Sigue el trágico goteo de cadáveres de migrantes sin identificar que aparecen flotando en las costas y playas de Formentera, uno de los principales destinos de la ruta ilegal de las pateras que llegan a Baleares desde el norte de Argelia.
En los últimos días han aparecido otros cuatro cuerpos en la isla, dos hombres y dos mujeres. Uno de ellos es el de una joven embarazada y con varios meses de gestación, un trágico hallazgo que ha causado una gran conmoción en la menor de las islas baleares, donde tan sólo viven en torno a 12.000 residentes fijos.
La mujer fue enterrada junto a su hija no nata el miércoles de esta semana en una discreta ceremonia que congregó a una treintena de personas en el camposanto de Sant Francesc, la principal localidad de Formentera.
El cadáver de esta víctima anónima, que se ha convertido en la isla en un símbolo luctuoso y brutal de la tragedia de las pateras, fue hallado hace dieciocho días por un residente que paseaba cerca de la playa de Ses Canyes, en Es Pujols, en la costa norte de la isla. Hasta allí había sido arrastrado por las corrientes.
La víctima era una mujer encinta de unos 30 años de edad, de origen subsahariano y que llevaba un número indeterminado de días sin vida, a merced del mar y el oleaje. Aunque no ha trascendido el resultado de la autopsia ni de la investigación abierta por la Policía Judicial, presumiblemente se ahogó tras naufragar la embarcación en la que viajaba, una de tantas pateras que llegan a las costas de Baleares en número creciente desde el año 2018.
Van ya 813 embarcaciones en los últimos tres años, con 14.483 personas vivas a bordo -procedentes del Magreb y del África subsahariana-, según cifras recopiladas de fuentes oficiales por la radiotelevisión autonómica IB3. Se desconoce el número exacto de muertes registradas en el mar, aunque sólo el año pasado se recuperaron 63 cadáveres.
De ellas, al menos 22 han sido en Formentera, la isla que más está padeciendo este fenómeno en relación a sus dimensiones.
Nichos de migrantes sin identificar en el cementerio de Sant Francesc.Javi ParejoLa mujer embarazada inhumada en Formentera no llevaba encima ningún documento ni ningún elemento personal que pudiera ayudar a identificarla. Sólo llevaba un chaleco salvavidas sobre su ropa. Muchos de estos migrantes no saben nadar, lo que hace inservible el flotador que les dan las organizaciones criminales o los patrones de pateras que se dedican al tráfico de personas.
Se desconoce por tanto su origen, su edad exacta y su nombre, algo que ahora intentarán averiguar las autoridades con ayuda de organizaciones humanitarias como Cruz Roja o Caminando Fronteras, con la esperanza de contactar con sus familiares en su país de origen.
Representantes de esta última ONG acudieron al entierro de la mujer y depositaron un ramo en su tumba con una nota: «No dejaremos de buscar a tu familia, no dejaremos de buscar tu nombre, descansa en paz».
Nota dedicada a una de las fallecidas.Javi ParejoLa chica fue enterrada en el cementerio de la principal localidad de Formentera en una ceremonia simbólica en la que se repartieron leche y dátiles entre los asistentes, siguiendo una tradición musulmana, la religión mayoritaria de los que llegan por esta ruta ilegal.
Como se hace habitualmente en estos casos, el encargado de dar sepultura a los difuntos, Pepín Escandell, el enterrador de Formentera, inscribió en su lápida a mano cinco palabras en catalán: "Mortes a la mar. Desconegudes". (Muertas en el mar. Desconocidas). Junto a esta desoladora leyenda, simplemente la fecha en la que fueron halladas madre e hija. Antes de sellar la tumba, el sepulturero pidió un minuto de silencio por las dos personas: "porque una de ellas, aunque pequeñita, también era persona", apostilló en referencia a la niña no nacida.
Tras el entierro apareció el cadáver de otra mujer en la zona de s'Estufador, una mujer en avanzado estado de descomposición. Los otros dos cuerpos aparecidos en los últimos días son de hombres, todos ellos de origen aparentemente subsahariano.
Baleares empezó a convertirse en destino habitual de pateras en el año 2017, cuando la cifra de embarcaciones se multiplicó por diez, proyectando exponencialmente lo que hasta entonces era algo inusual, esporádico. El año 2020 supuso el primer peldaño cuantitativo: llegaron 1.464 personas. La cifra se mantuvo en el umbral de los 2.000 inmigrantes al año hasta que en 2024 se disparó hasta los 5.000, especialmente debido al incremento de inmigrantes subsaharianos desviados de otras rutas del Mediterráneo.
El año pasado fue año récord, con más de 7.300 llegadas, situando el asunto en el centro de la reivindicación política del gobierno regional de Marga Prohens (PP), quien reclama con insistencia al Estado que tome cartas en el asunto y acusa al Gobierno de «abandonar Baleares» y alimentar el «efecto llamada».