Las historias que compramos están cuajadas de canallas que rehuimos en la vida real
Regala esta noticia Hombre leyendo. (José Ibarrola) 01/05/2026 Actualizado a las 00:37h.Las iglesias me gustan a pesar de no ser practicante. La monumentalidad de sus espacios hace de ellas lugares privilegiados para sentarse, buscar la sombra ... en verano y rodearte de ese bendito silencio que guardan. Hace unos días asistí a un funeral. Una amiga se había quedado viuda y a veces no sabemos más que acompañar en el dolor. Me dejé arrastrar por la liturgia y la observación. La iglesia estaba remodelada, la piedra pulida y los latones más brillantes que la última vez que la visité. Al sacerdote apenas se le entendía, el sonido no era bueno y a él, de bastante edad, le quedaba un hilo de voz, pero entre las palabras que atrapé, entendí que despedíamos a un hombre bueno.
En las novelas y en el cine, los hombres buenos no venden, o mejor dicho, no vendían. Las historias que más compramos están cuajadas de canallas, asesinos y exitosos traidores, a pesar de que la intuición te hace alejarte de ellos en la vida real. No elegimos a hombres buenos en las urnas porque no se presentan, ni los señalamos en los informativos porque no brillan y sin embargo…
Una de las novelas más impactantes que han pasado por mis manos tiene un único personaje que narra una vida sin sobresalientes acontecimientos, un profesor de universidad sin brillo académico y esposo infeliz envuelto en una discreción tan absoluta que conmueve. La novela, escrita por John Williams y publicada en 1965 se llama 'Stoner' y está considerada por la crítica como «perfecta». A pesar de que sigue vendiéndose discretamente también, desde los años 70, nunca ha habido una torre de ejemplares a la entrada de ninguna librería, y ni tan siquiera está en los escaparates.
Como esa novela, un hombre bueno atraviesa los tiempos, la memoria y hace el balance silencioso de sus conquistas, resignaciones o decepciones a base de minúsculos dramas, que comparte cuando han sido resueltos. Dar con ellos es como encontrar una trufa perfumada bajo la tierra húmeda que habitamos y exige estar bien atenta a esas personas que sin hacer ruido construyen un nido de felicidad inexplicable.
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