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Los pacientes que usan Ozempic dejan de comprar ultraprocesados, snacks y alcohol

Los pacientes que usan Ozempic dejan de comprar ultraprocesados, snacks y alcohol
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«La comida basura no me apetecía», dice un paciente. Dos estudios muestran que las ventas en supermercados cayeron un 3% por los fármacos contra la obesidad

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El paciente Manuel Martín. R. C. Los pacientes que usan Ozempic dejan de comprar ultraprocesados, snacks y alcohol

«La comida basura no me apetecía», dice un paciente. Dos estudios muestran que las ventas en supermercados cayeron un 3% por los fármacos contra la obesidad

Doménico Chiappe

Madrid

Lunes, 13 de abril 2026, 00:05

... recuerda. Llegó a tener un índice de masa corporal de 43 (se considera obesidad a partir de 30). «Compraba todos los platos precocinados del súper, como espaguetis, hamburguesas, todos los congelados, kebab, bolitas de pollo o queso, finger, nuggets, todo rebozado, lleno de aceite», dice ahora, con 28 años y en tratamiento contra el sobrepeso con Ozempic -fármaco agonista de GLP-1, basado en semaglutida-.

El otro estudio afirma que los pacientes que utilizan estos fármacos (Wegovy y Mounjaro, esencialmente) ahorran 159 euros de media cada mes en gastos relacionados con su alimentación y salud, lo que incluye la compra de comida ultraprocesada y para llevar y «medicamentos secundarios». Serían 109 euros menos en comida y otros 50 en «medicinas y atención sanitaria», entre pacientes de perfil socioeconómico «medio o bajo», dice la encuesta realizada por Yazen, una clínica digital especializada en perder peso, donde se trata Martín, con una muestra de 1.350 pacientes.

«La obesidad obliga a muchas personas a dedicar una parte importante de su presupuesto a productos que perjudican su salud»

Gastan menos en snacks (63% de los participantes), ultraprocesados (60%), comida para llevar (43%), alcohol (40%) y comer fuera (36%). Es una cifra similar al coste mínimo del tratamiento con Ozempic, que no está financiado por la Seguridad Social para tratar el sobrepeso (sólo para la diabetes). «Lo llamativo de la cifra es que la obesidad obliga a muchas personas a dedicar una parte importante de su presupuesto a productos que perjudican su salud», responde Nicolás Umpiérrez, médico experto en obesidad de la firma del estudio. «Con el tratamiento el paciente tiene un cambio de prioridades».

«Cuando empecé con la medicación la comida basura no me apetecía, incluso me sentaba mal y empecé a comer cosas más sanas», mantiene Martín, que llegó a desarrollar una diabetes que ya tiene bajo control. «Pero el Ozempic no hace que la cesta de la compra sea más barata. Pero con un trastorno de alimentación derivado de un problema psicológico, que hace que coma chocolate, todos los días un chuletón y además la comida procesada, sí empiezas a gastar menos. Más cuando las opciones precocinadas dejan de llamarme. Ya no me apetece comerme una hamburguesa del supermercado para microondas, que lleva un montón de mierda, y prefiero coger la ternera y hacérmela yo. Ahí también tienes un ahorro. Y en vez de saciarme con 50 nuggets me sacio con una ensalada».

Explicación médica

El estudio de Worldpanel indica que, como le pasó a Martín, los demás consumidores en tratamiento con fármacos GLP-1, aumenta la ingesta de productos esenciales como pueden ser frutas (+1,4 %), huevos (+1,4 %), guisantes (+5,9 %) y aceite de oliva (+24,8 %). Este estudio también asegura que este tipo de fármacos está en «un 6% de los hogares españoles», usado por clase media (32%), entre 50 y 64 años (35%) y mayores de 65 (31%). Sin embargo, «la comida basura es mucho más barata que la saludable. ¿Cuánto te cuesta un kilo de nuggets en un local de comida rápida y cuánto un kilo de pechuga de pollo en el supermercado? Te sorprenderías al saber que la primera cuesta menos. Ahí empieza el primer problema».

La explicación médica a este cambio a la hora de comprar está en que hay «una reducción muy clara en el consumo por impulso. El paciente deja de llevarse esos extras que antes eran automáticos: snacks salados, bollería industrial y, sobre todo, el picoteo entre horas», explica Umpiérrez. «A medida que el tratamiento avanza, el cambio ya no es solo por falta de impulso, sino porque el paciente se siente saciado antes. Ya no necesita pedir comida para llevar con tanta frecuencia ni siente la necesidad de comer fuera de forma tan recurrente. En la fase avanzada, el ahorro se estabiliza porque el paciente ha aprendido a priorizar alimentos más frescos y nutritivos».

Ha sido el caso de Martín, según asegura tras un año de terapia. «La medicación te quita estar pensando todo el tiempo en la comida. Con Ozempic, sobre todo me pasó al principio. Me daba asco el dulce. Lo uso desde hace un año aproximadamente, cuando me hablaron por primera vez de que era diabético. También comencé a ir al gimnasio, doy paseos. No consiste sólo en pincharse». Ahora tiene otros gustos a la hora de hacer la compra. «Soy muy fan de cocinar sano pero rápido. Por ejemplo, compro calabacín rayado como si fueran espaguetis. Es mi guarnición, y no la patata frita. Si quiero un resultado duradero, necesitaba cambiar de hábitos, porque sólo con la medicación llegaría el día que no iba a bajar nada».

Las claves, a juicio de Umpiérrez, del cambio de comportamiento del consumidor que usa agonistas de GLP-1, está en que «deja de buscar de forma compulsiva los ultraprocesados, diseñados que resultar muy apetecibles y fáciles de comer en exceso, con grasas y azúcares».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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