Voluntarios y militares ayudan a evacuar a una residente de Kramatorsk. María Senovilla
Europa Los últimos de Kramatorsk: Ucrania acelera la evacuación de los civiles del Dombás bajo los bombardeos rusosAún quedan más de 30.000 civiles atrapados, incluidos 1.000 niños, a pesar de que la ciudad está semidestruída y ha sido declarada zona de combates.
Más información:Tren nocturno a Kramatorsk: viaje al punto más negro de la guerra, en el corazón del Dombás.
María Senovilla Kramatorsk Publicada 21 septiembre 2026 06:00h Actualizada 21 septiembre 2026 06:49h Las claves Síguenos Las claves Generado con IALos ataques aéreos rusos han convertido Kramatorsk, en el corazón del Dombás, en un infierno. El estruendo de las bombas guiadas sacude la ciudad varias veces al día, mientras que los enjambres de drones FPV cargados de explosivos recorren las calles “cazando” personas y automóviles, y sembrando el pánico entre la población civil.
Rusia está reduciendo a escombros todos los edificios de viviendas, los hospitales y los comercios. Uno tras otro. Mientras que el goteo de muertos y de heridos no deja de crecer.
La ciudad ya ha sido declarada zona de combates activos, y las tropas de Moscú están a menos de 10 kilómetros. Pero aún quedan más de 30.000 civiles viviendo aquí, incluidos unos 1.000 niños –a los que las autoridades han instado a abandonar Kramatorsk de manera obligatoria–.
Desde fuera, parece una locura continuar viviendo en un lugar así; desde dentro se te rompe el corazón cuando escuchas sus historias y entiendes la dolorosa realidad: la mayoría no tiene a dónde ir, ni recursos para comenzar una vida digna en ninguna otra parte.
Ver cómo pierden su hogar es una de las escenas más desgarradoras que nos está dejando la guerra en esta parte Ucrania. Algunos tienen que meter en un saco las pocas pertenencias que pueden salvar, porque ni siquiera tienen una maleta; otros se ven obligados a abandonar a sus animales, y todos ahogan el llanto en la garganta cuando parten hacia un futuro incierto.
Tren nocturno a Kramatorsk: viaje al punto más negro de la guerra, en el corazón del DonbásPor eso son tantos los que intentar aguantar “hasta el final”, y ese final a veces no llega hasta que sus casas son alcanzadas por las bombas y ya no tienen más opciones. Entonces llaman desesperados a organizaciones de voluntarios que se juegan la vida para ir a recogerlos –esquivando drones FPV– y los llevan a los centros de tránsito para desplazados.
Cada vez más drones
Eduard es uno de los voluntarios que realiza esas evacuaciones. Él también perdió su casa, en Bakhmut, otra de las ciudades del Dombás que Rusia destruyó hasta los cimientos. Desde entonces trabaja para la fundación East SOS rescatando a otros civiles que quedan atrapados en el frente de combate.
Pero su trabajo es más complicado cada día que pasa: cuando empezó la invasión a gran escala no había drones cargados de explosivos persiguiendo coches y ambulancias para hacerlas saltar por los aires. Hace cuatro años, los evacuadores sólo tenían que esquivar la artillería, y podían efectuar rescates a unos cientos de metros de las líneas rusas.
Ahora es impensable hacer algo así. “Nosotros ya no podemos llegar hasta Duzhkivka –a unos 20 kilómetros de Kramatorsk–; sólo entran ahí los equipos que tienen un furgón blindado”, explica.
Las tropas rusas 'cazan' civiles ucranianos en las calles de Jersón a golpe de dron: "Nos llueven granadas"Y los civiles que se han quedado en las ciudades que hay más atrás de Druzhkivka ya no pueden ser evacuados. Ni siquiera con vehículos blindados. Así que están condenados a morir bajo el fuego cruzado, o intentar atravesar las líneas rusas por su cuenta para dirigirse caminando hacia los territorios ocupados –algo que muy pocos consiguen–.
La guerra del presente
En enero de 2022, había casi dos millones de personas viviendo en la parte de Donetsk que estaba bajo el control de gobierno de Ucrania. Hoy quedan 85.000, y la Administración Regional está intentando que evacuen lo antes posible porque la situación está empeorando muy deprisa.
Antes una ciudad situada en el frente del Dombás podía tardar varios años en caer. Lo vimos con Bakhmut, con Chasiv Yar, incluso con Avdiivka. Pero ahora, aunque la infantería rusa no sea capaz de avanzar por tierra,Rusia puede arrasar poblaciones enteras a golpe de dron.
La secuencia siempre es la misma: bombardean las plantas de agua, las centrales eléctricas y las tuberías del gas, y los suministros se cortan. Los operarios intentan hacer reparaciones, pero no pueden porque son atacados por los drones. Tampoco pueden trabajar los bomberos, ni los rescatistas. Incluso la Policía –que ahora patrulla las calles armada con fusiles antidron para derribar FPV, en una suerte de tiro al plato– termina siendo evacuada.
Voluntarios y militares ayudan a evacuar a una residente de Kramatorsk. María Senovilla
Al final sólo queda el Ejército, combatiendo desde los sótanos que se convierten en trincheras urbanas. Y aquellas personas que no evacuaron cuando aún podían, acaban escondidas bajo tierra, intentando sobrevivir. Así es la guerra del presente.
Por eso los voluntarios, como Eduard, se dejan la piel para sacar del frente al mayor número posible de civiles antes de que sea tarde. En estos momentos, más de 500 son evacuados cada día sólo de la ciudad de Kramatrosk.
“Entre todas las organizaciones que trabajamos aquí, llevamos a unas 300 personas al centro de tránsito de Lozova, el resto sale por su cuenta en su propio coche o ayudados por familiares”, explica Eduard.
No son números
Pero no es justo reducir a cifras esta crisis humanitaria. Cada uno de los habitantes del Dombás que se ve obligado a huir de su hogar bajo las bombas rusas tiene una historia detrás. Viktor y Liuba, Oleksander, o la abuela Olga, que perdió a gato durante la evacuación después de que ambos sobrevivieran al bombardeo que derribó las pareces de su apartamento.
Las vecinas de Gregory, un residente de Kramatorsk, se despiden de él justo antes de ser evacuado. María Senovilla
Casi todas las historias son duras. Pero los ucranianos del Dombás se empeñan en ser fuertes, como Gregory. Aunque camina con un bastón y tiene la mano derecha inutilizada, se ha colocado una muñequera con un gancho metálico y lo utiliza para colgar la pequeña mochila azul donde lleva sus objetos personales.
Gregory se rompió la espalda en un accidente de coche, hace muchos años. “En la mayoría de los casos la gente no vuelve a caminar tras una lesión así, pero yo soy un hombre fuerte”, asegura mientras recorre con la mirada cada rincón de su habitación, muy despacio. Cuando termina se dirige a la entrada para ponerse los zapatos, y coloca las pantuflas perfectamente alineadas bajo el zapatero.
Gregory, un residente de Kramatorsk, se dispone a abandonar su casa para siempre. María Senovilla
Actúa como si no estuviera a punto de marcharse para no volver. Pero entonces alza la mano buena y la posa en la puerta de madera mientras susurra: “spasibo, spasibo”. Significa gracias. Le da las gracias al que ha sido su hogar, y con los ojos empañados se dispone a bajar los siete pisos que le separan de la calle. Claro que sabe que no va a volver.
Cuando llega al último tramo de escaleras hay dos vecinas esperándole. Le abrazan, y una de ellas no puede contener las lágrimas, pero Gregory bromea hasta sacarle una carcajada. Tres vecinas más salen del portal contiguo; otro abrazo, más llantos. Y a pesar de que ha empezado a llover, ninguna se mueve de allí hasta que el vehículo de evacuación arranca y ellas le lanzan bendiciones con la mano.
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