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Los últimos días en prisión del padre de Asunta Basterra tras cumplir sólo 11 años de 18: "Es el preso ideal, todos le aman"

Los últimos días en prisión del padre de Asunta Basterra tras cumplir sólo 11 años de 18: "Es el preso ideal, todos le aman"
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El permiso de salida concedido por el juez ha quedado en suspenso tras un recurso de la Fiscalía, pero el diagnóstico es unánime: comportamiento "excelente", sin incidentes y con todos los requisitos cumplidos. Más información: La Fiscalía de Salamanca frena la salida de prisión de Alfonso Basterra al recurrir su primer permiso penitenciario.

Alfonso Basterra, en una imagen de archivo durante el juicio por el asesinato de Asunta; y el centro penitenciario de Topas, en Salamanca. EFE / E. E.

Reportajes CASO ASUNTA Los últimos días en prisión del padre de Asunta Basterra tras cumplir sólo 11 años de 18: "Es el preso ideal, todos le aman"

El permiso de salida concedido por el juez ha quedado en suspenso tras un recurso de la Fiscalía, pero el diagnóstico es unánime: comportamiento "excelente", sin incidentes y con todos los requisitos cumplidos.

Más información: La Fiscalía de Salamanca frena la salida de prisión de Alfonso Basterra al recurrir su primer permiso penitenciario.

Salamanca Publicada 11 abril 2026 02:28h

Hay cárceles donde el tiempo se pudre y otras donde simplemente se ordena. En Topas, a las afueras de Salamanca, el tiempo no se rompe: se administra. Desde la carretera, el centro penitenciario aparece como un bloque bajo, extendido, de hormigón pálido que se pierde entre campos abiertos y viento seco.

Dentro, el sonido cambia: puertas metálicas que se abren y se cierran con precisión mecánica, pasos que resuenan más de lo necesario en los pasillos largos, una luz blanca que no distingue entre mañana y tarde. Todo está pensado para que nada se descontrole. Para que todo encaje.

En ese sistema donde encajar lo es todo, Alfonso Basterra encaja.

"Alfonso Basterra saldrá pronto de prisión, es el preso ideal": en la cárcel de Topas "todos aman" al padre y asesino de Asunta.

El preso ideal

Dentro, dicen, es un preso ideal. La frase no es literaria. Es técnica. La repiten funcionarios, la asumen internos, la sostienen fuentes penitenciarias con la frialdad de quien describe un expediente limpio.

"Es un preso magnífico", resume un funcionario de la prisión salmantina. "Por comportamiento tendría derecho a todos los permisos", añade otro. No hay dudas en ninguna de las personas con las que ha podido hablar EL ESPAÑOL. Y ese es, precisamente, el punto incómodo de esta historia.

Porque Basterra —condenado a 18 años de prisión por el asesinato de su hija Asunta en 2013— cumple con todos los requisitos que el sistema exige para empezar a salir. Y saldrá. No hoy, no mañana quizá, pero saldrá dentro de poco.

"Más pronto que tarde", coinciden las voces dentro del penal. La reciente suspensión de su primer permiso —cuatro días autorizados por un juez— no cambia el diagnóstico, solo lo retrasa.

Entrada de la prisión de Topas, en la provincia de Salamanca, este miércoles. Julio César R. A.

El recurso de la Fiscalía responde a la gravedad del delito, a la falta de asunción de responsabilidad, al peso todavía vivo del caso. Pero dentro, donde el sistema funciona con sus propias reglas, la lógica es otra: la de los expedientes, los informes, la conducta. Y ahí, Basterra no falla.

Ha cumplido más de dos tercios de la condena. Está clasificado en segundo grado. No tiene sanciones. No genera conflictos. Ha pasado por programas de intervención como el de conductas violentas (PICOVI) con evaluación positiva.

Ha presentado arraigo: vivienda en Madrid, oferta laboral, estabilidad económica "y amorosa". Todo lo que el sistema pide para conceder permisos como paso previo a la reinserción. "Su conducta penitenciaria no es susceptible de reproche", recoge el auto judicial. El riesgo, según los técnicos, es bajo.

Alfonso Basterra saldrá de la cárcel de Topas: concedido el primer permiso tras 13 años en prisión por el crimen de Asunta

El 'intelectual'

En Topas, eso —ese expediente limpio— tiene un significado muy concreto: normalidad. Basterra está destinado como ordenanza en el módulo sociocultural, uno de los llamados módulos de respeto.

Espacios donde el ruido baja, donde la violencia es una excepción y donde la convivencia se sostiene sobre una disciplina casi invisible: horarios, normas, rutinas repetidas hasta borrar el conflicto.

Allí, su perfil encaja sin fricciones. Es titulado superior, periodista, escritor. Ordena papeles, ayuda en tareas organizativas, se mueve con soltura en un entorno que se parece más a una oficina silenciosa que a una prisión.

Lee. Escribe. Conversa cuando quiere. "Apenas se relaciona con el resto de la población reclusa. Tiene buen comportamiento aunque no participa en actividades. Ni tampoco tiene trabajo retribuido dentro de la prisión. Su carácter es, más bien, introvertido", explica un representante sindical.

No es un preso visible. No lidera ni molesta. No destaca más de lo necesario. Los funcionarios subrayan su educación, su tono pausado, su capacidad para sostener una conversación sin elevar la voz. "Es una persona con la que se puede hablar", dicen. Y en esa frase hay una trampa: describe lo que es hoy sin responder a lo que fue.

Alfonso Basterra, en una imagen de archivo durante el juicio. EP.

13 años del caso Asunta

Porque lo que fue sigue ahí, aunque dentro se pronuncie menos. El asesinato de Asunta Basterra no es un delito cualquiera en una hoja de cálculo penitenciaria. Fue un crimen que desbordó al país. Una niña de 12 años, drogada con lorazepam, asfixiada después, abandonada en una pista forestal en Teo.

Sus padres denunciaron su desaparición para encubrirlo. Un jurado popular los condenó sin fisuras. El Tribunal Supremo confirmó la sentencia. No hay grietas jurídicas en ese relato.

Y, sin embargo, hay una grieta en la forma en que ese relato se procesa dentro de prisión. Basterra nunca ha confesado el crimen. Nunca ha asumido su responsabilidad. No hay reconocimiento, no hay arrepentimiento público, no hay relato alternativo. Sólo silencio.

Y aun así, su expediente es impecable. Esa es la contradicción que incomoda incluso a algunas voces dentro del sistema: que se pueda ser un "preso de diez" sin haber dado una explicación completa de lo que se hizo.

"Va a lo suyo", resume una fuente. Es una frase pequeña, pero define bien su manera de estar. Perfil bajo, control constante, exposición mínima. Una vida sin aristas visibles. Sin errores.

Su relación con los funcionarios es correcta, incluso fluida. También con la dirección del centro, a cuyo responsable ya conocía de su etapa en Teixeiro, donde pasó más de una década.

De allí pidió el traslado a Salamanca por un motivo que, dentro de prisión, suena casi extraño: una relación epistolar con una mujer, oriunda de la provincia. Lo pidió por amor. Y se lo concedieron.

Desde entonces, su vida en Topas es lineal. Sin partes disciplinarios, sin conflictos, sin sobresaltos. En un sistema que mide la conducta en la repetición de gestos pequeños —cumplir normas, evitar problemas, sostener la rutina—, Basterra suma todos los días. Y sumar, en prisión, tiene consecuencias.

La ley penitenciaria no habla de castigos perpetuos, sino de progresión. Los permisos de salida no son un premio: son una herramienta. Preparan la salida definitiva. Se conceden cuando el interno cumple tiempos y mantiene conducta. Basterra cumple.

El problema es lo que no se mide. Por eso la Fiscalía se opone. Por la gravedad del delito. Por el momento de cumplimiento de la pena. Por la ausencia de reconocimiento. Por una idea difícil de traducir a un informe técnico: que hay crímenes cuyo peso no se disuelve con el tiempo ni con la buena conducta.

La Fiscalía de Salamanca frena la salida de prisión de Alfonso Basterra al recurrir su primer permiso penitenciario

Un escritor semilibre

Pero ese peso no decide dentro de Topas. Dentro, decide el expediente. Y el expediente de Basterra es, según coinciden todas las fuentes consultadas, impecable.

"Saldrá pronto de prisión, guste o no", dice una de ellas. No lo plantea como una opinión, sino como una consecuencia inevitable del sistema.

Mientras tanto, Basterra ocupa el tiempo en una rutina que también encaja con ese perfil: la escritura. En prisión ha publicado una novela, Cito, editada por Vitruvio, con ecos de realismo mágico.

Portada de 'Ciro', el libro publicado por Alfonso Basterra y la editorial Vitruvio. Ediciones Vitruvio.

La dedicatoria —"A Asunta. Mi niña, mi vida, mi gran amor"— reabrió fuera una herida que dentro nunca llega a cerrarse del todo pero tampoco altera nada esencial. Ni su posición. Ni su evaluación. Ni su futuro inmediato.

Sigue escribiendo. Trabaja en una segunda parte. Mantiene correspondencia con la editorial. Pasa horas en la biblioteca. Su vida, dentro, es ordenada, previsible, casi silenciosa.

Y ahí está el verdadero nudo de esta historia. Que el mismo hombre condenado por el asesinato de su hija, que nunca ha reconocido el crimen, sea hoy, dentro de prisión, un interno ejemplar y esté a punto de empezar a salir.

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