En los últimos cuatro años, un aparato volador de apenas tres metros y medio de largo ha pasado de ser un experimento militar iraní poco conocido a convertirse en uno de los protagonistas de varios conflictos simultáneos. Su diseño es tan simple que puede ensamblarse en pocas horas y su coste es miles de veces inferior al de los sistemas que intentan derribarlo. Esa combinación ha cambiado la forma en la que muchos ejércitos entienden la defensa aérea.
El zumbido que cambió la guerra. Desde 2022, el sonido de un pequeño motor parecido al de una motocicleta fue la señal de alarma que precedía a muchas explosiones en ciudades ucranianas. Ese ruido metálico y persistente pertenece al Shahed-136, un dron kamikaze iraní barato, relativamente simple y diseñado para atacar objetivos preprogramados a gran distancia.
Con unos 3,5 metros de longitud y capacidad para transportar una carga explosiva de unos 50 kilos, estos aparatos se han convertido en uno de los símbolos de la guerra moderna porque combinan dos factores difíciles de contrarrestar: su bajo coste y la posibilidad de producirlos en masa.
En Xataka
Un adolescente en México creó una web de fans de Hombres G en 1998, con la banda ya separada. 9 años después llenaban Las Ventas
El salto entre conflictos. Tras cuatro años de guerra en Europa, esos drones han reaparecido con fuerza en otro escenario. Irán ha lanzado centenares de aparatos contra países del Golfo, alcanzando bases militares, aeropuertos, refinerías y zonas urbanas en Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Qatar.
Los ataques buscan menos destrucción física que presión psicológica y económica, obligando a los países atacados a activar costosos sistemas de defensa para interceptar armas que pueden costar apenas unos 50.000 dólares. Aunque muchas de las aeronaves son derribadas, incluso un pequeño porcentaje que logre atravesar las defensas es suficiente para causar daños en infraestructuras críticas o generar temor entre la población.
Una estrategia perfeccionada por Ucrania. El patrón de estos ataques recuerda claramente a la táctica que Rusia ha empleado desde 2022 contra ciudades e infraestructuras energéticas ucranianas. Moscú convirtió el Shahed en el centro de una estrategia de desgaste y terror basada en lanzar grandes oleadas de drones junto a misiles para saturar las defensas aéreas y aumentar la probabilidad de que algunos proyectiles alcancen su objetivo.
La producción en masa ha sido clave en esa estrategia: Rusia no solo importó miles de drones iraníes, sino que levantó una fábrica propia para fabricarlos a gran escala, lo que permitió lanzar cientos de aparatos en una sola noche contra centrales eléctricas, puertos o barrios residenciales.
El laboratorio antidrón creado en Kiev. Esa presión constante obligó a Ucrania a convertirse en uno de los países más experimentados del mundo en la lucha contra este tipo de amenazas. Tras enfrentarse a decenas de miles de Shahed, Kiev ha desarrollado un sistema de defensa en capas que combina radares, equipos de guerra electrónica, misiles antiaéreos, unidades móviles y hasta drones interceptores capaces de derribar a los atacantes en pleno vuelo.
El resultado es una red improvisada pero extremadamente eficaz que ha permitido neutralizar la mayoría de los ataques pese a la escala masiva de las oleadas lanzadas por Rusia.
En Xataka
Un joven de 29 años ha inventado un cemento que hace las paredes magnéticas: una solución para colgar cosas sin taladro ni tornillos
El terror llega al Golfo. Ese conocimiento ha adquirido ahora un nuevo valor estratégico. Los países del Golfo, que no estaban acostumbrados a enfrentarse a ataques constantes de drones, han descubierto lo difícil que resulta proteger ciudades enteras frente a armas que vuelan bajo, son difíciles de detectar y pueden aparecer desde múltiples direcciones.
Incluso sistemas avanzados diseñados para interceptar misiles balísticos pueden verse desbordados por enjambres de drones baratos. Los ataques recientes han golpeado aeropuertos, refinerías, puertos y bases militares, demostrando que incluso infraestructuras críticas de economías altamente protegidas pueden quedar expuestas a esta nueva forma de guerra aérea.
En Xataka
Un joven de 29 años ha inventado un cemento que hace las paredes magnéticas: una solución para colgar cosas sin taladro ni tornillos
La oferta de Zelensky. En ese contexto, Ucrania ha lanzado una propuesta inesperada: compartir su experiencia para ayudar a los países del Golfo a neutralizar los Shahed. El presidente Volodímir Zelenski ha ofrecido enviar a sus mejores especialistas en defensa antidrón junto a un grupo de operadores experimentados para reforzar las defensas regionales, pero, por supuesto, con una condición clara, un nombre.
Kiev quiere que los gobiernos de Oriente Próximo utilicen en conjunto toda su influencia sobre Moscú para presionar a Vladímir Putin y lograr al menos un alto el fuego temporal en Ucrania. Si se quiere, es una oferta que mezcla cooperación militar y cálculo diplomático: una donde Ucrania se presenta como el país que mejor conoce al enemigo, y en eso no hay muchas dudas, pidiendo a cambio ayuda para frenar la guerra que lo convirtió precisamente en ese experto.
Imagen | Kyiv City State Administration, X, National Police of Ukraine
En Xataka | EEUU ha lanzado contra Irán su arma más ambiciosa en la última década: un misil que no necesita cazas ni buques de guerra
En Xataka | No es que Irán esté resistiendo los ataques de EEUU, es que tiene margen para llevar el conflicto a un escenario explosivo
-
La noticia
Los drones Shahed están sembrando el terror en el Golfo. Ucrania ha ofrecido la solución, y el precio a pagar tiene un nombre
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Los drones Shahed están sembrando el terror en el Golfo. Ucrania ha ofrecido la solución, y el precio a pagar tiene un nombre
Ucrania ha lanzado una propuesta inesperada: compartir su experiencia para ayudar a los países del Golfo a neutralizar los Shahed
En los últimos cuatro años, un aparato volador de apenas tres metros y medio de largo ha pasado de ser un experimento militar iraní poco conocido a convertirse en uno de los protagonistas de varios conflictos simultáneos. Su diseño es tan simple que puede ensamblarse en pocas horas y su coste es miles de veces inferior al de los sistemas que intentan derribarlo. Esa combinación ha cambiado la forma en la que muchos ejércitos entienden la defensa aérea.
El zumbido que cambió la guerra. Desde 2022, el sonido de un pequeño motor parecido al de una motocicleta fue la señal de alarma que precedía a muchas explosiones en ciudades ucranianas. Ese ruido metálico y persistente pertenece al Shahed-136, un dron kamikaze iraní barato, relativamente simple y diseñado para atacar objetivos preprogramados a gran distancia.
Con unos 3,5 metros de longitud y capacidad para transportar una carga explosiva de unos 50 kilos, estos aparatos se han convertido en uno de los símbolos de la guerra moderna porque combinan dos factores difíciles de contrarrestar: su bajo coste y la posibilidad de producirlos en masa.
El salto entre conflictos. Tras cuatro años de guerra en Europa, esos drones han reaparecido con fuerza en otro escenario. Irán ha lanzado centenares de aparatos contra países del Golfo, alcanzando bases militares, aeropuertos, refinerías y zonas urbanas en Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Qatar.
Los ataques buscan menos destrucción física que presión psicológica y económica, obligando a los países atacados a activar costosos sistemas de defensa para interceptar armas que pueden costar apenas unos 50.000 dólares. Aunque muchas de las aeronaves son derribadas, incluso un pequeño porcentaje que logre atravesar las defensas es suficiente para causar daños en infraestructuras críticas o generar temor entre la población.
Una estrategia perfeccionada por Ucrania. El patrón de estos ataques recuerda claramente a la táctica que Rusia ha empleado desde 2022 contra ciudades e infraestructuras energéticas ucranianas. Moscú convirtió el Shahed en el centro de una estrategia de desgaste y terror basada en lanzar grandes oleadas de drones junto a misiles para saturar las defensas aéreas y aumentar la probabilidad de que algunos proyectiles alcancen su objetivo.
La producción en masa ha sido clave en esa estrategia: Rusia no solo importó miles de drones iraníes, sino que levantó una fábrica propia para fabricarlos a gran escala, lo que permitió lanzar cientos de aparatos en una sola noche contra centrales eléctricas, puertos o barrios residenciales.
El laboratorio antidrón creado en Kiev. Esa presión constante obligó a Ucrania a convertirse en uno de los países más experimentados del mundo en la lucha contra este tipo de amenazas. Tras enfrentarse a decenas de miles de Shahed, Kiev ha desarrollado un sistema de defensa en capas que combina radares, equipos de guerra electrónica, misiles antiaéreos, unidades móviles y hasta drones interceptores capaces de derribar a los atacantes en pleno vuelo.
El resultado es una red improvisada pero extremadamente eficaz que ha permitido neutralizar la mayoría de los ataques pese a la escala masiva de las oleadas lanzadas por Rusia.
El terror llega al Golfo. Ese conocimiento ha adquirido ahora un nuevo valor estratégico. Los países del Golfo, que no estaban acostumbrados a enfrentarse a ataques constantes de drones, han descubierto lo difícil que resulta proteger ciudades enteras frente a armas que vuelan bajo, son difíciles de detectar y pueden aparecer desde múltiples direcciones.
Incluso sistemas avanzados diseñados para interceptar misiles balísticos pueden verse desbordados por enjambres de drones baratos. Los ataques recientes han golpeado aeropuertos, refinerías, puertos y bases militares, demostrando que incluso infraestructuras críticas de economías altamente protegidas pueden quedar expuestas a esta nueva forma de guerra aérea.
La oferta de Zelensky. En ese contexto, Ucrania ha lanzado una propuesta inesperada: compartir su experiencia para ayudar a los países del Golfo a neutralizar los Shahed. El presidente Volodímir Zelenski ha ofrecido enviar a sus mejores especialistas en defensa antidrón junto a un grupo de operadores experimentados para reforzar las defensas regionales, pero, por supuesto, con una condición clara, un nombre.
Kiev quiere que los gobiernos de Oriente Próximo utilicen en conjunto toda su influencia sobre Moscú para presionar a Vladímir Putin y lograr al menos un alto el fuego temporal en Ucrania. Si se quiere, es una oferta que mezcla cooperación militar y cálculo diplomático: una donde Ucrania se presenta como el país que mejor conoce al enemigo, y en eso no hay muchas dudas, pidiendo a cambio ayuda para frenar la guerra que lo convirtió precisamente en ese experto.