo blanco desde el inicio del conflicto: los ojos del escudo antimisiles estadounidense. Y cuanto más se degrade esa red, mayor será el margen para que otras armas más peligrosas (guardadas en silos subterráneos y bases fortificadas) puedan entrar en juego con mayores probabilidades de éxito.

Una imagen satelital tomada el 2 de marzo de 2026 muestra escombros alrededor de un radar THAAD ennegrecido en la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania

El problema de los radares. El episodio también pone de relieve una debilidad estructural que los analistas llevan tiempo señalando. Los grandes radares de alerta temprana son extremadamente sofisticados, pero también enormes, costosos y en gran medida estáticos. Cada uno cuesta cientos de millones o incluso miles de millones de dólares y existen muy pocos en el mundo, lo que significa que sustituirlos puede llevar años

Al mismo tiempo, su tamaño y su naturaleza fija los convierten en objetivos relativamente fáciles de localizar mediante inteligencia o imágenes comerciales por satélite. Incluso daños aparentemente menores pueden provocar un “mission kill”, es decir, dejar el radar inoperativo durante largos periodos, aunque la estructura siga en pie. En otras palabras, un dron barato puede inutilizar temporalmente una pieza central de la defensa estratégica de toda una región.

La nueva lógica de la guerra aérea. Plus: lo que está ocurriendo refleja un cambio más profundo en la forma de atacar sistemas defensivos. Durante décadas se asumía que destruir radares estratégicos requería misiles sofisticados o ataques complejos de gran escala. La proliferación de drones ha alterado esa ecuación

Hoy incluso actores con recursos limitados pueden emplear plataformas baratas para degradar sensores que cuestan cientos de millones. Esta lógica ya se ha visto en otros conflictos, desde ataques ucranianos contra radares rusos hasta operaciones israelíes contra defensas aéreas iraníes. En todos los casos el principio es el mismo: “disparar al arquero” antes de enfrentarse a sus flechas. Si el sistema que detecta amenazas desaparece o se degrada, todo el escudo pierde eficacia.

En XatakaImágenes satelitales no dejan lugar a dudas: ha llovido tanto que Marruecos no se veía tan verde desde hace una década

Una advertencia para el futuro. Más allá de los daños inmediatos, estos ataques han abierto un debate estratégico más amplio sobre la resiliencia de la defensa antimisiles estadounidense. La arquitectura actual depende en gran medida de un número reducido de sensores terrestres extremadamente valiosos. Si esos sensores son destruidos o neutralizados, incluso temporalmente, el equilibrio defensivo puede cambiar rápidamente. 

Por eso cada vez más expertos defienden complementar o sustituir parte de estas capacidades con sensores espaciales capaces de seguir misiles desde órbita, creando redundancia frente a ataques terrestres. Con todo, dichas tecnologías, de llegar, tardarán años en desplegarse plenamente. Mientras tanto, la guerra actual ha dejado una lección incómoda: un sistema diseñado para detener las armas más sofisticadas del mundo puede ser debilitado por enjambres de drones baratos. Y cuando los radares dejan de ver, el siguiente movimiento en el tablero puede ser mucho más peligroso.

Imagen | Google Earth, X, Missile Defense Agency, Airbus

En Xataka | Seguramente nunca oíste hablar de la urea. Los misiles en Irán están destruyendo su producción, y eso va a afectar a tu comida

En Xataka | Irán ha pasado décadas excavando sus “ciudades de misiles”. Imágenes satelitales acaban de revelar que son una trampa mortal

Fuente original: Leer en Xataka
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