LA TRIBUNA
Los humanos nos equivocamosToda decisión exige un empeño de la inteligencia, de la consciente y de la preconsciente, de la racional y de la emocional
Regala esta noticia Añádenos en GoogleFEDERICO SORIGUER. MÉDICO. MIEMBRO DE NÚMERO DE LA ACADEMIAS MALAGUEÑA DE CIENCIAS
25/07/2026 a las 02:00h.Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo. Yo tomé el menos transitado, Y eso hizo toda la diferencia». Así termina Robert Frost, su ... poema 'El camino no elegido', escrito en 1916. Nos pasamos la vida eligiendo, tomando decisiones, en función de la información que se dispone, que incluye también a los propios valores. Entrenarnos para decidir es entrenar para conducir una buena vida. Una de las características de la sociedad actual es que el mercado de las opciones ha aumentado extraordinariamente. También la información. A más opciones más libertad para elegir, se suele decir. Pero el aumento de opciones no necesariamente facilita la decisión, entre otras cosas porque las opciones y la información no siempre van parejas. Para elegir entre opciones, la información debe estar disponible y clara. Sin demasiado ruido, se diría en la jerga informacional. Lo que en demasiadas ocasiones no ocurre. Toda decisión exige un empeño de la inteligencia, de la consciente y de la preconsciente, de la racional y de la emocional. Desde una perspectiva informacional, una decisión es más inteligente cuando, siendo acertada, se ha tomado con la menor y mejor cantidad de información posible. Un empeño notable del que nunca se está seguro. Estamos condenados a decidir. A elegir. No se puede no elegir pues no hacerlo es ya una de las decisiones posibles. A veces la más costosa, como en la famosa historia del asno de Buridan.
Por ejemplo, si a usted le dan a escoger tres números que sumen 10, solo es libre de escoger dos de ellos, por ejemplo, el 3 y el 5, pues el tercero, el 2, viene impuesto por la condición de que tienen que sumar 10. Así también en la vida cotidiana. Para el neoliberalismo toda persona es enteramente responsable de lo que le ocurre en su vida. A eso le llaman libertad. Con mayúscula. En una sociedad neoliberal, los perdedores lo son por haber elegido mal, y los ganadores por haber tomado las decisiones acertadas. En una sociedad neoliberal, los ganadores han elegido virtuosamente y los perdedores, pudiendo haberlo hecho bien, son culpables por haber elegido mal. Para el neoliberalismo no existen 'condiciones' que restrinjan la capacidad de decidir de las personas. La consecuencia es que cada persona tiene lo que se merece. No existen los grados de libertad. Los ganadores se lo llevan todo y a los perdedores solo les queda las limosnas o la caridad. Pero elegir implica la posibilidad de equivocarse. La estadística matemática conoce bien la dificultad para saber si cuándo tomamos una decisión es acertada. En la teoría de la decisión estadística se llaman errores tipo I (o) a la probabilidad (de creer) que se ha tomado una decisión acertada, cuando es en realidad inadecuada (estos serían los ganadores de una sociedad neoliberal) y errores tipo 2 (o), a la probabilidad de tomar una decisión (que parece) equivocada pero que al final es la correca, (estos podrían ser los perdedores de esa misma sociedad neoliberal). En todo caso nunca se estará absolutamente seguro de haber tomado la decisión acertada. Un verdadero ejercicio de modestia para fanáticos y radicales.
Tan importante como decidir es aprender a vivir con las consecuencias de las decisiones. Decidir no es lo único que pesa
Todas las decisiones se toman bajo un cierto grado de incertidumbre y todas las decisiones están más o menos condicionadas. Desde el punto de vista matemático este tipo de decisiones se enmarcan bajo el concepto de probabilidad condicional. Elegir es una forma de predecir el futuro y no se elige en ese espacio vacío que los neoliberales llaman libertad, sino en un mundo real lleno de ruido y de furia, en el que abundan esos condicionantes que Ortega llamó 'circunstancias'. Si los neoliberales leyeran, además de a Milton Friedman, al Reverendo Thomas Bayes (s.XVIII) o a Claude Shannon (Teoría de la Información, 1948) serían menos categóricos en sus planteamientos. Y si son cristianos, bastaría con que se entretuvieran releyendo el Nuevo Testamento. Quizás entonces se conformarían con un liberalismo de rostro humano. Ese que no confunde la autonomía con la libertad.
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