El impacto de las catástrofes naturales es ya una de las constantes que sobrevuelan las grandes aseguradoras mundiales.
El coste económico global de estos siniestros supera los 100.000 millones anuales, y es solo una parte de las pérdidas totales que causan estos desastres. Nada hace prever que esto vaya a parar, todo lo contrario.
Buena parte de estos riesgos mundiales recalan en las grandes reaseguradoras como Swiss Re y Munich Re, las dos mayores en el mundo, que dan cobertura a aseguradoras de menor capacidad y especilización para asumir estas contingencias.
En España, Mapfre trabaja en este segmento, y suele incluir en sus cuentas este tipo de impactos. Venezuela, la dana, los incendios, los terremotos. Y ahora irrumpe la cobertura de la inteligencia artificial, otro de los grandes retos del sector asegurador.
Las compañías se enfrentan a un riesgo sin estadísticas históricas sobre las que diseñar coberturas y precios. Es, además, un riesgo de consecuencias y dimensiones impredecibles.
Uno de los actuales debates en el sector es si ciertos riesgos asociados a esta tecnología podrían convertirse en parcial o totalmente no asegurables.
Grandes aseguradoras como AIG, Great American y WR Berkley, han planteado la posibilidad de excluir determinados riesgos de la inteligencia artificial (chatbots y agentes) en los seguros de grandes empresas ante el riesgo de indemnizaciones multimillonarias.
En el otro lado, los centros de datos exigirán también inversiones milmillonarias en seguros, según recientes estudios.
Todo ello, mientras acucia la necesidad de cerrar la brecha de la cobertura de los seguros sobre las catástrofes naturales, que ronda los 424.000 millones de euros. La mayor contratación de seguros no cubre el crecimiento exponencial de los riesgos. La inversión en prevención es una piedra angular en todo el proceso.
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