Megáfono en alto durante una protesta. iStock
Referentes Los límites de la democracia 'pasan' por el laboratorio: "La IA no es el peligro, lo es la sociedad que renuncia a ejercer su juicio"Eduardo López-Collazo y José Castillo cruzan inmunología y neurociencia para analizar la erosión democrática, el poder de las RRSS y los riesgos de la IA.
Más información: Eduardo López-Collazo, científico y escritor: "En esta sociedad del autobombo, todos somos un poco narcisistas"
Mariana Goya Publicada 4 octubre 2026 02:00h SíguenosLa libertad mundial encadenó en 2025 su vigésimo año consecutivo de retroceso. Según Freedom House, 54 países sufrieron un deterioro de sus derechos políticos y libertades civiles, frente a 35 que registraron avances. Apenas el 21% de la población mundial vive hoy en países considerados libres, frente al 46% de hace dos décadas.
El informe El Estado Global de la Democracia 2025 publicado por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral dibuja una tendencia similar. En 94 países, el 54% de los estados analizados, empeoró al menos un componente de su desempeño democrático entre 2019 y 2024, con retrocesos visibles en independencia judicial, libertad de prensa e integridad electoral.
Es en ese escenario donde Eduardo López-Collazo y José Castillo sitúan Los límites de la democracia (Think Tank Editorial, 2026), un ensayo construido como una conversación por cartas entre un físico e inmunólogo y un neurólogo.
Cristina Monge, politóloga: "Los jóvenes interpretan el feminismo en clave de pérdida de poder y de privilegios"La propuesta parte de una premisa poco habitual. Para entender las dificultades que atraviesan los sistemas democráticos, ambos autores trasladan conceptos de las ciencias de la vida al terreno político y observan la democracia como un "sistema vivo", capaz de adaptarse, defenderse, enfermar y deteriorarse.
La elección de ese lenguaje no es un recurso ornamental. López-Collazo explica que ambos autores, acostumbrados a trabajar desde la ciencia, trasladaron a sus conversaciones una forma de observar la realidad que ya forma parte de su manera de pensar.
"No podemos evitar nuestra formación científica, ni el uso de símiles relacionados con la neurociencia, la inmunología y la física", señala. Y es que el objetivo, añade, era buscar una vía distinta para explicar el presente político y recordar que "los científicos pensamos en 360 grados".
Castillo advierte, sin embargo, de que las metáforas tienen un límite. "Son peligrosas cuando dejan de ayudar y empiezan a pensar por nosotros", afirma.
Eduardo López-Collazo, coautor de 'Los límites de la democracia'. Cedida
En su caso, explica que a pesar de que una democracia no tiene literalmente leucocitos, anticuerpos o neuronas, la comparación permite desplazar la mirada desde las estructuras formales hacia su funcionamiento. "Una Constitución puede seguir intacta sobre el papel mientras la democracia que debía proteger se está deteriorando por dentro", sostiene.
Ese deterioro también obliga a mirar al ciudadano. La teoría de sistemas políticos puede analizar instituciones, normas y contrapesos, pero los autores introducen una variable más difícil de aislar: las personas que forman parte de ellos. Pues, como apunta Castillo, no somos seres "perfectamente racionales".
Las decisiones políticas también están atravesadas por emociones, miedos, recompensas, pertenencias e identidades. De ahí que, en su planteamiento, la democracia haya sido diseñada para seres humanos reales y no para ciudadanos ideales.
El diagnóstico conduce así a una cuestión central del libro. Si un organismo puede enfermar, también puede desarrollar defensas, pero esas no son necesariamente inocuas. "Una democracia no es una máquina que, una vez construida, sigue funcionando sola. Se parece mucho más a un organismo que hay que mantener vivo", resume Castillo.
No reconocer la amenaza
Sobre ese organismo se proyecta la figura de los "patógenos democráticos", una categoría con la que López-Collazo se refiere a las dinámicas que pueden deteriorar el sistema desde dentro. El científico sitúa aquí a los extremos ideológicos y también a quienes modifican sus posiciones para acercarse por motivos electorales.
"Hablamos de los extremos, sus protagonistas y quienes, para no perder votos, se acercan", explican.
El poder ocupa otro espacio relevante en este diagnóstico. López-Collazo rechaza presentar su concentración como una anomalía exclusiva de determinados dirigentes o grupos. "Las élites que no son más que humanos con un poder determinado, buscan perpetuarse adquiriendo más poder si cabe", afirma.
Para el investigador, "esto es, sencillamente, humano" y, precisamente por eso, las sociedades han construido mecanismos destinados a limitar esa tendencia.
El problema aparece cuando quienes ejercen influencia utilizan esas mismas estructuras para reforzar su posición. "Quienes deciden o tienen influencia infectan el sistema, la ciudadanía se desencanta y la democracia se pone en peligro...", señala López-Collazo.
Portada del ejemplar 'Los límites de la democracia' (Think Tank Editorial, 2026). Cedida
Por ese motivo, su propuesta parte de romper esa dinámica antes de que se convierta en un proceso de deterioro acumulativo. "Es un círculo vicioso que debemos, por salud, romper", sostiene.
Por su parte, Castillo evita describir la situación actual como un coma democrático. Prefiere una imagen distinta: "Nuestras democracias están bastante más despiertas que eso. El problema es que algunas están despiertas, irritadas y desorientadas".
A su entender, todavía existen mecanismos de resistencia, desde jueces independientes y periodistas hasta ciudadanos movilizados e instituciones capaces de corregirse. Pero esa capacidad convive con "una agresión crónica" formada por factores como la polarización, la desinformación, el descrédito institucional o la búsqueda de soluciones rápidas.
La recuperación tampoco puede depender de una intervención exterior. Y es que, pese a que las instituciones supranacionales pueden establecer límites, Castillo considera que "las democracias no tienen una UCI a la que podamos trasladarlas cuando empiezan a fallar".
La respuesta, plantea, debe producirse de las propias sociedades, mediante la recuperación de la confianza, la reducción de desigualdades y una mayor capacidad para convivir con posiciones diferentes.
El poder de la atención
Las redes sociales introducen una nueva vulnerabilidad porque actúan sobre uno de los recursos más disputados de la política contemporánea, como lo es la atención.
Castillo resume la tensión entre tres momentos históricos con una imagen: "Tenemos un cerebro construido durante cientos de miles de años, instituciones políticas diseñadas en buena medida en los siglos XVIII y XIX y plataformas digitales del siglo XXI compitiendo, minuto a minuto, por secuestrar nuestra atención".
El problema, según explica, no reside únicamente en la existencia de información falsa. "Las mentiras existieron siempre". La diferencia está en la capacidad tecnológica para identificar aquello que genera miedo, indignación o confirmación de las propias convicciones y convertir esa reacción en una herramienta para mantener al usuario conectado.
Sonia Díez, psicóloga, sobre la educación en España: "El modelo actual fue diseñado por un mundo que ya no existe"De ahí surge una de las expresiones del libro, las "fábricas de dopamina". Castillo reconoce que se trata de una simplificación neurobiológica, pero considera que permite señalar una cuestión concreta. "El producto que venden muchas plataformas no es información; somos nosotros. Más exactamente, nuestra atención".
La regulación en este contexto, plantea otro límite. Para Castillo, exigir transparencia sobre los algoritmos, controlar determinadas formas de microsegmentación o identificar contenidos manipulados no equivale a decidir qué puede pensar cada ciudadano.
La respuesta pasa también por la educación. El objetivo sería formar "un ciudadano intelectualmente vacunado", capaz de distinguir "información de emoción, popularidad de verdad y convicción de evidencia".
El algoritmo dentro del organismo
La inteligencia artificial añade una capa nueva al debate. En el libro aparece como un "trasplante social", una metáfora que López-Collazo utiliza para defender su incorporación sin convertirla en una autoridad política. "La expresión 'trasplante social' no propone blindarnos frente a la IA, sino integrarla sin cederle soberanía", explica.
El principio que plantea es sencillo: "Que la máquina asesore, pero que la responsabilidad política siga siendo humana". La dificultad, reconoce, no es tanto técnica como política. "El verdadero peligro no es que la IA nos arrebate el poder por la fuerza, sino que se lo entreguemos voluntariamente porque decide más rápido y parece equivocarse menos", asegura López-Collazo.
Castillo establece una frontera similar al hablar de una posible democracia algorítmica. Y es que la tecnología puede facilitar nuevas formas de participación, procesar propuestas o simular los efectos de determinadas políticas, pero "ayudar a decidir no es decidir"
El científico José Castillo, coautor de 'Los límites de la democracia'. Cedida
La comparación con el cerebro vuelve a aparecer en este punto. Castillo imagina una democracia capaz de aprender de una organización basada en redes, integración, conflicto y mecanismos de corrección, en lugar de concentrar toda esa capacidad de decisión en un único nodo.
El riesgo contrario sería que una ciudadanía cada vez más asistida por sistemas tecnológicos perdiera capacidad para intervenir en las decisiones. "Podemos terminar siendo ciudadanos muy bien asistidos y políticamente inútiles", advierte.
López-Collazo plantea el mismo dilema desde el ámbito institucional. "Una institución sólida no es una poderosa, sino una capaz de ser privilegiada, corregida y limitada". Por eso propone auditorías independientes de algoritmos, supervisión humana y mecanismos de revisión. La frontera que marca es que la tecnología permanezca subordinada a las instituciones democráticas.
Ajena al diagnóstico
El análisis tampoco se limita a la tecnología. Y es que al abordar figuras políticas como Donald Trump, Vladímir Putin o Javier Milei, Castillo introduce una cautela inicial. "Lo primero que deberíamos aprender es a no meter a Trump, Putin y Milei en el mismo saco".
Sus trayectorias, países y formas de ejercer el poder son diferentes, aunque el neurólogo identifica elementos que considera relevantes para estudiar la relación entre liderazgo, instituciones y ciudadanía.
Por ese motivo se permite desplazar la pregunta desde los dirigentes hacia las sociedades que los respaldan. "Es demasiado difícil atribuirlo a ignorancia, manipulación o extremismo", afirma. En su interpretación, también hay que atender a ciudadanos que sienten que las instituciones tradicionales han dejado de escucharles o que determinadas élites viven alejadas de sus problemas.
Juanjo Fraile, escritor: "Vivimos en una sociedad cansada que sufre la desconexión de su propia vida"Ese desplazamiento hacia el ciudadano conecta con una de las ideas centrales del ensayo. Los autores no presentan su libro como un manual para decidir qué opción política debe escogerse. De hecho, Castillo lo expresa de forma explícita: "No pretendemos decirle al lector a qué debe votar. Ni siquiera queremos que esté de acuerdo con nosotros".
El libro nace, en realidad, de dos miradas científicas que intentan analizar una misma cuestión desde lugares distintos. El formato epistolar surgió de sus conversaciones habituales y terminó convertido en una forma de mostrar el propio proceso de discusión. "Nuestra máxima, no escrita, es intentar llegar a un punto común y, en el camino, aprender", explica López-Collazo.
Esa apertura también les permite reconocer las zonas en las que su diagnóstico resulta más sólido que sus propuestas. "Probablemente que somos mejores diagnosticando que prescribiendo", admite el inmunólogo. La dificultad aparece cuando hay que decidir quién determina qué constituye una amenaza y dónde se sitúa el límite entre protección y control.
Ahí quedó condensada la paradoja que atraviesa el libro. "Cómo proteger la democracia sin protegerla tanto que deje de ser democracia", plantea López-Collazo. Una pregunta que, en su caso, se resuelve desde la intersección entre inmunología, neurociencia, tecnología e instituciones. Y que explica también por qué los autores prefieren dejar abierto el debate antes que convertir su diagnóstico en una receta cerrada.
- Redes sociales
- Democracia
- Inteligencia artificial
- Objetivo 9: Industria, innovación e infraestructura
- Objetivo 16: Paz, Justicia e instituciones sólidas