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Herederos de una tradición de varias generaciones de viticultores, los hermanos Yllera lideran el grupo de bodegas que fundaron su padre y su tío. Para jugar en primera división, ficharon, dicen, al mejor enólogo del mundo. De Burdeos, a Valladolid.
Fruto de la "sexta o séptima generación de viticultores que vendían vino a granel en pellejos de cuero en la zona de Rueda", Marcos (Valladolid, 1970) y Carlos Yllera heredaron de su padre, Jesús, y de su tío, Pepe, el legado familiar que en los años setenta comenzó a embotellar el género. "Alquilaron una bodeguita y empezaron a despachar vino etiquetado", apunta el mayor de los hermanos, presidente de lo que hoy es Yllera Bodegas y Viñedos, grupo que engloba proyectos como Yllera, Vivaltus y Arrope. La primera cosecha se comercializó con la etiqueta Viña Cantosán en 1974. "Se hizo muy popular; fue el vino de la casa en Zalacaín (Madrid) durante muchísimos años, también en El Caballo Rojo (Córdoba) o en El Nuevo Molino (Puente Arce, Cantabria)", añade el menor, director general del negocio, que, medio siglo después, produce más de 3 millones de botellas, que se beben en una treintena de países, con un beneficio bruto de explotación del 7%-8%.
Este primer éxito les empujó a echar raíces también en otros terrenos y "a finales de esa década ya elaboraban un tinto con uva de Toro y Ribera del Duero. La añada inicial de Tinto Yllera, el primer tinto de Rueda, salió en 1983. Siempre hemos sido muy innovadores y ahora tenemos un departamento de I+D", apuntan los hermanos, que se unieron a un negocio a finales de los noventa. "Unos años antes, se incorporó el enólogo riojano Ramón Martínez, director técnico antes en Bodegas Faustino. Se convirtió en socio y sigue siéndolo. Ahora sus hijos son parte de esta familia: Montxo es el enólogo, Beatriz la responsable financiera y César, global brand ambassador de la marca Vivaltus", señalan los hermanos que, para no tener todos los huevos en la misma cesta, también regentan un restaurante de primera en Rueda, Arrope, inaugurado en septiembre. Antes era La Gastrobodega Martín Berasategui "y nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos. Aún no da beneficio, pero es nuestro escaparate de vinos y alta cocina, que nos gusta la relación con el cliente", avanzan.
¿Cuándo hizo falta savia nueva?Nuestro tío falleció en 1995, sin hijos. Nosotros nos unimos para ayudar, que nos hemos criado entre barricas y esto siempre nos ha encantado. Nuestro padre lo hizo bien, porque desde pequeños nos inculcó el amor a la empresa. Al principio yo [Marcos] me hice cargo de la exportación, viajando por el mundo y recibiendo bofetadas por la valentía, inexperiencia y arrogancia de la juventud; mi hermano se dedicó a las compras. Para la comercialización que llevaba nuestro tío se contrató como director a Roberto García.Con el buen vino, ¿este negocio mejora con los años?Como la investigación y la innovación forman parte de nuestro ADN hemos ido añadiendo éxitos. Con la crisis de 2008-2009, los precios regalados, exceso de kilos de uva en Rueda y sin comidas de constructores que se gastaban una pasta, había que pensar algo y lanzamos en 2010 el frizzante Yllera 5.5. Un producto dulce, con burbujas, que se bebiera fresco y gustara a la gente joven y a las mujeres; una auténtica revolución disruptiva en el mercado, porque fue el primer frizzante que se hizo en España. Y, quitando la marca blanca de Mercadona, seguimos siendo líderes.¿Hizo brindar por más éxitos?Sí, en años duros, crecimos a dos dígitos y pudimos comprar en Ribera del Duero y encontramos una bodega espectacular abandonada. Era 2015 y le pusimos el nombre de Vivaltus. Queríamos hacer un vino diferente, sin los prejuicios de la DO, de vinos muy estructurados, con potencia, con mucha madera nueva. Y nos trajimos al que es reconocido todavía, porque sigue vivo, como el mejor enólogo del mundo, Jean-Claude Berrouet, durante más de 40 años el creador de Petrus, en Burdeos.Un fichaje de primera...Pasamos de ser la bodeguita que hacía principalmente frizzante a ser mirados por los críticos con otros ojos diferentes, a que nos den 96, 97 puntos. Nos hemos traído a Mbappé, a Messi o a Cristiano a jugar en un equipo de segunda división y hemos conseguido hacer vinos muy especiales. Además de Vivaltus, suyos son La Flor de Vivaltus, Jesús Yllera, Pepe Yllera y Picapinos.¿Cuesta aceptar que, a veces, el talento hay que importarlo?No, que nosotros somos economistas, no enólogos ni técnicos.Como casi todos, ¿estos hermanos se pelean?Salvo por el fútbol... nos llevamos muy bien. Desde niños nos lo inculcaron así en casa. También valores como el esfuerzo, el trabajo, la humildad, el no creerte nada... Además, respetamos el papel del otro.De padre a hijos, ¿cómo fue la sucesión?Tranquila, natural. Se jubiló y seguía viniendo a la bodega. Cada vez menos, que la semana que viene cumple 87 años. Pero, a día de hoy, para tomar una decisión importante seguimos contando con su opinión y con la de Ramón, que tiene 78.¿Está dando frutos ya la siguiente cosecha?Sí. Entre los dos tenemos cuatro hijos [Álvaro, Mario y Lucía, de Marcos; y Carolina, de Carlos]. Álvaro se dedica a la música, Mario ya va a ferias y estudia Administración y Dirección de Empresas y Lucía ingeniería agrícola. Carolina aún tiene 17 años, pero su idea es hacer ingeniería agrónoma con enología.¿Y si la próxima añada no sale excelente, cómo se dice en la familia?Pues habrá que hacerlo. Siempre con cariño y respeto, pero tenemos claro que la empresa prima a la familia. En el protocolo de sucesión están firmadas también las reglas para los siguientes: exigimos que estudien un grado universitario y que trabajen varios años en una compañía ajena a esta para optar a un puesto directivo; si quiere embotellar, pues no.El poder de la langosta de Philip Colbert, el 'ahijado' de Andy WarholFlorencia, París o Maldivas, las pistas turísticas secretas de directores de hotelEl Palacio del Capricho de la duquesa de Osuna pasa de ruina a museo Comentar ÚLTIMA HORA