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Los gatos no son peluches: esta es la forma correcta de acariciarlos

Los gatos no son peluches: esta es la forma correcta de acariciarlos
Artículo Completo 813 palabras
Desciframos el lenguaje felino para que los mimos sean un placer compartido y no una fuente de estrés para el animal
Los gatos no son peluches: esta es la forma correcta de acariciarlos

Desciframos el lenguaje felino para que los mimos sean un placer compartido y no una fuente de estrés para el animal

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Julio Arrieta

06/06/2026 Actualizado a las 00:17h.

Como muy bien saben quienes comparten su vida con uno de estos felinos, pocas cosas hay más reconfortantes que acariciar a un gato. Y esto ... es más que una impresión subjetiva. Según explica la veterinaria Bárbara Febrel, de Clinicanimal, «el contacto con un gato y el vínculo emocional que se crea favorecen la liberación de hormonas relacionadas con la relajación y la reducción del estrés, tanto en las personas como en los propios animales». Y hasta se ha estudiado que la frecuencia sonora del ronroneo genera en las personas una sensación de seguridad similar a otros estímulos relajantes de la naturaleza.

¿Cuándo es el momento adecuado?

Hay que dejar que ellos den el primer paso. «Los gatos suelen disfrutar más de las relaciones tranquilas, previsibles y sin imposiciones. Es recomendable dejar que se acerquen por iniciativa propia», apunta Febrel. Conviene además tener en cuenta el carácter de cada animal, porque cada uno «tiene su personalidad», añade Guerrero por su parte. Los hay más o menos mimosos. «En un gato medio, es decir, uno que sí disfruta las caricias pero no le superencantan todo el rato, tiene momentos de mucho mimo». Por ejemplo, «si yo te hablo de mi gato, Curry, por la mañana temprano cuando yo me levanto, me acepta y disfruta las caricias. Y esto es muy común». Otro momento propicio: «cuando estás en el sofá con la mantita y viene y se te sube encima, entonces puedes acariciarle».

¿Cómo se hace?

«La mayoría de los gatos disfrutan de las caricias suaves en zonas como la cabeza, detrás de las orejas, las mejillas o debajo de la barbilla», detalla Febrel. «Hay que permitir que sea el propio gato quien marque el ritmo de la interacción», añade. Por su parte, Guerrero sugiere que un movimiento de placer garantizado es trazar «una línea que va desde los hombros y cruza todo el gato hacia la cola. Es decir, sería desde la cabeza, toda la línea del lomo».

Pero cuidado, hay una «zona prohibida»: la barriga. Aunque un gato se tumbe boca arriba mostrándonos su vientre, eso no es una invitación a tocar. Es un signo de máxima confianza y comodidad, pero tocarlo ahí rompe esa seguridad. Guerrero explica que «la barriga es su zona más vulnerable». Ahí está la bolsa primordial, ese pliegue de piel y grasa que cuelga en el abdomen de los gatos «y que la gente confunde a veces con un signo de obesidad pero no lo es. Es una protección natural de esa zona tan sensible para ellos». Por eso no se toca. Febrel observa que «acariciar zonas que suelen resultar más sensibles, como la barriga o la base de la cola» es uno de los errores más comunes de los propietarios. Otro es «insistir en el contacto cuando el gato ya está incómodo».

Cómo saber cuándo retirarse

Saber cuándo el gato ha tenido suficiente es importante. Uno que está disfrutando tendrá el cuerpo suelto y mostrará un parpadeo lento. Sin embargo, advierte Guerrero, si empezamos a ver que «las pupilas se dilatan, las orejas empiezan a ladearse hacia los lados o hacia atrás, o la cola empieza a moverse un poco como un látigo», es el momento de parar. Un truco muy útil para asegurarnos de que el contacto siempre sea positivo es la brevedad, sugiere la etóloga. «Dar una caricia en la cabeza o dos y ya está». De esta forma, garantizamos que el animal no tenga que llegar al extremo de comunicarnos que ya tiene suficiente con un bufido o un mordisco ligero.

El ronroneo significa más cosas de las que crees

El ronroneo es una vibración de la laringe que puede aparecer en distintos momentos y con diferentes significados, y no es una señal inequívoca de bienestar del gato. Pilar Guerrero diferencia un ronroneo de solicitud (por ejemplo, al pedir comida) y uno de no solicitud –el ronroneo «normal» que acompaña a las caricias–, y advierte de que los gatos también ronronean para calmarse si están estresados. Febrel añade que, aunque el ronroneo suele asociarse al bienestar, también puede aparecer ante miedo, ansiedad o dolor, por lo que hay que valorar el contexto y el lenguaje corporal en conjunto.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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