Los residentes de un edificio en Tel Aviv recogen sus pertenencias personales en la segunda mañana de la guerra con Irán. Paulina Patimer Europa Press
Oriente Próximo Los israelíes reconocen la amenaza de Irán pero acusan el cálculo electoral de Netanyahu: "Estamos cansados de guerras"Las próximas elecciones en Israel están previstas para octubre, y el primer ministro enfrenta tres causas separadas por soborno, fraude y abuso de confianza. La guerra relega a un segundo plano sus cuentas pendientes con la Justicia.
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María Inmaculada Balbás Tel Aviv Publicada 10 marzo 2026 02:53hLas claves nuevo Generado con IA
"No debes tener miedo. Estamos a salvo aquí. Puedes quedarte conmigo y ver los misiles caer". Así hablaba Samer (un seudónimo para este reportaje) cuando el pasado sábado a las tres de la tarde comenzaron a sonar las alarmas antiaéreas en Tel Aviv.
En la cafetería de este ciudadano árabe-israelí, ubicada en la zona de Jaffa, no hay refugio antiaéreo. Pero él no piensa desplazarse al miklat (refugio público) más cercano, que se encuentra dentro de una escuela que está a tres minutos a pie.
"Los misiles de Irán no me hacen sentir nada. Son sólo un ruido molesto para mí. Morir así es mejor que morir de cáncer. Con un misil mueres sin dolor. Existe un dicho en hebreo que dice:Gam zu le'tovah. Cualquier cosa que venga de Dios, bueno será", cuenta a EL ESPAÑOL.
Muchos israelíes parecen opinar lo mismo. Aunque escaso, el tráfico no se detiene, e incluso hay quien elige seguir con su paseo en bici mientras suenan las alarmas en lugar de dirigirse al refugio más cercano. Los gatos callejeros ni se inmutan ante el sonido.
Hay quien elige quedarse fuera a mirar con tranquilidad cómo los misiles son interceptados. Pero son la minoría. Pasados unos instantes, las calles quedan desiertas a medida que los vecinos se resguardan en los refugios.
Israel en sí es un melting pot formado por muchas culturas diferentes. Por un lado, los hijos de la diáspora judía de países de Europa del Este y de la antigua URSS que sobrevivieron al Holocausto y emigraron tras la Segunda Guerra Mundial. Por otro, judíos de los países árabes vecinos como Irak, y de otros más lejanos como Marruecos, Irán o Yemen.
También existe una importante minoría drusa, que se concentra principalmente en núcleos urbanos como Haifa, en el norte del país. Y también están, por supuesto, los árabes. Algunos de ellos tienen pasaporte israelí, otros portan el jordano.
Cada grupo tiene su propia opinión de la guerra con Irán, aunque el 93% de los judíos israelíes están a favor según una encuesta realizada por el Instituto de la Democracia de Israel (IDI).
Netanyahu aparca el rescate de los rehenes y reanuda la guerra en Gaza para salvar su gobierno con el apoyo de los ultrasPara Nofar Cohen, judía israelí de 34 años de origen yemení, no se trata de si la población de Israel está de acuerdo o no con una guerra larga. "No creo que haya otra solución", opina.
"Todo el mundo lo puede ver. No es como la guerra en Gaza o Líbano. Las relaciones con Irán son demasiado complicadas. Son una amenaza para todos. Han empezado a lanzar misiles no sólo sobre Israel, sino sobre todo aquel que se meta en su camino", señala.
Samer dice no estar de acuerdo con ninguna guerra pese a que, como palestino que es, se alegre de que ataquen a Israel: "No me gustan, y he vivido muchas. No quiero que la guerra sea larga porque no quiero que haya ninguna, es muy malo para la economía. Con la guerra, no hay turismo".
Samer lamenta estar perdiendo muchísimo dinero. Apenas tiene clientes en su local, y tiene que pagar unos 44.000 shekels (12.000 euros) de alquiler.
Para Eliyahu, israelí de 40 años que prefiere no compartir su nombre completo, "Netanyahu no está haciendo nada, está haciendo sólo lo que dice Trump. Él necesita esta guerra para ganar las elecciones, y lo necesita para evitar ir a la cárcel", comenta, recalcando que es sólo su opinión.
Este ciudadano israelí no es que no apoye la guerra, simplemente no le gusta la razón por la que empezó: "Si realmente querían atacar y tenían suficiente uranio para crear una bomba atómica, quizás lo hubieran hecho. Pero no estoy seguro".
Opina Eliyahu que la guerra acabará cuando Irán se quede sin munición, pero no porque logren acabar con su régimen. "Como pasó en Venezuela, que secuestraron a Nicolás Maduro, pero el mismo sistema rige allí. Lo mismo va a pasar", concluye.
Eliyahu considera, además, que no es posible cambiar el régimen en Irán de forma quirúrgica, como se hizo en el país caribeño: "A miles de kilómetros, lo único que pueden hacer es bombardear".
Él encuentra además múltiples similitudes entre el primer ministro israelí y el presidente ruso Vladímir Putin.
"En Rusia la gente decía, ¿quién lideraría Rusia sino Putin? Porque él tiene mucha experiencia", apunta. "Lo que la gente que apoya a Netanyahu dice, es muy similar a lo que la gente de Rusia que apoya a Putin decía. ¿Quién si no Netanyahu? él lleva muchos años en el poder".
"Los israelíes están cansados de las guerras largas. Han estado en una por dos años y medio y no respaldarán otra a pesar de comprender que no está en las manos de Israel, sino que depende de Trump y de los iraníes. Ellos decidirán la duración de la guerra", explica por su parte Amir Oren, analista político israelí.
La postura de los israelíes entrevistados para este reportaje (sobre todo de los judíos) coincide con la opinión del analista. Apoyarán la guerra mientras no se extienda demasiado en el tiempo, por más que estén acostumbrados al conflicto y consideren a Hezbolá e Irán una gran amenaza.
Lo máximo que la sociedad israelí apoyará la guerra es otra semana o dos, concluye Oren.
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Las próximas elecciones en Israel están previstas para octubre de este año, y el primer ministro Benjamin Netanyahu está siendo procesado por soborno, fraude y abuso de confianza en tres causas separadas.
Los entrevistados piensan que ganar la guerra le podría beneficiar a nivel político. El conflicto, además, relega a sus escándalos de corrupción a un segundo plano.
"Al primer ministro israelí lo tiene cercado la justicia israelí por corrupto", recuerda Dolores Rubio, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. "Cualquier guerra le viene bien porque lanza la cuestión al exterior".
El inicio de la operación Furia Épica supuso el inicio de una guerra que, aunque empezó siendo un conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, pronto escaló a nivel regional, con dieciséis países atacados. Yemen ha sido el único país del Golfo en esquivar las represalias.
En los últimos días, Hezbolá atacó Israel e Israel respondió bombardeando Líbano, dos misiles que iban en dirección a Turquía fueron interceptados, un buque de guerra iraní fue derribado en aguas internacionales y un aeropuerto en Azerbaiyán sufrió el ataque de un dron.
"A muchos israelíes no les gusta Netanyahu, no sólo por su escándalo de corrupción, sino porque muchos le responsabilizan de la masacre del 7 de octubre", cuenta Oren.
Por otra parte, añade el analista israelí, la sociedad está decepcionada con Netanyahu porque, cuando atacó objetivos en Irán en la llamada Guerra de los Doce Días de junio del año pasado, aseguró que había eliminado la amenaza para siempre.
"Ocho meses después, sin embargo, a los israelíes se les ha dicho que no, que la amenaza no ha sido eliminada, que quizás su proyecto nuclear esté congelado, pero que todavía quedan otras amenazas latentes: los misiles balísticos de Irán, Hezbolá y los hutíes", explica Oren.
"Por lo que muchos, muchísimos israelíes sospechan de la motivación política de esta guerra, incluso aunque no sea seguro que vaya a ser suficiente para limpiar su imagen", añade.
"Sabemos que para Israel esta guerra es un conflicto existencial. Hezbolá e Israel son enemigos a muerte", afirma Rubio. "Si bien ganar esta guerra sirve políticamente a Netanyahu, la economía israelí se verá afectada ante un conflicto largo: habrá una bajada de la productividad, y el turismo también se verá afectado por razones evidentes".
"Por otro lado, la inversión en lo tecnológico, sobre todo en el ámbito militar, aumentará", subraya.
Aunque muchos expertos opinan que Trump busca un desenlace rápido, Rubio no está convencida: "Lo que quiere es ganar, y ya se está diciendo que quiere operar como en Venezuela, es decir, no tanto derribar al régimen, sino poner a alguien que le abra las puertas del petróleo del Golfo".
Surgen las primeras grietas en la alianza contra Irán: Trump y Netanyahu chocan por cómo y cuándo terminar la guerraEn Estados Unidos, el coste de la guerra ya se nota en los bolsillos de los americanos, con el aumento de precios de la luz y de la gasolina.
"La economía estadounidense —apunta Rubio— va a sufrir lo mismo que el resto de los países europeos, pero sin la posibilidad de usar un paraguas social porque no lo tiene".
"Para Trump, no obstante, el fin justifica los medios", insiste la especialista. "Su objetivo es implementar la doctrina del gran Oriente Medio bajo dominio de Estados Unidos".
Dicha doctrina consiste en incluir todas las minorías étnicas en una sola religión, el islam, para establecer su absoluta hegemonía o zona de influencia.
Se trata de unir en una única zona estratégica a Asia Menor, Asia Occidental y Asia del Sur, para así controlarla mejor, cosa que lograría colocar en el poder en Irán a alguien afín a Estados Unidos.
El analista israelí concuerda con Rubio. Para él, es evidente que Trump intentará aprovechar la guerra para que Israel se acerque más a Arabia Saudí, para conseguir la ansiada normalización.
Pero el precio a pagar para Israel, remarca Oren, "sería reconocer un Estado Palestino, algo que Netanyahu no será capaz de hacer, por lo menos en su coalición política actual, que le gustaría conservar tras las elecciones".
Los motivos que llevan a Estados Unidos e Israel a cooperar son diferentes, pero ambos buscan a toda costa una victoria: para Netanyahu se trata de supervivencia no sólo política, sino existencial, y para Trump ampliar su influencia y control en una región rica en recursos naturales.