Ampliar
Isidro Ibáñez y Paqui Valverde, padres de Estíbaliz, en su casa de Ermita Nueva. Virginia Carrasco Testimonios «Los niños deben saber la repercusión que tiene su suicidio en la gente que quiere»Paqui e Isidro perdieron a su hija Estíbaliz cuando ella tenía 16 años, y hablan del impacto de la muerte repentina, el dolor, el duelo y la vida que prosigue
Madrid
Sábado, 28 de marzo 2026, 00:09
CompartirUna mañana de diciembre, Paqui e Isidro perdieron a su hija, Estíbaliz, que se suicidó a los 16 años. «Era maravillosa, guapa, con muchos amigos», recuerda su madre. En el salón de su casa de Ermita Nueva, una de las aldeas de Alcalá La Real (Jaén), tienen fotos de la niña, junto a la de su otro hijo y sus nietos. Minutos antes, la niña había desayunado un donut. La encontró su abuela. Su padre intentó reanimarla. En medio del dolor, buscaron explicaciones y no las hallaron. No hubo carta. Sus padres decidieron vivir «por los que se quedan». Tuvieron que aceptar la ausencia. Han pasado los años y ahora Paqui Valverde, de 65 años, e Isidro Ibáñez, de 67, hablan del impacto de aquella muerte, del duelo, de los procesos para seguir adelante y de cuál es la mejor manera de prevenir el suicidio: enseñar en las escuelas la devastación que deja tras de sí quien lo comete.
(La madre)
La mañana del 8 de diciembre fuimos a recoger aceitunas. Como tenemos una fábrica de quesos, lo hacemos los fines de semana, en familia. Le dijimos que tenía que venir y ella se arregló. Era muy friolera y se puso mucha ropa. Yo creo que lo de mi hija fue algo espontáneo. Ella se autoexigía mucho; era una líder, una niña muy rebelde, de su propia idea. Era maravillosa, guapa, con muchos amigos, muy responsable. Teníamos las dos el mismo carácter. Y ya tenía su amiguillo.
Esa mañana su prima preguntó por ella en casa y mi madre creyó que ya estaba en la aceituna, pero yo, que me estaba poniendo los zapatos e iba más tarde, sabía que no, que no la había visto salir. Pero pensé que ya vendría cuando lo estimara oportuno. Estábamos en lo nuestro en el campo (a unos metros de su casa, desde donde se ve la sierra de Granada), yo todavía estaba de camino, y vino mi suegro y dijo: la niña se ha puesto mala. Yo presentí que algo muy grande había pasado, no sé, me derrumbé al suelo, me caí de rodillas. Los demás salieron corriendo, todos. Yo no podía andar.
No sé el tiempo que estaría, media hora, cuarenta minutos, de rodillas. Isidro (el padre) la vio en el suelo, la cogió en brazos y en el coche de un vecino la llevaron al médico del pueblo, pero ya estaba fallecida. Lo hizo en la despensa. Solo había una gota de sangre. Así de simple, de rápido, de inexplicable. Pero así pasó.
Tenía 16 años, estaba en el instituto, en primero de bachillerato. Iba bien en el colegio. Hacía poco que nos había dicho: lo que voy a estudiar es para trabajar en la hacienda, que yo ya lo tengo claro, es lo que me gusta. Era muy buena con los números. Y decía: voy a hacer esto y aquello. Ya compartíamos ropa, compartíamos zapatos. Era toda ilusión. Fue una niña muy querida por todo el mundo, desde antes de nacer. Muy inteligente y tenía mucho don de gente. Por todo sitio la querían. Muy desenvuelta, con muchas ganas de hacer cosas.
Ampliar
Paqui Valverde. V. CarrascoTe podías esperar de todo menos eso. Ni era tampoco una persona violenta, al revés. Si nosotros tenemos gallinas y conejos y ella jamás me podía ver que yo matara a un animal. Cuando vinieron sus profesores, dijeron que ella no era el tipo de persona que hace esto. Yo no la vi depresiva. Y ahí está la duda, porque nadie te puede aclarar qué pudo pasar en esa mente. La policía se llevó el móvil y no encontraron nada. Ella tenía costumbre de escribir lo que pensaba, incluso en papel del chicle, y lo último que tenía escrito era que tenía ganas de terminar los exámenes y que llegase Navidad para pasárselo bien. Y en su diario yo he buscado y no hay nada. Fue en el 2001.
Un hermano mío también murió, cuando yo tenía 17 años y él, 21. Le entró un cáncer y no duró un mes. Pero eso lo llegas a entender, aunque la falta de esa persona nadie la cubre. Pero es una muerte por enfermedad, ¿entiendes? Pero por suicidio... Si tú ves a tu hija el día de antes, radiante... Ella no dejó carta. Yo creo que le pasó por la cabeza y lo hizo. Porque ella era impulsiva. Nosotros somos gente impulsiva. Porque yo pienso que si ella hubiese tenido planeado hacerlo, no se pone tanta ropa para la aceituna.
Noticia relacionada
Ampliar
Retrato de Estíbaliz, en el salón de casa. V. Carrasco La ausencia se transforma. Ella se fue con 16 y ahí es donde terminó su vida, pero ya tendría 40 y digo: Ojalá mi niña estuviera aquí; estaría con sus niños. Pienso mucho en ella cuando veo a gente de su misma edad. Me duele mucho y me da mucha alegría que todavía la recuerden. Yo no soy una persona religiosa, pero yo siento que mi niña está conmigo.
Una persona hace eso porque se encuentra muy mal. No puede con esa carga. No hay que recriminarle su acción. Yo creo que ellos hacen un acto de amor, se sienten un estorbo, que no están a la altura y piensan: si me quito del medio no hago sufrir. No podemos hacer como antes, que los enterraban como si fuesen unos apestados.
(El padre)
Son momentos. Momentos que no sabemos por qué, porque ella estaba muy bien. Tenía sus exámenes, estaba bien con su amigo y con nosotros. En un segundo algo se cruzó, pum. Su impulsividad se la llevó. Cuando no hay síntomas, no hay prevención. Por algo... no hay vuelta atrás.
(La madre)
Ella no quería hacer daño a nadie. En ese momento se le tuvo que cerrar el mundo. El día anterior estuvo todo el rato contando chistes. No, no, pero pasó. Pasó. Los niños están muy perdidos en todos los conceptos. Cuando ella hizo eso no había tanto riesgo como ahora con el móvil. Los niños tienen acceso a una información que ellos confunden con la realidad.
(El padre)
Los niños deben saber la repercusión que tiene su suicidio en la gente que quiere y en el mundo universal. Yo me quito del medio, sí ¿pero y los que quedan? De eso no tienen ni idea, de lo que causan. Más que un tema tabú, deben saber lo que conlleva hacer algo así. Debería hablarse en los colegios, para que tomen conciencia. Sería una de las medidas preventivas, porque saber cuándo va a ocurrir eso, no se sabe. Mi niña estuvo conmigo aquella noche y no me lo podía imaginar.
Ampliar
Isidro Ibáñez. V. Carrasco (La madre)
Tú no puedes imaginarte nunca que a la otra mañana tu hija se va a ir. El fallo de mi hija fue no tener capacidad de pensar las consecuencias. Hay que hacerles ver el antes y el después de una familia, de unos hermanos, de unos compañeros de colegio, de todos, porque todos importamos, más de lo que nos creemos. Decirles: tú imagínate que mañana no está tu mamá en casa. Ya haces que reflexionen.
(El padre)
Cuando mi niña se muere, no se da cuenta de lo que ha hecho con su hermano, con su madre, con su tía, con sus amigas, con todos. Ella se ha ido, sí, vale. Perfecto. Pero ese no es final. Por eso deberían tener un poquito más de conciencia. Todos los que estamos aquí tenemos que hacer ver que nos importa. Hubo un momento en el que nosotros nos planteamos: vivir de esa manera no merece la pena y aquí tenemos una solución, o vivimos normalmente. Fue un planteamiento que nos hicimos los dos, serios, durante unos días. Decidimos vivir la vida normal y punto. A los seis días de morir mi niña me fui a repartir, con el sentimiento que tenía, pero a seguir. No se puede vivir con el sufrimiento continuo. Hay que aceptarlo. Es muy difícil. Nosotros no somos más fuertes que otros, pero el que no lo acepta lo pasa fatal.
(La madre)
Tienes que pensar en los que se quedan y vivir con esa ausencia. Tienes que decir: esto es lo que me ha tocado, y tengo que llevarlo de una manera digna. Si tú no tomas esa actitud, tú haces mucho daño a los que se han quedado, que están igual que tú. Para salir adelante hay que pensar en los demás y luego decir que merezco poder salir, ver a gente del pueblo y de otros sitios, ya lo echaba de menos.
Nosotros hablamos de ella con mucha normalidad aquí. El día que nació mi hija fue el más feliz de mi vida. A mis nietos no les hablo de ella desde la pena. Lo hago desde el amor. Mi hija fue lo mejor que me pasó en la vida cuando vino y tiene que seguir siéndolo. Desde muerta me está enseñando.
(El padre)
Lo tienes enterrado pero te ayuda estar con gente que ha tenido la misma experiencia, que hablan con conocimiento de causa. Hay cosas que me dicen psicólogos pero yo siento otra cosa y lo veo de otra manera. Me ha costado mucho trabajo hablar de este tema. Siento una liberación cuando hablo con gente que sé que me comprende, que sabe lo que se siente cuando no se tiene, cuando te das cuenta de lo que te falta todos los días. No te lo puedes imaginar.
Una de las cosas más importantes es sacar de dentro lo que tú tienes, hablar del tema con normalidad. Te preguntas: ¿qué he hecho mal?, ¿tengo la culpa?, ¿por qué tengo yo la culpa?, ¿cómo no me he dado cuenta? Si me siento culpable de lo que mi niña hizo, no puedo vivir. Algo hemos hecho mal, pero la culpa de eso no es mía ni tuya ni suya quizás.
(La madre)
Hay una diferencia entre la tristeza y la depresión. Yo tengo mi dolor y mi ausencia, pero estoy bien. Nosotros no hemos necesitado tratamiento psicológico. Yo veo que a mí me entiende mi amiga Sensi, mi amiga Lola y mi amiga Mechi, que son las que han perdido a sus niñas. Hay que aprender a vivir con la tristeza, aunque a veces te aprieta un poco más y otras veces dices: pues mira, hoy me siento un poquillo mejor. Ahora que tengo a mis nietos, tengo la sensación de que me han sacado la sangre, me la han limpiado y me la han vuelto a meter, porque tengo ilusiones que había perdido.
Línea de atención a la conducta suicida: 024
Teléfono de la esperanza: 717 003 717
Reporta un error Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión