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Los primeros refugiados climáticos de España: sus casas expropiadas por el alto riesgo de inundación

Los primeros refugiados climáticos de España: sus casas expropiadas por el alto riesgo de inundación
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Diez casas de Alcanar, Tarragona, serán incautadas y derribadas tras ser arrasadas por el agua en varias ocasiones. Hablamos con los primeros desplazados por el calentamiento global.
Los primeros refugiados climáticos de España: sus casas expropiadas por el alto riesgo de inundación

Diez casas de Alcanar, Tarragona, serán incautadas y derribadas tras ser arrasadas por el agua en varias ocasiones. Hablamos con los primeros desplazados por el calentamiento global.

De izquierda a derecha: Miguel Joaquín Arrufat, Didac Pla, Josefa Palancí y Félix Chaparro, frente a sus casas, que serán expropiadas y derribadas tras sufrir varias riadas. (Daniel Méndez) Regala esta noticia Añádenos en Google

Texto y fotos: Daniel Méndez

11/09/2026 Actualizado a las 11:13h.

El agua reventó las ventanas de la casa. Mi mujer y mi hijo estaban dentro y yo estaba trabajando. Al intentar llegar, ya no me ... dejaban pasar. No sabía nada de ellos. No sabía si estaban vivos o muertos». Miguel Joaquín Arrufat había llegado a Alcanar (Tarragona) apenas un año antes, en 2020, para jubilarse cerca de la familia de su mujer. Dejaron Reus y encontraron en l'Estona, una pequeña urbanización junto al barranco del Llop, la casa donde pensaban quedarse. Para él, la de 2021 fue la primera gran riada; para Alcanar, la segunda en tres años. Cayeron 251,9 litros por metro cuadrado en 24 horas, con picos de 72 litros en solo media hora. Más de 200 personas tuvieron que ser rescatadas en la zona y unos 600 vehículos fueron arrastrados por el agua. «Nos pilló a todos desprevenidos. Nadie tenía muros ni puertas preparadas para que no entrara el agua», recuerda Dídac Pla, vecino de Miguel. «Y arrasó».

Imágenes como esta empiezan a ser habituales todos los años en España.

Las inundaciones se han multiplicado por 2,5 en el mundo desde la década de 2000. Europa, el continente que más rápido se calienta, perdió 822.000 millones de euros por fenómenos extremos entre 1980 y 2024; España es el cuarto país de la UE en pérdidas. Un estudio de la Universidad de Oviedo, tras analizar 75 años de desastres, sitúa a nuestro país en una «posición de vulnerabilidad crítica» dentro de Europa. En los últimos quince años, España ha registrado casi tantos desastres como en los sesenta anteriores. Los episodios se han multiplicado por 13 con respecto a los años cincuenta.

Pero el problema no es solo cuánto está cambiando el clima, sino a qué velocidad somos capaces de adaptarnos. El primer European Climate Risk Assessment (EUCRA), la gran evaluación de riesgos climáticos publicada en 2024 por la Agencia Europea de Medio Ambiente, identifica 36 amenazas capaces de causar daños graves en Europa, desde el calor y la sequía hasta las inundaciones, los incendios o los efectos sobre infraestructuras, salud y economía. De ellas, ocho son especialmente urgentes. Su diagnóstico es preocupante: «La preparación de la sociedad sigue siendo baja» y la aplicación de las políticas va sustancialmente por detrás de unos riesgos que aumentan con rapidez.

Josefa Palancí y Félix Chaparro, en su casa de Alcanar, tras el portón metálico que protege la vivienda de las riadas..

«Me paso el día pendiente de partes y avisos. Tengo miedo», cuenta Miguel Joaquín. Cuando la alerta llega a naranja, carga el coche y se marcha con su familia a otra parte. Dídac, cuando el cielo se pone negro, atornilla la puerta del almacén y pone los coches a salvo. «Vas aprendiendo la lección. Pero eso no es vivir». Su vecina Josefa Palancí, que lleva 27 años en la urbanización, hoy ha salido de casa al ver que se cubría el cielo; ha vuelto solo al comprobar que era falsa alarma, que hoy no llovería. «Cuando estoy dentro y empiezo a oír la lluvia, voy a por los tapones de los oídos y las pastillas de dormir. Siempre digo: 'Si no me despierto, no me despierto'». Su marido, Félix Chaparro, añade que, aunque la estructura de las casas aguante, «la gente ya vive con miedo». Y comenta: «El Mediterráneo está muy caliente. Cuando tienes el agua a 30 o 32 grados, tienes una masa de vapor enorme. Es pólvora». El mar cálido carga de humedad la atmósfera; el viento de levante la empuja hacia la costa; y la sierra del Montsià, pegada al mar, hace que ese aire húmedo se enfríe y descargue sobre barrancos cortos y muy verticales, con gran parte del cauce ocupado por casas. Antes era un fenómeno esporádico. Ahora nadie duda de que volverá. «Tenemos que estar fuera de aquí antes de la próxima», coinciden los vecinos.

Nadie decidió expropiar a la primera. En febrero de 2025, el Ayuntamiento reunió en un hotel de Alcanar a técnicos, bomberos, geólogos e ingenieros de tres universidades, encerrados durante dos intensos días. «Fue como un cónclave», recuerda el alcalde, Marc Chavalera. Se estudiaron alternativas que iban desde trasvases entre barrancos y balsas de laminación hasta convertir calles en corredores para el agua o retirar muros. La expropiación era la medida más drástica. Pero también una de las que ofrecían mayor seguridad. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático reconoce que no existe una fórmula matemática para tomar decisiones así: los mapas de riesgo y los análisis técnicos deben guiar la respuesta, pero determinar qué nivel de peligro resulta aceptable tiene también «un innegable componente social y político».

En España, más de un millón de hogares —el 4,3 por ciento del total— están construidos en zonas inundables, según el Sistema Nacional de Cartografía.

En Alcanar se intentó evitar la expropiación. Entre 2023 y 2025 se trabajó en una canalización que permitiera dar salida al agua sin derribar viviendas. Pero la riada del pasado mes de octubre cambió la situación. «Vemos que ya no podemos asegurar que aquellas casas puedan aguantar otra lluvia torrencial», explica Chavalera.

Después de aquel episodio, Ayuntamiento, Generalitat y Agència Catalana de l'Aigua acordaron sacar primero a los vecinos y abordar después la transformación del barranco.

Si no se reconoce el estatuto de refugiado climático, no se activa de inmediato una indemnización ni un realojo. Y en diez años ha habido 25.000 desplazados en España por inundaciones

Jurídicamente han pasado a ser desplazados climáticos, a la espera de que se regule el concepto 'refugiado climático'. El Plan Nacional de Adaptación sí habla de personas desplazadas por eventos climáticos y utiliza la definición de desplazado interno: quien se ve forzado u obligado a abandonar su hogar o residencia habitual, entre otras causas por un desastre natural, pero permanece dentro de las fronteras de su país. El concepto de refugiado climático, en cambio, no está reconocido en el marco normativo europeo como una categoría específica de protección, una carencia que ya denunciaba el anterior alcalde de Alcanar.

La diferencia es importante. Nadie solicita en España que la Administración le conceda el estatuto de 'desplazado climático' en los mismos términos y condiciones que se solicita el estatuto de refugiado.

Marc Chavalera.

EL ALCALDE DE ALCANAR: «NO ES SOLO AGUA: BAJAN ROCAS»

«En 2021 todavía se podía pensar que habíamos tenido mala suerte y que era algo excepcional. En 2023 ya no. Ahí se crea una mesa técnica con especialistas en urbanismo, emergencias, bomberos, Protección Civil, meteorología... En un primer momento se estudió hacer una canalización en el barranco del Llop sin tocar ninguna casa. El problema es que muchas de aquellas soluciones se calculaban pensando en agua limpia», explica Marc Chavalera, alcalde de Alcanar. El regidor cuenta que después comprobaron que no baja solo agua: bajan sedimentos y rocas de la montaña. «Quitar un pozo o hacer una salida de dos o tres metros no iba a resolver el problema. La segunda mesa técnica fue mucho más concreta. La solución ya pasa por retirar estas diez viviendas. Las otras alternativas no garantizan la seguridad. Ahora queremos que quede marcado como zona hidráulica y que no pueda volver a construirse allí. Porque ahora todos estamos muy concienciados, pero no sabemos si dentro de veinte años alguien puede volver a pensar que aquello es urbanizable».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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